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Hernán Chica
En el patio de la Casa de la Cultura La Barquereña, Mario Rivero leyó Poemas Urbanos, libro publicado en 1963. Recibió la estatuilla de Erato y manifestó que este reconocimiento resulta especial para él porque nació en Envigado y Sabaneta fue corregimiento de éste, de modo que en ambos municipios se siente en casa.
Mario Rivero ataca la palabra de frente

 Su libro Poemas Urbanos es uno de los más importantes del siglo XX.
 Fundador y director de la revista Golpe de Dados, desde hace 34 años.
 El poeta envigadeño recibió el Premio Erato, de Poesía en la Calle.


Por
John Saldarriaga
Medellín

Sus pies parecen pensar un poco antes de cada paso. Sus manos buscan hombros en qué apoyarse. Su palabra, en cambio, con pies alados, cabestrea las mentes lentas de quienes le escuchan y uno siente que se tienen que sentar a esperar. Es Mario Rivero, el poeta de la sencillez.

La sencillez del poeta se deja ver en cada gesto que le exige la vida, en cada palabra que emite, incluso cuando no intenta hacer poesía, sino hablar, simplemente.

La noche del viernes último, Sabaneta y Poesía en la Calle le entregaron el Erato, un galardón que intenta valorar su obra. Él se mostró conmovido y a más de un centenar de personas que se reunieron en el patio de la Casa de la Cultura La Barquereña les regaló la lectura de su primer libro de versos, Poemas Urbanos.

La mañana siguiente acudió en taxi al mismo sitio para hablar. La reja de entrada estaba cerrada aún, pero como el maestro adujo que le dolían los pies a causa de la artritis, los trabajadores revolotearon de un lado a otro en el caserón blanco hasta que encontraron las llaves y abrieron la portada para que el auto pudiera ingresar, recorrer la carretera interior y llegar hasta el borde mismo de la edificación.

¿Cuéntenos, maestro, de su vida en Envigado?
"Yo nací en Envigado en un barriecito que se llama Rosellón. Soy hijo de un mecánico de telares. Pasé una infancia como la de todos los muchachos pobres: yendo a la quebrada Ayurá; robándoles las frutas a los ricos, las naranjas... Trabajé en Rosellón, fui obrerito allí. Me desempeñaba como limpiador de telares. Me aguanté cuatro meses y me salí. Envigado, en una época -y todavía- se dividía entre blancos y negros. Los negros éramos los pobres; los blancos eran los que vivían en el marco de la plaza. Yo jugaba billar, les coqueteaba a las muchachitas de la esquina de la plaza, que no lo miraban a uno. Y así".

¿Compartió con Fernando González?
"Casi todos los días, cuando yo pasaba en bus de escalera, lo veía conversando con un caballo frente a su casa. Y en la iglesia, cuando me llevaba mi papá a misa de cinco, a la brava, lo veía de boina vasca y no se arrodillaba, entonces las señoras decían que era el Diablo".

Después, Medellín...
"Sí, después me fui a Medellín e hice un mundo de amigos. Carlos Castro Saavedra, Óscar Hernández, Manuel Mejía Vallejo, Carlos Jiménez -que fue procurador-... y después me largué del país y estuve fuera muchos años. Regresé a Bogotá en el año 57.

Traía unos treinta mil pesos en dólares. En ese tiempo estaba de moda la avicultura y yo, sin la menor experiencia, me fui dizque a montar un gallinero. Y resulta que esas gallinas se morían de histeria aferradas a los anjeos, se mataban entre ellas, se picoteaban. Esa plata se perdió".

¿Y la poesía?
"Ocurrió una cosa, para que vea las casualidades: en esa quiebra tan horrible me puse a escribir unos versos que resultaron ser los Poemas Urbanos, libro que quedó entre los 20 más importantes del siglo XX.

Un domingo llegó a casa un amigo de mi mujer. Ella le dijo: "Mario se enloqueció: ¡está escribiendo versos!"

El tipo no era intelectual pero tenía alguna antena. Me dijo: "hombre, no entiendo esto, pero tengo un amigo, Eduardo Mendoza Varela, director del suplemento de El Tiempo". Le llevó los versos y como a los 15 días me llamaron del periódico. Llegué allí. Yo parecía un ladrón de gallinas: en camisa, con tenis... Me dijo: "¿Usted es el autor de los 20 Poemas Urbanos?" Le dije: "Sí, doctor, yo soy". "Es que me parecen muy buenos y voy a publicar unos de ellos". A los 15 días, domingo, salieron dos poemas, Los amigos y La Luna en Nueva York.

Al otro día se me viene Calibán con todos los fierros. Dijo que eso no era poesía, que el suplemento se había degenerado... Se armó una polémica terrible. Creo que la más grande en la historia poética en Colombia. Pero un grupo de poetas muy prestigioso, Eduardo Carranza, Aurelio Arturo, Héctor Rojas Herazo, Álvaro Mutis, hicieron una carta defendiéndome. Y ahí empezó la cosa.

Después he publicado muchos libros, ¿no?".



Ayuda al lector

Requisitos de un poeta
"Uno tiene influencia de muchos poetas, pero lo importante es poner la voz de esos poetas al servicio de uno y no al contrario. El poeta que no tenga influencias es un primitivo y yo estoy muy lejos de serlo.

Diría que vengo de la poesía medieval, de la provenzal, de los poetas norteamericanos, de ciertos poetas ingleses isabelinos hasta Eliot. Reunir gran cantidad de influencias hasta conseguir un lenguaje más o menos personal.

"Creo que lo primero que tiene que tener un poeta es experiencia; segundo, autenticidad, y tercero, honestidad consigo mismo. Y atacar la palabra de frente, preferir la palabra simple a la ampulosa. Tenerle miedo al adjetivo y no hablar sino de cosas que conoce, no de cosas que imagina".


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