
Usuarias del metro de Medellín se quejan de manoseos en los vagones durante el atardecer. La congestión es el auspiciante de estos casos que en septiembre, en confusas circunstancias, dejó a un hombre muerto.
Si el bolsillo quedara debajo del ombligo, quizá habría gritado "¡ladrón!" cuando sintió ese cosquilleo entre el cierre de su pantalón. "¡Morboso carechim$%!", exclamó Maryluna mientras el tipo se esfumaba a lo largo de la plataforma del Metro comentando: "si no le gustó...pague taxi".
"Eso mismo dicen cuando alguien grita, '¡ay no, pasito por favor!, no empujen tanto' -relata Maryluna- y si cualquiera recrimina o se queja por la incomodidad, siempre hay quien diga 'si no le gusta... compre carro'".
Aunque a esa hora esa respuesta era una 'frase de vagón', no la tenía prevista en su itinerario con dirección Norte. A las 6:13 pm. cruzaría el puente de la estación Poblado. Tendría dos minutos para esquivar las filas de la entrada, cruzar los torniquetes, bajar las escaleras, caminar hasta el reloj, contar ocho baldosas hacia el sur, girar y quedar exactamente de frente a una de las puertas del tren que la llevaría de regreso a casa.
Delante de ella estaba un hombre que esperaba detrás de la línea amarilla. Cuando se abrió la puerta él se apartó de la entrada y en ese intento de los demás por caber en un vagón al tope, aprovechó para asaltar la propiedad privada del cuerpo de una joven mientras se escurría entre el afán de la multitud que camuflaba su malicia.
"Yo quedé condenada de la ira y más aún por la impotencia, porque todos a mi alrededor solo miraban sin decir nada -dice Maryluna- al fin de cuentas la manoseada me la había ganado yo, por no tener plata para otro medio de transporte".
A Diana Carvajal le pasó adentro. "Yo estaba casi en la mitad del vagón cuando escuché una respiración muy fuerte. Cuando miré para atrás me di cuenta que era un señor de edad que estaba excitado restregándose conmigo -narra- me sentí vulnerada. Estaba sola y no veía solidaridad, en medio de la estrechez. A partir de ese día, cuando entro me hago en el fondo contra la ventana para tener la visión controlada hacia el frente".
Un auxiliar del Metro reconoce que este semestre ha descubierto a cuatro hombres que aprovechaban la cercanía para grabar disimuladamente con la cámara del celular, en la palma de la mano, las partes íntimas de colegialas de vestido o damas de falda. "Había uno que tenía como 15 videítos de pasajeras en el celular", recuerda.
Luz Mery Benítez intuye que a su compañero le sucedió lo contrario el 1 de septiembre. Como no llegaba de vuelta, a las 9 de la noche lo llamó y contestó una enfermera.
-¿Qué le pasó a Libardo? -le preguntó.
-Véngase que el doctor le explica.
De Manrique bajó a la clínica León XIII. De la bienvenida del médico solo recuerda dos palabras -'muerte cerebral'- y una frase lacónica de un policía en la antesala de espera -'él como que tocó a una muchacha en el metro'-.
Esta es la versión que le hilaron a punta de retazos de rumores: que su marido venía en dirección Sur-Norte al anochecer. Que una joven gritó cuando lo sintió rozándola por detrás. Que no se sabe quién pero le dieron un golpe en la cabeza. Que se bajó en la estación Universidad aproximadamente a las 6:45 p.m.
Que mientras le tomaban los datos, vomitó y se desplomó. Que lo llevaron inconsciente a Urgencias. Y que el trauma fue tan severo, que su vida dependía de máquinas. "Tenía un chichón al lado izquierdo de la cabeza", recuerda Luz Mery. A los pocos días lo desconectaron. A veces cree que Libardo quiere darle una explicación póstuma porque transita en sus pesadillas mostrándole qué pasó en ese coche repleto de testigos que se fueron dispersando.
'Así me empujaron', le reconstruye los hechos mientras intenta salir del vagón a la plataforma de la estación Hospital en donde tomaría el bus con destino Manrique. Pero se atascó, no alcanzó a esquivar todos los cuerpos y sonó la señal del cierre de puertas con él adentro.
