Durante la última década, la estabilidad macroeconómica y financiera, los menores descalces financieros y riesgos cambiarios, así como la mejor infraestructura para las transacciones, regulación y supervisión, han favorecido el desarrollo del sistema financiero.
Eso se refleja en su participación creciente como uno de los sectores que más aporta a la economía: 20 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB); los activos superan un 25 por ciento: 60 por ciento en inversiones y 35 por ciento en cartera a diciembre pasado.
El mayor dinamismo de la cartera se ha traducido en un crecimiento que en promedio en los últimos tres años ha sido del 16 por ciento.
Esto ha permitido un mayor acceso de crédito a la gente, lo cual es una mejora sustancial en el ingreso per cápita y, por ende, en el bienestar.
La mayoría de los países latinoamericanos con ingresos por persona inferiores a los 10.000 dólares anuales, tienen bajos niveles de penetración financiera, exceptuando Chile: tiene un ingreso per cápita anual de 12.000 dólares anuales y un índice de penetración financiera del 70 por ciento. Eso le ha permitido al país austral mayor competitividad y crecimiento sostenible de la economía.
Según estudios de diferentes organismos internacionales, como el Banco Mundial, el rezago competitivo de muchos países tienen múltiples causas, pero se destacan la falta de profundidad financiera, más conocida como la cartera de crédito como proporción del PIB y los limitados instrumentos de financiación. Todo esto va de la mano de modernizar el sector, acompañado de reducir las barreras de entrada a nuevos competidores y aplicar una mejor regulación financiera para eliminar distorsiones como las tasas máximas, subsidios, inversiones forzosas y reducciones de reservas técnicas.
Papel de la competitividad
La competitividad de un país se ve reflejada en la capacidad de crecimiento que tenga en el largo plazo y de estar innovando y adecuando los sectores económicos al contexto internacional.
La mejor manera de que sea sostenible es acelerando la acumulación de factores productivos y su aplicación efectiva.
El sistema financiero tiene un efecto multiplicador muy importante, haciendo una asignación eficiente de los recursos y transacciones de bienes y servicios, facilitando la movilidad del ahorro.
Así los agentes superavitarios pueden transferir sus ahorros, mitigando los riesgos. Las empresas financian capital trabajo y bienes de capital para proyectos más rentables y, a través de los medios de pago, facilitar las transacciones y la distribución de ingresos.
Eso es necesario para que la acumulación de capital e innovación tecnológica se conviertan en generadores de crecimiento económico.
De ahí que el adecuado funcionamiento del sector financiero reduce los costos de información y de transacción que limitan el desarrollo.
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