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A Lévi-Strauss

06 de noviembre de 2009
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Querido y estudiado (en mis tiempos de universidad) Claude. Llegar a la muerte a los 101 años, siendo testigo del todo el siglo XX (y lo que sigue) y de los lugares más recónditos, como los que narra en El pensamiento salvaje y en Tristes trópicos, es un don de D-s. O un azar, todo depende de quien lo lea (entre los lectores puede haber ateos, medio ateos, sub-ateos, incluso teos) pues su vida no estuvo situada en un cubo de cristal sino en movimiento variado y propicio a probar todas las bacterias posibles, como bien les pasa a los antropólogos como usted, más dispuestos a la sazón natural y cultural que a los enlatados y las comidas rápidas. Conocer a los hombres (hablo de la especie) implica comer con ellos y no hacerle ascos a lo que se comen. Pero querido maestro, no se trata de comidas el tema de esta carta sino de antropología y contaminación, gente acelerada y pasiones bajas.

¿Cuánto tiempo puede vivir una persona respirando los humos que no persigue la campaña antitabaco? ¿Se puede amoldar la sangre al plomo, al CO2, al cianuro y otros venenos que respiramos cada día? En estos tristes trópicos, en los que a prohibición de fumar sublima las campañas que deberían hacerse contra la expulsión de gases violentos provenientes de motores y calderas, los hombres (vuelvo al asunto de la especie) han ido desarrollando un inquietante pensamiento salvaje, pero no en términos primitivos sino de burocracia que detiene los procesos y estorba a todo aquello que deberían ser actuaciones inteligentes o al menos de sentido común. No sé si el asunto se dé por el humo permitido (hay que ver el de las motos y buses), por la sobrepoblación, la falta de espacio o un mal (delirante) ejercicio del poder.

Se suponía, querido Claude Lévi-Strauss, que la tecnología ayudaría a agilizar procesos y a mermar daños colaterales. Esto sería posible si hombres modernos (vuelvo a la especie) asumieran lo moderno. Es decir, que se entendieran el uno con el otro, así fuera éste una máquina. Pero no pasa así: gente que no es moderna, asume lo moderno y en lugar de usarlo bien lo desmejora. Usted que vivió 101 años y supo de tribus, no sé qué pensaría de las tribus de burócratas o de los que consideran el cargo como una manera de obstaculizar y hacerse notar (problemas que les vienen de chiquitos). En estos tristes trópicos de pensamiento salvaje la vida ha llegado con todo (sea legal o de contrabando o por medio de la corrupción) de una vez y ahora estamos a punta de estallar porque no cabemos y los humos y ruidos permitidos deshacen el poco proyecto ilustrado que queda. Bueno?

Claude Lévi-Strauss, antropólogo y lingüista, nació en Bruselas en 1908 y murió en París en 2009. Fue catalogado como uno de los intelectuales fundamentales del siglo XX. De sus muchos libros, el último fue sobre Brasil. ¿Será que vienen tiempos de macumba?

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