LA ADOLESCENCIA ES esa etapa en la que la vida da un vuelco importante. Los niños se quedan atrás y la edad adulta se acerca a pasos gigantescos. Los cambios hay que asumirlos, acompañarlos y no ignorarlos.
Recordar la niñez es, por lo general, una experiencia interesante, llena de tardes de juego o de preocupaciones tan simples como que hay que recoger los muñecos.
No obstante, no es como lo soñó Peter Pan. El paso de los años es inevitable. Y crecer tiene sus matices.
La adolescencia es una de esas etapas que parecen complicadas y a muchos padres de familia les da dolor de cabeza el solo hecho de pensar que sus hijos la atravesarán.
La certeza es que es esa época en la que hay que decir adiós a ser niños y comenzar a pensar en ser adultos, a tomar responsabilidades y a hacerse una vida. "Yo quiero ser yo, no lo que diga mi papá o mi mamá", indica el médico Alejandro Mendoza.
Aparecen entonces una serie de cambios, los cuales, a veces, traen conflictos en los jóvenes.
Claudia Elena Betancur, psicóloga de Bienestar Universitario de la Universidad Eafit, explica que "es importante tener en cuenta que no podemos seguir hablando de crisis, igual como se hizo hace 30 o 50 años, porque es un momento distinto".
El adolescente de hoy, según Claudia, además de cambios físicos y psicológicos, debe enfrentarse a cambios del entorno. Hace 30 años, ejemplifica, los límites eran mayores y las posibilidades de comunicación no tan amplias.
"Ahora hay una movilización social y familiar que hace que vivan un momento distinto", añade la especialista.
El médico prefiere redefinir la palabra crisis y no relacionarla con "acabose o derrumbe de algo". Es, para él, "una manifestación que necesita cambiarse en cualquier actividad humana".
Y más allá de los términos y las definiciones, lo importante es ser conscientes de que se vienen una serie de cambios, normales e inevitables, que hay que enfrentar y que necesitan acompañamiento e incluso explicación.
Un punto de equilibrio Lo que se espera de una persona que se enfrenta a la adolescencia, dice la psicóloga, es que asuma su vida de forma responsable y se inserte en la sociedad.
Ahora bien, eso requiere de una guía de los padres, los cuales, a su vez, deben asumir su papel.
Si se habla de que los adolescentes de ahora viven un momento distinto, eso implica que haya desconocimiento y que tanto ellos como los padres no sepan qué hacer y cómo manejar las diferentes situaciones.
"Es reconocer que no tienen toda la fórmula mágica y que son humanos y estamos aprendiendo", cuenta la psicóloga María Claudia Gutiérrez.
Los adolescentes necesitan un referente adulto, no para que les diga qué tienen qué hacer, sino para que les guíe a construir su propio proyecto de vida.
"Lo más importante es ponerse en el lugar del otro. Padres con autoridad que estén resignificando la ley", señala la psicóloga Claudia Elena.
Las reglas y los límites son importantes y deben ser consistentes, coherentes y en un punto de equilibrio. No de extremos: tratar como niños o ser muy permisivos.
La adolescencia es un cambio que debe asumirse de parte y parte: los adolescentes que la viven y los padres que les enseñan. Y es, además, un cambio que determina las bases para el adulto que viene.
Análisis
Educar para la tolerancia
Juan Fernando Gómez Pediatra
Una interesante publicación de la Unesco titulada La educación encierra un tesoro , define los cuatro pilares básicos de la educación así:
- Aprender a ser
- Aprender a conocer
- Aprender a hacer
- Aprender a vivir juntos
Este último pilar constituye hoy una urgencia absoluta para la especie humana y está relacionado en gran medida con la tolerancia, entendida como "el respeto y la consideración hacia las formas de pensar, de hacer y de sentir de los demás, aunque éstas sean diferentes a las nuestras".
La tolerancia es reconocer que hay muchas maneras de ser humano en diferentes contextos culturales y sociales. Es importante resaltar que tolerar es algo muy distinto a soportar ("yo me lo aguanto") y que la tolerancia difiere mucho de la indiferencia ("para mí es como si no existiera"), con la que algunas veces equivocadamente se relaciona.
La tolerancia se define hoy como un respeto activo en concepto de Adela Cortina, una experta en esta temática.
Este respeto activo usualmente desemboca en un sentimiento de solidaridad, constituyente necesario y posible del tejido social. La sabiduría popular también ha hecho su aporte al concepto de tolerancia, cuando la define como "vivir y dejar vivir".
Un reciente documento de la Organización de las Naciones Unidas tipifica la persona tolerante como aquella que se entusiasma y vive con pasión un ideal, pero acepta a los que viven otros ideales. Aquella que no ve en los demás contrarios opuestos, sino contrastes suplementarios y que entiende que vivir en paz, más que carecer de enfrentamientos, implica generar armonía y colaboración.
¿Cómo pueden los padres de familia inducir e inculcar la tolerancia en los hijos? Un sabio proverbio español afirma que "Fray Ejemplo es el mejor predicador". Recordemos que en la crianza el ejemplo arrastra y que los padres deben constituirse en verdaderos modelos para sus hijos. Además de lo anterior, algunas recomendaciones de los expertos pueden ser útiles: hablar sobre tolerancia, identificar actitudes intolerantes y analizarlas y confrontarlas con los hijos, apoyar a quienes son víctimas de intolerancia y alentar a los hijos a participar en actividades comunitarias.
Tengamos muy presente que la lucha contra las formas graves de intolerancia (sexismo, racismo, xenofobia y explotación) debe iniciarse desde la familia como elemento socializador primario de los niños y niñas.
Para que no perdamos de vista la condición necesaria de justicia y equidad frente a la niñez, recordemos esta bella reflexión de Antoine De Saint-Exupéry: los niños han de tener mucha tolerancia con los adultos.
Contexto
1. Los adolescentes empiezan a reclamar su propio espacio. La razón, el respeto y el escuchar a sus padres deben ser la guía para hacerlo.
2. La compañía de los padres es indispensable en la adolescencia. Son quienes ponen los referentes. Debe ser una guía, no una imposición.
3. Hay que ser conscientes de que los adolescentes están aclarando su lugar a nivel social, sexual y familiar y que los límites son necesarios.
4. El diálogo es importante. Los padres deben asumir su rol y ponerse en el lugar y en la época de los jóvenes, así como respetarles sus espacios.
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La adolescencia es una etapa de cambio, necesaria e ineludible, que requiere de acompañamiento. Los cambios han hecho que muchos adultos no sepan qué hacer y se vuelvan muy amigos de los adolescentes o por el contrario, les abandonen. En esta etapa, en la que se definen responsabilidades y retos, los jóvenes necesitan padres que asuman su rol con responsabilidad y les guíen.