La OEA "no tiene ningún instrumento para hacer que se respeten" los valores y principios de la Carta, salvo la suspensión de un país miembro, una herramienta que se empleó en el caso de Honduras por segunda vez en la historia del organismo, tras la de Cuba en 1962.
"No lo ha hecho tan mal", señaló Hakim, teniendo en cuenta que por primera vez se invocó la Carta por consenso, algo que, en su opinión, "ya en sí fue un logro de la OEA", dadas las diferencias que existen entre los países del continente.
Pero, a su juicio, la OEA se "precipitó" con la suspensión de Honduras, porque lo hizo sin dejar espacio a las negociaciones. "Quizá lo tendría que haber hecho al revés", sostuvo antes de subrayar que "eso fue un error".
Hakim argumenta que se equivocaron al pensar que en Honduras iba a funcionar la suspensión, algo que en Cuba no ha surtido efecto durante casi 50 años.
DeShazo opina que la OEA tomó "al principio una posición fuerte" con la suspensión y lo hizo fruto de "la preocupación" de sus miembros y de "las memorias del pasado" que pesaban sobre ellos.
La suspensión, en realidad, complicó las cosas ya que hizo que el presidente de facto, Roberto Micheletti, no confiara en los otros países, algo que dificultó el diálogo, aseveró, sin embargo, Hakim.
Pero DeShazo insiste en que "la OEA ha actuado ya con bastante fuerza", algo que "casi no tiene precedente" en su historia.
En cualquier caso, agregó, "si la OEA no hubiera respondido con fuerza, todo el mundo la habría criticado", porque, haga lo que haga, arrastra un lastre de ineficacia y lentitud.
Insulza, al menos en opinión de Hakim, "ha hecho mucho para hacer de la OEA un ente más efectivo y más presente", pero aún así, parece pesar la máxima de que "la OEA es lo que sus miembros quieren que sea".
Los analistas coinciden en que "no hay una solución fácil" a la crisis en Honduras, ni tampoco se pueden esperar resultados en un corto periodo de tiempo.
"Son procesos. No es hacer algo y esperar resultados inmediatos. Una crisis política no es fácil de resolver", sentenció Hakim.
En estas circunstancias, la OEA depende de la voluntad de Zelaya y de Micheletti de resolver la crisis. De momento, se ha topado con la intransigencia.
Aún si se rompen las negociaciones, la OEA no puede hacer más que seguir impulsando conversaciones, opina Hakim.
Probablemente podría emplear otra estrategia si se llegara a ese punto, dado que el tiempo se agota y la OEA tiene que asegurarse de que se celebren unas elecciones legítimas el 29 de noviembre, dijo.
Así también lo ve DeShazo, para quien unas elecciones vistas como legítimas por los hondureños y la comunidad internacional son el "vehículo para sacar a Honduras de la crisis".
El asegurarse eso tendrá que ser el próximo objetivo de la OEA. |