Creo que conocen al padre Carlos Yepes o por lo menos han oído hablar de él, de sus pláticas, una de las cuales tuve la oportunidad de escuchar en el mes de diciembre. En esa homilía, el sacerdote en su misa por la televisión se refirió con cierta sonrisa, muy oportuna por cierto, a un presentador, locutor o animador de un programa emitido por una de las pantallas bogotanas. El padre Yepes comentó más o menos lo siguiente, digo más o menos porque no sé el texto literal:
Un presentador de la televisión colombiana dijo algo relacionado con unos chorizos, asegurando que sin esa clase de chorizos la Navidad no era Navidad, o era festividad incompleta... Algo por el estilo.
Después de la frase, el padre Yepes sonrió y yo también sonreí y sonreímos más cuando el padre añadió que el señor de la televisión era antioqueño. Tenía que serlo porque para mezclar dos temas tan distintos y con tanto olor a fritanga uno de ellos, tenía que ser paisa. "En verdad, en verdad... os digo" que semejantes barbaridades no deben ser puestas otra vez en la pantalla chica, porque la grande no la controlan sino los gringos. De todas maneras, y aunque estemos lejos de la Navidad, saludos al choricero de diciembre y a los demás choriceros que en el mundo han sido... y seguirán siendo. Menos mal que al Niño lo único que le cae bien es la natilla... y a los choriceros el buñuelazo certero del padre Carlos Yepes.
PAUSA. No sé si el apellido Yepes se escribe con zeta, pero lo que sí sé es que con zeta es chorizo.
RELEVO. Ya era tiempo de dar descanso al hermano corazón indudablemente fatigado de servir como infaltable colofón al noventa por ciento de las canciones y a otro noventa por cierto de los muertos que se "producen" día y noche en el planeta tierra.
El otro diez por ciento hay que repartirlo cristianamente entre el espantoso colon y los más espantosos bandidos diseminados por el globo que antes era azul y ahora es rojo, color de sangre. Y sin mezclar partidos políticos y banderas porque si a eso vamos con la bandera verde de Antioquia no pasaríamos de ser floreciente yerba.
Lo que quiero decir es que el corazón ya no es el centro ni del amor ni de la inteligencia ni del alma.
Se acabaron los compartimientos estancos como cajoncitos donde en cada uno de ellos se guardaba algo. Amor en uno, odio en otro, apetito en el siguiente.
Eso parecía un casillero de banco. Ahora con los 20 mil millones de neuronas, las infinitas sinapsis o conexiones, se entra en el campo de la relación y de la asociación. Algo así como los tres mosqueteros: uno para todos y todos para uno.
Y al final lo más discutible y lo de más difícil comprobación, si no imposible, es que el alma se encuentra precisamente, dicen los científicos, en esa red neuronal que intenta ser la solución a un montón de problemas que viene desde siempre.
Ya no tenemos que preguntarnos como en la vieja canción, "dónde estás corazón", porque la respuesta es una muy clara por cierto: en todo el centro de la puñalada...
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