
El niño Juan Camilo, huérfano de padre, fue asesinado en su propia casa. El asesino, un joven de 18 años, le propinó 66 puñaladas. El pueblo está dolido por la brutalidad del criminal.
Cuando el fiscal de Amalfi le confirmó a Mónica María que a su pequeño Juan Camilo el asesino le había propinado 66 puñaladas y no 29, como ella y todos en el pueblo creían, sintió que un frío helado recorrió su cuerpo y de sus labios brotó un abrumador "no puede ser", como si esas otras 37 cuchilladas se hubieran hundido en su cuerpo y no en la humanidad endeble de su niño de once años.
Entonces volvió a llorar. Las lágrimas rodaron por su rostro mientras el funcionario siguió observando en detalle el primer informe de Medicina Legal correspondiente al examen del cadáver de Juancito, que fue apuñalado en la madrugada del pasado domingo 9 de octubre en su propia residencia.
Pero de labios del fiscal, Jaime Campillo Jiménez, por lo menos salió otra información que a Mónica María le consoló un poco la profunda tristeza y su rabia acumulada por el oprobioso crimen, que sacudió hondo el alma de este pueblo minero del Nordeste de Antioquia.
-Este primer dictamen dice que no hay signos de violencia sexual, aunque la médica legista hizo practicar otros exámenes de laboratorio al cuerpo de la víctima-, le confirmó el titular del ente acusador.
La madre, entonces, expresó toda su extrañeza por la ligereza con la que algunos organismos policiales, en las primeras declaraciones entregadas a los medios de comunicación luego del crimen, aludieron a la violación del niño como algo confirmado y como el hecho que habría desatado el asesinato.
Su lamento quedó en el vacío, pese a la calidez humana con la que fue tratada por el funcionario, quien le abrió las puertas de su oficina para que ella acuda cada que alguna duda sobre el proceso la asalte.
El gran dilema que se mueve en su corazón se refiere a la posibilidad de que el asesino confeso de su hijo sea dejado en libertad porque, según se ha podido establecer, en la audiencia de imputación de cargos él adujo que había actuado en defensa propia y bajo los efectos de la droga.
-Dijo que había ingerido un tal cacao sabanero y que por eso lo pueden soltar-, balbuceó Mónica.
Fue esta la motivación que la hizo acudir el pasado miércoles a la oficina del Fiscal para suplicarle, en su humilde entender de los temas de la justicia, que por nada del mundo lo fuera a dejar libre, que tan execrable crimen merecía un castigo severo.
Campillo Jiménez, aunque la tranquilizó al confirmarle que el criminal está preso y que lo cobija una medida de aseguramiento de detención preventiva, le aclaró que no es el responsable de decidir la libertad o la condena del implicado, pues es competencia de un juez tomar dicha determinación.
Con todas sus dudas y todas sus certezas, Mónica abandonó el edificio de la Fiscalía de Amalfi y luego se dirigió al cementerio de la localidad. Allí llegó hasta la bóveda 214, donde fue sepultado su niño, le dio dos golpecitos a la lápida, hizo una silenciosa oración y siguió su agitada cotidianidad, que si antes era complicada, pues trabaja en una mina a dos horas del pueblo, ahora es además dolorosa, pues lleva el alma atormentada por la forma injusta, alevosa e inesperada como se produjo la muerte de su pequeño.
Un rompecabezas de dolor
Eran más o menos las 4:00 de la mañana cuando la tranquilidad del sueño en la casa de Mónica fue interrumpida por una súplica infantil:
-Ayúdenmeeeee-, fue el grito del pequeño, cuenta Marina, una tía que estaba encargada de cuidarlo a él y a su hermanito en los días que la madre se ausentaba de la casa por el trabajo en la mina.
Paradójicamente, el primero en escuchar los ruegos del niño y verlo bañado en sangre fue Martín, el padre de quien horas después sería descubierto como el asesino, a pesar de que intentó borrar las evidencias lavando su ropa ensangrentada en la casa de un vecino para hacerles creer a todos en el pueblo que él nada tenía que ver en el asunto.
Al ver a Juan Camilo en tan lamentable estado, fue Martín quien habría dado la primera alerta.
