Alex Rovira, en su libro "La buena vida", narra un cuento que constituye un mensaje para los padres sobreprotectores con sus hijos: a un rey le regalaron dos hermosos halcones, que entregó al maestro de cetrería para que los entrenara para volar.
Uno de ellos aprendió pronto, mientras el otro, igualmente fuerte, se apoltronó en un árbol y no se movía; el rey ofreció recompensa a quien lo hiciera volar, sin lograr resultados hasta que un campesino lo consiguió de manera simple: le cortó la rama donde estaba aposentado y salió volando.
Los padres que protegen excesivamente a los hijos no les permiten que brote de ellos el ser que llevan dentro, no les dejan madurar, les limitan la personalidad.
En la educación de los hijos hay que infundirles dos valores: raíces y alas. Raíces que aseguren fundamentos firmes, y alas para que emprendan el vuelo buscando horizontes, aunque a veces se deba cortar la rama que limita su autonomía.
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