
HOY SE CUMPLEN 30 años desde la detección de los primeros casos de VIH. José Alberto Ospina es portador del virus y fundador del Hogar de Paso Armonía y Paz que acoge a pacientes infectados. Lleva 8 años combatiendo una enfermedad "que se puede tratar".
Recorriendo los pasillos de su Villa Sandra, a José Alberto Ospina Mesa le viene de golpe el recuerdo de John Fredy meciéndose sobre la hamaca. Es la imagen nostálgica que dejó este joven medellinense de apenas 24 años, quien falleció en los últimos días por cuenta del virus de inmunodeficiencia humana, el VIH.
Un día después de abandonar Villa Sandra, donde Ospina Mesa instaló el Hogar de Paso Armonía y Paz, para el apoyo social y emocional de pacientes diagnosticados con VIH positivo, John Fredy murió por una complicación cardiaca.
Recién había salido del hospital y los médicos le prescribieron una medicina muy fuerte que no lo dejaba dormir. Agotado, decidió pasar unos días en el refugio campestre que José Alberto instaló en Guarne.
El aire, la naturaleza, el silencio, el paisaje verde y montañoso le hicieron bien. Cuenta José Alberto que John Fredy, tal vez desde la hamaca que ahora le hace recordarlo y donde pasó algunos de sus últimos minutos, le dijo que allí se sentía como "en otra dimensión".
La filosofía detrás de este refugio para personas con VIH es dar menos medicamentos y más apoyo humano, "que la naturaleza y el sentimiento en nosotros se mezclen y creemos otra cosa nueva, que es el poder compartir, poder llenar corazones de alegría, a pesar de que hay un diagnóstico", señala José Alberto.
"El que quiera descansar, desestresarse, el que quiera experimentar cosas distintas a las de la ciudad, entonces que venga para acá y hacemos terapias, caminatas", complementa.
"Escuche mi historia"
Como muchos otros, José Alberto pensaba que el VIH le podía dar a todos menos a él. Al primero de esos "otros" que cayó víctima del virus fue su propia pareja.
Tal vez por un diagnóstico tardío ésta falleció. Luego, hace ocho años ya, el director del hogar Armonía y Paz recibió ese "golpe bajo" que lo sacudió pero que no lo ha llevado a la lona: supo la noticia, era VIH positivo.
Con el diagnóstico que José Alberto esperaba, encontró oportunidades y una especie de vuelco espiritual que hoy lo hacen mirar hacia el pasado más con desconfianza que añoranza.
"Algún día me voy a morir, que me muera haciendo algo que de verdad quiera hacer y por quien quiera hacerlo", se dijo para alentarse y emprender el rumbo que ha recorrido en los últimos años. Desde el grupo de apoyo de la Fundación Positivos por la Vida lideró un trabajo social, de acompañamiento y comprensión.
"A uno no lo mata el virus, sino el estigma y la discriminación. El VIH no mata siempre y cuando te cuidés, te tomés tus medicamentos y tengás una vida sana y tranquila", señala.
La decisión de volverse un hombre rural llegó con la tristeza que le daba perder amigos en manos de esta enfermedad. "Quería montar un hogar pero para la vida. Ya experimenté lo de la muerte, ahora quiero es la vida con las personas que están en las mismas condiciones en que estoy yo", dice.
Sus mensajes, traducidos en la filosofía de su hogar de paso, son contundentes. El primero de ellos: el VIH no es igual a la muerte. En esta conclusión coincide con la medicina y las autoridades de salud a nivel mundial.
"Sabemos perfectamente que vivimos con VIH, pero no nos enfrasquemos en eso. Todavía podemos reír, cantar, divisar un nuevo panorama y estar al lado de personas que sienten lo mismo que sentimos nosotros", le dice a sus visitantes.
El otro mensaje va para aquellos que, como él, pensaban que el VIH es un mal sueño del que se puede despertar. "Aquí estoy diciéndole a la gente", afirma convencido José Alberto, "ya me pasó a mí. Escuche mi historia para que no le pase a usted porque no es nada fácil".
"En 2010 se cumplen 30 años de la existencia del Sida (síndrome de inmunodeficiencia adquirida). En ese lapso, se ha cobrado más de 25 millones de vidas, y más de 60 millones de personas han sido infectadas por el VIH.
Sin embargo, día tras día, más de 7.000 personas se infectan con el virus, incluidos 1.000 niños", informó la oficina del secretario general de las Naciones Unidas.
El primer registro de la enfermedad se dio en California, el 5 de junio de 1981. Ese día, el Centro para la Prevención y el Control de Enfermedades de los Estados Unidos informó sobre una extraña neumonía que estaba afectado a algunos homosexuales de las ciudades de San Francisco y Los Ángeles.
Solo fue hasta 1983 que científicos franceses lograron reconocer la estructura del virus. En los últimos años, el desarrollo de medicamentos antirretrovirales ha permitido reducir el impacto de la enfermedad. "La incidencia mundial del VIH está declinando", asegura la ONU.
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