-Marina, venga a ver qué le pasó al niño que está todo ensangrentado-, habría gritado el señor, a quien la familia de la víctima le había alquilado una pieza independiente en el interior de la casa hacía tres meses, en la que él vivía con su hijo de 18 años.
Cuenta Marina que fue cosa de Dios que Juancito llegara hasta la puerta de la pieza de Martín, pues luego de semejante apuñalamiento era imposible que no hubiera dejado huellas de sangre en el piso y que además hubiera tenido el valor de levantarse y caminar.
-Es como si hubiera llegado volando hasta ahí, porque en el pasadizo que hay de la pieza donde vivían él y su mamá había unos palos atravesados muy difíciles de pasar, fue cosa de Dios-, exclama Marina, y el llanto invade su rostro moreno marcado por unas profundas ojeras surgidas después de tantos llantos y desvelos.
A esa hora, en la vivienda, ubicada en el sector El Barrio, debían estar Marina, sus dos hijas, Martín y el hijo de este. Y nadie escuchó nada, por lo que la aparición del niño en semejante condición fue toda una sorpresa.
Y aunque lo primero fue tratar de auxiliarlo y llevarlo al hospital, de inmediato vino la exploración de la pieza donde la pequeña víctima dormía con una primita de dos años, hija de Marina.
En un muro entre la cocina y la cama de los niños había un inmenso charco de sangre. También estaban las paredes salpicadas de rojo, igual que el muro del zaguán y una que otra gotita en el piso. En el poyo de la cocina, un cuchillo ensangrentado marcó la evidencia de que el infante había sido atacado. La puerta de la calle estaba cerrada.
-Pero el hijo de Martín no estaba, eso nos pareció extraño-, advierte Marina.
Con semejante panorama en su casa, a la tía le tocó sacar fuerzas no se sabe de dónde para llamar a su hermana a la mina y decirle que se regresara. Quien le contestó fue el patrón y a éste le tocó asumir la tarea de contarle lo ocurrido.
Sin explicación de cómo Juancito seguía vivo después de haber sido víctima de semejante agresión, sus familiares lo llevaron al hospital El Carmen, de donde luego fue remitido en un helicóptero de la Fuerza Aérea al hospital San Vicente de Medellín, en donde falleció minutos después de su ingreso.
Su valentía, sus ganas de gozarse la vida como lo había hecho en sus cortos 11 años, a "Cucarachito", como le decían en el colegio, no le alcanzaron para sobrevivir. Y su muerte tan brutal estremeció a Amalfi, que 15 días después, no se repone de semejante golpe.
-Acá ha habido otros crímenes atroces, pero este llenó al pueblo de mucho dolor-, comenta Daglen Fernando Ramírez Mira, guardián de la cárcel local y jefe del Cuerpo de Bomberos, a quien le han tocado levantamientos de muchos asesinados en la localidad.
Fue tanto el dolor de los amalfitanos, que cuando con el paso de las horas se fue descubriendo que el criminal había sido el mismo muchacho que tres meses antes había empezado a compartir la casa con la familia del niño, quisieron atraparlo y lincharlo y él mismo debió buscar protección de la Policía.
Los móviles que tuvo para cometer el acto son un enigma que deberá descifrar el equipo investigador. La familia de Juan Camilo presume que el muchacho entró a la habitación del pequeño con alguna extraña intención a esa hora de la madrugada, pues se estableció que él no había pasado la noche con su padre.
Es claro que para llegar a su habitación no tenía que pasar por la de la familia de Mónica, pues ambas eran independientes y las separaba el zaguán.
La intención, se conjetura en el pueblo y lo hacía la misma familia del niño, habría sido la violación, pero el informe de Medicina Legal cambia de momento esa teoría. Otro móvil pudo ser un intento de robo al que se habría opuesto el pequeño, cuya boca fue aprisionada por el asesino para evitar que gritara y llamara la atención de los presentes en la casa. Medicina Legal halló signos de asfixia en la autopsia.
Y aunque en la primera audiencia el joven esgrimió una presunta defensa propia, pues Juancito habría intentado coger primero el cuchillo, la verdad es que la víctima era apenas un niño de 33 kilos de peso. Tampoco nadie había escuchado una discusión entre ellos.
-Él era el más chiquito del salón, por eso le decían "Cucarachito"-, cuenta su profesor de grado sexto, Ariel Suárez.
