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A LA CONQUISTA DE MICKEY MOUSE

  • ÓSCAR DOMÍNGUEZ G. | ÓSCAR DOMÍNGUEZ G.
    ÓSCAR DOMÍNGUEZ G. | ÓSCAR DOMÍNGUEZ G.
23 de mayo de 2012
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El presidente Obama vino, vio, nos bebió, durmió y "TLCió" en Cartagena. Todo por cuenta nuestra. (Y no puso conejo, como sus gorilas-guardaespaldas). Por la atención que le brindamos, exigimos tratamiento preferencial para que no tengamos que pelar cocos con la uña a la hora de gestionar la visa.

Una amiga relató el viacrucis que padeció cuando fue a solicitar la visa para gastar en USA:

Los nervios -contó- empiezan desde la noche anterior. Sueña uno con la entrevista, si logra dormir. Si no duerme, tiene pesadillas despierto.

El terror-pánico te hace llenar mal el formulario. Mi adorado Epaminondas (nombre cambiado para despistar a la CIA) escribió donde le preguntan por el sexo: femenino. Cuando uno llega a la embajada, con los mejores chiros para impresionar, los nervios te traicionan. Te reciben colombianas aceleradas que revisan los formularios. Le dicen a uno en letra pegada lo que debe corregir.

Preguntan cuáles vienen por convenio, cuáles recomendados por alguna empresa. Nos colocaron unos papelitos color azul en la camisa. A otros les toca color verde, amarillo, una X.

Y empezamos a andar de Herodes a Pilatos. La siniestra ventanilla tal es para los de convenio. Nos paramos ahí como hora y media.

Una vez en la ventanilla revisan pasaportes, registro civil de matrimonio, registros de los niños, verifican firmas, ADN, tamaño del dedo gordo, pedicure, fotos. El gran hermano en acción.

A mí me hicieron repetir la foto porque tenía mucho pelo en las orejas. ¿Por las orejas conoceréis a los que delinquen? Parece. Y a entregar de nuevo el pasaporte. Tocó hacer fila para la huella digital. Menos mal a nadie se le quedó la huella en casa.

Nos quedamos "estatua" otras dos horas para la entrevista que finalmente nos haría una rubia sin historia y sin glamour. Nos atendió una que tenía sonrisa de gato que jamás volveremos a ver.

Sin mayores elementos de juicio, ella decidirá. Si amaneció de mal genio, o se mechonió con su gringo, adiós al añorado viaje a Orlando.

Interrogó a mi marido. A su lado, firme, con enigmática sonrisa de Monalisa, yo aparentaba seguridad.

La doña se ponía los dedos en la boca, miraba a la pantalla, buscaba y miraba a "Epami". Suspenso a lo Hitchcock.

Le preguntó si había tenido líos con la justicia americana o colombiana. Lo miraba a los ojos, como enseñan en Harvard para pillar mentirosos. Mi cuchicuchi estuvo fenomenal. Lo amo. ¡Buscaremos el niño!

Al final dio el veredicto: Pasen a Domesa, la empresa de correos que también hace su agosto.

Salimos con sonrisa catedralicia a gastar celular para darle el "positivo" a la familia en Medellín, Miami e intermedias. Termina la odisea. Gracias a Dios no se perdió el tiempo ni los miles de pesitos invertidos. Mickey Mouse está a la vuelta de la esquina.

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