Y en esa curva entre las estaciones Hospital y Universidad, cuando el grito de una joven sonó como una alerta de acoso sexual, se presumió de la mala fe de Libardo y no hubo instante para demostrar lo contrario. Esta es la versión que acomodaron sus sueños y la que quiere creer su viuda.
Ángela Ibarbo, la abogada de la familia de Libardo, se pregunta "¿Quién parte al Metro? ¿Cómo regulan el sobrecupo en los vagones? ¿Por qué el Metro propicia este tipo de tragedias? ¿Se pudo evitar? ¿Existe la Cultura Metro en horas pico?".
"Nunca ha habido sobrecupo", dice el gerente de Operaciones del Metro, Tomás Elejalde. Explica que hay unos sensores sobre los rieles de la estación San Antonio que, a partir del peso de cada vagón, permiten hacer una proyección del número de pasajeros que no debe sobrepasar 8 por metro cuadrado.
"El tema del acoso sexual es un caso aislado -asegura Iván Upegui, jefe de Gestión social- en el sistema de quejas y reclamos monitoreamos permanentemente ese tema. Entonces eso nos da la tranquilidad de que eso no está ocurriendo ni a toda hora ni en todos los coches. Además es difícil verificar porque la mujer no denuncia y es una cuestión subjetiva y no se sabe a ciencia cierta si esa queja se puede tipificar desde el punto de vista legal como un acoso".
En Ciudad de México se creó el programa Viajemos Seguras en 2007 que tiene el objetivo de "prevenir, atender y sancionar la violencia sexual cometida contra las mujeres que viajan en el transporte público". Funciona en el metro, metrobús y tren ligero entre las 6 y 10 de la mañana y entre las 4 de la tarde y las 9:30 de la noche. El tren subterráneo de Río de Janeiro tiene vagones femeninos de color rosa que circulan de lunes a viernes desde 2006. En Buenos Aires, un diputado presentó en 2010 el proyecto para que se dispusiera un vagón para mujeres y niños en una de las seis líneas del metro. En Santiago de Chile un proyecto de Ley que entró este año al Congreso Nacional pretende obligar al transporte público a privilegiar a la mujer en horas pico. Aunque en el Metro de Medellín sí se les ha pasado por la cabeza separar los vagones, el gerente de Operaciones y el jefe de Gestión social coinciden en que no es una medida viable en términos logísticos y además iría en contravía porque los trenes nuevos que pronto entrarán en funcionamiento están intercomunicados.
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Por qué carajo, los funcionarios siemñpre se mantienen a la defensiva con excusas estúpidas. Aterricen y tomen acciones concretas yu de alto impacto. No esperemos que el Metro se convierta en el Transmilenio de Bogotá, por la incapacidad y ceguera de sus funcionarios y de las autoridades. Alcalde haga algo, pronto y bien hecho. Yo votñe por Ud. y espero que no me defraude, porque está a punto de lograrlo.
como niegan las directivas, el sobrecupo y la falta de eficiencia en la vigilancia,...que pena pero estan dejando que la incultura se tome el metro, a más de los mensajes del conductor..deben haber acciones para controlar los manoseadores, ladrones y todos los que quieren volver el metro una porqueria ! educación, educación..hasta con sanciones.
ACASO HABRA HOMBRES SIN MAMA ? RESPETAR A LA MUJER ES IGUAL QUE DAR UN TIERNO BESO A LA MAMA . PAISAS HAGAMONOS SENTIR RESPETANDO A LAS MUJERES EN EL METRO
Lo que pasa con las directivas del metro es que trabajan hasta las 6:00 pm y salen en sus carros, no en el tren. Y me consta.
Siempre me he preguntado para que sirve la policia en el metro, pues cada vez mas conductas indeseables y los policias y vigilantes...nada, se necesita fuera de los mensajes que se oyen permanentemente acciones concretas y limites a los pasajeros por vagón. Se estan relajando con la "cultura metro", igualmente si uno ve comportamientos anormales, cuando se baja a poner la queja, el metro ha partido y se queda uno como si nada, pues el vagon no tiene como identificarlo facilmente. Mas eficiencia en la vigilancia !


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