-Por chiquito era que casi todos le pegaban, aunque lo queríamos mucho-, repite uno de sus compañeritos del salón.
No será fácil entonces armar el rompecabezas de este doloroso asesinato. Pero mientras los organismos judiciales avanzan en la investigación, a Juan Camilo todos en el pueblo lo extrañan y le siguen rindiendo homenajes.
Marcha de repudio
El martes, en el retorno a clases, de lo primero que se habló en el colegio del niño fue de su ausencia. Lo segundo que llegó fue el llanto sincero de sus mejores compañeritos.
-Yo llegué, vi su puesto vacío y empecé a llorar, después lloró Juliana y después todos-, relató Shamanta, su mejor amiguita.
Allí era reconocido por amable, por inteligente, por comedido y por solidario con los compañeros.
-Nos explicaba inglés a los que no sabíamos-, dijo uno.
-Decía que su sueño era poder borrar el tablero, porque por chiquito no alcanzaba-, afirmaron varios.
-Le encantaba J. Balbin y fritar huevos que le quedaban quemados-, relató otra niña.
-Y era antojado de guayabas, se las comía con sal-, recordó otro infante.
Con miles de recuerdos y muchos nudos en las gargantas, los estudiantes de varios colegios del pueblo y ciudadanos del común marcharon en su memoria el pasado martes, en el retorno a clases, como lo hicieron el día del sepelio.
Con pancartas de rechazo a la violencia contra los niños y otras que lo evocaban expresamente a él, Amalfi manifestó todo su dolor.
Juan Camilo se hizo conocer de todos. En el canal local hizo sus primeros pinitos como periodista entrevistando personajes del pueblo, aunque su ilusión era ser veterinario.
-Decía que quería ayudar a todos los animales que sufrían-, contó Chiqui, su mejor amigo.
Juan Camilo lo quería todo. Besar a todas las chicas. Ser el mejor del salón. Hacerse más grande y fuerte para defenderse. Soñar. Vivir. Pero su ímpetu sólo le duró once años. Su lánguida figura no le alcanzó para zafarse de la fuerza brutal del hombre que lo atacó a puñaladas sin piedad. Y solo e indefenso se hundió en el laberinto de la muerte.
Hoy, sus huellas están en un video que el canal local produjo en su memoria. Su ternura cuelga en varios afiches que le hizo a su mamá y a su tía para repetirles que las amaba con toda la fuerza de su alma. Y en la memoria de su perra Merlina, por la que lloró inconsolable el día que se la llevó la muerte.
Hoy lo llora Amalfi entero, que a pesar de haber vivido otros crímenes estremecedores, sintió en lo más profundo el de "Cucarachito", porque en el pueblo, él era como una mascotica. Un manantial que irradiaba risas, ternura, frases cargadas de inocencia y hasta de sabiduría.
-Me gustan tus poemas, me enamoran-, cuenta Shamanta que le dijo una vez. Y fue solo esa vez. Es que Juan Camilo ya navega en el cielo...
*Esta historia se publica con la autorización de Mónica, la mamá de Juan Camilo.
Padre Ernesto Gómez
Párroco de Amalfi
"Este crimen es una bofetada al pueblo porque fue una agresión con cinismo y alevosía contra un niño. No es un hecho aislado: responde a un proceso de deterioro social por el alto consumo de drogas".
Marta Lucía Cortés
Rectora de la institución educativa
"El asesinato de este niño golpeó mucho la institución porque Juan Camilo era un niño inteligente y solidario. Lo que queda es una gran reflexión con los padres y con los jóvenes para alejarlos de las drogas".
Además del asesinato de este niño, en Amalfi recuerdan otros tres asesinatos execrables, ocurridos en 2008. El primero sucedió en la humanidad de una niña de 7 años, que fue decapitada, desmembrada y su piel despellejada por el asesino, que cometió el crimen en una habitación del hotel El Viajero, donde se hospedó justo el día que ella y su madre también habían ocupado un pieza del mismo hospedaje.
