Dramatismo, goles, calambres, aficionados comiendo uñas, competencia de coros y emociones por montones le sobraron anoche a la final de la edición 18 del Mundial Juvenil de fútbol que organizó Colombia con miles de aplausos por su excelente organización.
El nuevo rey de la categoría se llama Brasil, que necesitó de 120 minutos para ganarle 3-2 a Portugal en el estadio El Campín, donde antes de la finalísima la piel se les puso de gallina a los más de 40.000 aficionados con la sobriedad de la clausura encabezada por el presidente Juan Manuel Santos.
Con la tripleta de Óscar (4' 77' y 110') el onceno auriverde se llevó la corona que estaba en poder de Ghana y dio la vuelta olímpica en Bogotá, después de 23 días de competencia y cerrar por lo alto el campeonato que se realizó en ocho ciudades.
La historia dirá que el mejor entre las 24 selecciones participantes, que hicieron parte de los 52 partidos que se jugaron entre el 29 de julio y el 20 de agosto, fue el equipo que dirigió Ney Franco gracias al rendimiento del 81 por ciento.
Del juego final se puede decir que fue parejo y alegre hasta los 90 minutos reglamentarios, porque cuando la escuadra lusitana, que anotó con Álex (9') y Nelson Oliveira (59'), hacía un gol la suramericana le respondía con otra de mejor factura.
Eso sirvió para hacer recordar lo apretado del encuentro de hace 20 años, cuando ambos equipos disputaron el título que se llevó esa vez Portugal, y para terminar con el invicto de 574 minutos sin recibir anotaciones que tenía Mika.
Cuando las piernas no respondían en ambas escuadras y el cansancio generaba un panorama desagradable con la seguidilla de jugadores tirados en el piso por los calambres, apareció Óscar con un golazo de antología.
Corría el minuto 110 cuando este delantero, en una noche inolvidable, bañó al cancerbero Mika para establecer el 3-2 definitivo que le significó a Brasil tomar revancha de 1991 y convertirse de manera invicta en el nuevo pentacampeón del Mundial Juvenil.
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