
LOS CULTIVOS MODIFICADOS genéticamente, los llamados transgénicos, crecen día a día. En Colombia se duplicó el número de hectáreas sembradas y hay más en camino, como unas variedades de papa.
No son el monstruo de mil cabezas, tampoco los 'calmahambre'. Pero así, con suela de caucho, los organismos genéticamente modificados caminan y crecen.
A Javier Rúa lo inquieta que se pueda crear un producto dañino. Lo mismo dicen Marcela Gallego y Maleja Echeverry. Al momento ninguno de los 17 alimentos derivados de plantas genéticamente modificadas aprobados para consumo humano en Colombia tienen efectos nocivos.
Rechazados por algunos, se consumen sin que se sepa. De hecho, aunque solo 29 países producen cultivos biotecnológicos, en 59 se comercializan.
En esencia, acá solo el maíz cultivado tiene consumo humano, aunque el consumo de OGM es mucho mayor: aceite de soya modificada y maíz importados. Y se ingieren en los animales que ingirieron maíz o algodón modificados.
Satanizados por no ser naturales o adorados por quienes creen que poseen la llave de la despensa sin fin, las cifras parecen contundentes: a 2010 había en esos países 148 millones de hectáreas plantadas por 15,4 millones de agricultores. Un área un 10 por ciento superior a la del año precedente, de acuerdo con un reporte de Clive James, del International Service for the Acquisition of Agri-biotechApplication (ISAAA).
Avanzan a paso largo, aunque del tema no se habla mucho. El maíz biotecnológico Smartstax que se comercializó en Estados Unidos en 2010 tiene ocho genes distintos que codifican para eventos relacionados con resistencia a plagas y tolerancia a herbicidas.
Estos dos factores por separado o apilados -como se conoce cuando coinciden en una semilla- son los que dominan el mundo transgénico. También aparecen productos resistentes a sequías.
Sin que el debate acabe, en desarrollo se tienen una papa que no absorba el aceite en que se fríen, una zanahoria con alto contenido de calcio, yuca con más minerales y vitaminas, soya con más omega 3 y otra serie de frutos, como el tomate con más folato y el trigo que rinda más, porque en la mente de los productores no solo está calmar el hambre del mundo, sino obtener mayores ganancias.
Se espera que a 2015 haya unos 120 productos en el mercado mundial, mientras que en 2013 debe estar listo para venta el arroz dorado desarrollado hace años (dorado por su alto contenido de betacaroteno, precursor de la vitamina A, por lo que se espera un efecto nutricional alto).
El país no es ajeno a esta realidad que lleva 15 años en el mercado. Lo más cercano son dos variedades de papa -capira y parda pastusa- resistentes a la polilla guatemalteca, desarrolladas por el Centro de Investigaciones Biológicas de Medellín, que se encuentra en pruebas y evaluaciones finales, dijo Diego Villanueva, investigador.
En 2010 seis departamentos introdujeron el algodón transgénico y siete el maíz. ahora se cultivan en 10 y 17. El número de hectáreas se duplicó, al pasar de 35.671 en 2009 a 76.550 el año pasado.
Se cultivan además soya (autorizada para los Llanos) y claveles y rosas azules, indica María Andrea Uscátegui, directora de Agro-Bio, organización sin ánimo de lucro dedicada a informar y educar sobre la biotecnología agrícola.
El tema se trabaja en nuestro medio hace unos 20 años, pero la falta de recursos reduce el ritmo reconoce Paul Chavarriaga, investigador del Ciat que trabaja con yuca para adicionarle características como resistencia a herbicidas o hasta acortar su ciclo. "Si funciona en maíz y arroz, ¿por qué no va a funcionar en yuca?"
Los mayores rendimientos y beneficios ambientales y sanitarios como la disminución de químicos y menos uso de agua son caballito de batalla de quienes los han adoptado.
Una adopción que, dice María Andrea, va tras el voz a voz entre cultivadores: uno que siembra, otro que compara resultados y lo acoge.
Con papa resistente a la polilla las aplicaciones por ciclo, hoy en 15 y 16, se reducirán mucho, afirma Villanueva.
Como no ha habido problema con ellos "la gente va cambiando la perspectiva", sostiene el científico del Ciat.
El mundo también cambia su posición. En 2010 Alemania reanudó su producción y tres países sembraron por primera vez un cultivo biotecnológico, entre ellos Suecia.
Hace dos semanas, el Consejo de Estado francés determinó que la prohibición de la variedad de maíz Mon810 de Monsanto no tenía razón de ser, siguiendo lo que ya había sentenciado en septiembre la Corte Europea de Justicia.
La última decisión en un país que se resiste al mundo genéticamente modificado por temores como los de Javier, Marcela y Maleja. "Aún existen muchas dudas sobre las consecuencias para el ambiente", según Bruno Le Maire, ministro de Agricultura.
Chavarriaga explica que el sistema tiene pruebas de alarma: para liberar un producto tiene que pasar por pruebas medioambientales. "No ha habido un efecto serio demostrado científicamente que diga eso tiene un problema".
El maíz, aclara María Andrea, sigue bajo monitoreo del ICA: no ha sido liberado.
Temidos o admirados, los cultivos biotecnológicos están acá. Y sin que nos demos cuenta, también en nuestro sistema digestivo. Hasta ahora, todo bien.
Una de las discusiones sobre los productos modificados es si se debe advertir al público lo que está comprando o consumiendo. Colombia expidió la Resolución 4254 que obliga a advertir en la etiqueta cuando el producto modificado es diferente en composición nutricional, es alergeno, es tóxico; o si en la cocción o tratamiento industrial pierde características organolépticas.
Tomó 10 años acumular 500 millones de hectáreas de OGM, 1996-2005, pero cinco en adicionar 500 millones. En estos 15 años se aplicaron 393 millones de kilos menos de químicos, logrando los cultivadores beneficios por 65.000 millones de dólares, 56 por ciento por productividad. Un estudio del Centro de Estudios Ganaderos de Colombia y Agro-Bio reveló que en departamentos donde se siembra maíz tecnificado el rendimiento es 4,4 ton/ha mientras que en donde hay maíz modificado sube a 6.
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