El asesino fue descubierto por la Policía con los huesos de la pequeña empacados en bolsas negras después de que por el sanitario ya había vaciado las otras partes de su cuerpo, carne, piel y vísceras. El juez que lo condenó a 50 años de cárcel estableció que el sujeto actuó movido por una venganza contra el padre de la niña, pues éste, enceguecido por los celos, había asesinado a una mujer amante suya y al ser visto por una anciana, también le quitó la vida a golpes. La viejita resultó ser la abuela de Héctor Julio Londoño Flórez, el hombre que prometió vengarse de la forma que más le doliera al asesino, y así decidió maquinar la cruenta muerte de la pequeña, por la que hoy paga la condena.
Otro crimen que no trascendió tanto a los medios fue el de una familia residente en la vereda El Jardín, a cinco horas de camino en carro y tres a pie, donde en extrañas circuntancias fueron descuartizadas una madre de 15 años y su hija de 15 meses, cuyas partes fueron esparcidas por el caserío. Unos metros más adelante fue hallado el padre de la niña, herido con un machetazo en su cabeza. El hombre sobrevivió, pero perdió la razón y nunca ha sabido explicar lo sucedido. El crimen está impune.
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Tristemente no es un hecho aislado, es el resultado de la descomposición social. Vemos: malos tratos y no nos importa, venta de droga y eso no es con nosotros, tenemos Tristemente NO es un hecho aislado, es el producto de la descomposición social. Vemos venta de droga y eso no es conmigo, Vemos malos tratos y no es asunto nuestro, Tenemos la oportunidad de formar o enseñar y estamos ocupados, trabajamos el mínimo requerido para poder cobrar un salario, y esta es la única responsabilidad que no se delega. Podemos pensionarnos y nos aferramos, no cedemos la plaza a tanto desempleado que apenas empieza. ¡Nunca podremos aislar a nuestros hijos para que no sean víctimas de aquellos a quienes pudimos ayudar a crecer y no lo hicimos! Por favor: Done su tiempo. Haga del respeto su bandera. Asuma con pasión la vida. ¡Todos ayudamos a colocar los pilares sobre los cuales se levantará nuestro futuro! ¿Qué tal sus pilares?
Tristemente no es un hecho aislado, es el producto de la descomposición social; todos somos resultado de la sociedad en que crecemos. Vemos: venta de drogas y eso no es conmigo... ultrajes y malos tratos... ese es su problema... vemos procreación sin responsabilidad ni medida y damos limosna... tenemos la oportunidad de educar, formar o enseñar y no tenemos tiempo... trabajamos el mínimo requerido para cobrar un salario... y es la única responsabilidad que NO delegamos... la injusticia social y no nos importa... Podemos pensionarnos y ceder la plaza pero nos aferramos. Pasamos por la vida como cualquier manada confiando en que no nos toque a nosotros. ¡Nunca podremos aislar a nuestros hijos para que no sean víctimas de aquellos a quienes pudimos ayudar a crecer y no lo hicimos! Todos, todos ayudamos a colocar los pilares del presente sobre los cuales se levantará nuestro futuro. Done su tiempo. Haga del respeto su bandera. Defienda y esparsa lo que cree bueno. Asuma con pasión la vida
Esta es la clase de justicia que tenemos en este pais, ese asesino volvera a matar y será culpa de la propia justicia, dicen y promueven el respeto a los niños y ahora dejan a este vil asesino libre, Dios nos proteja, o acaso debemos armarnos todos y hacer justicia por nuestras propias manos para protejer a nuestros niños?, maten a ese infeliz por el bien de nuestros niños.
Con toda sinceridad, en este país hace falta la pena de muerte, a ver si no culpan a las drogas, las enfermedades mentales, el cacao sabanero...
Gracias Monica por el coraje que haz tenido. Te pido de hacer una fundacion(un grupo de personas reconocidas por un notario) para que no solo el asesino pague su pena justa. Puedan muchas otras personas con tragedias tan dolorosas o sin unirsen a tu fuerza. Pida asesoria y no permitas que tu hijo sea victima del asesino, de la justicia y del olvido. Nos hace preguntar muchas cosas con su muerte: donde esta la proteccion de los ninos? Quién se hace responsable de la tragedia de la madre? Es justo que el asesino pague en carcel y pague un valioso indenizo a la mamà? No tejes llevar de la frase ninguna plata me devuelve la vida del nino. Es verdad, pero Juanchito tiene valor como persona. El maton que lo asesino de hecho se lo quito. Entoces lo pague segun la ley y la justicia.


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