
VISITAR EL PARQUE Bicentenario en Boston se consolida en época de vacaciones como una opción de la ciudad para disfrutar en familia, siempre que se encienda el encanto de la pantalla de agua.
Una lluvia de siluetas y colores baña a Girlesa, Juan Camilo, Catalina, y María José; algunos de los niños que corren, saltan y componen una particular danza de alborozo bajo la pantalla de agua del Parque Bicentenario, en el barrio Boston. Cae la noche sobre Medellín y en el cielo los primeros relámpagos hacen presentir una tempestad verdadera.
Ajenos a los amagues del clima y las predicciones de sus padres, los pequeños gozan bajo estrellas, flechas que apuntan en diferentes direcciones, óvalos y toda una suerte de matrices coloridas que, por turnos, se desprenden de la pantalla y se rompen sobre sus cuerpos o en el piso. A estas alturas, unos con su traje de baño puesto, otros en pantaloneta o en ropa interior y otros vestidos por completo, ya están empapados lo suficiente como para lamentar si va a llover.
Frente a la pantalla, otros jóvenes se detienen un momento, forman grupos sonrientes y ensayan con sus celulares o cámaras digitales tomar una fotografía que sirva de prueba creíble de haber estado juntos ante ese atractivo paisaje que por momentos es violeta y al instante se torna azul y verde en pleno corazón de la ciudad. Más apartados, grupos de jóvenes y algunas parejas bajo la media luz del ocaso también encuentran un espacio para compartir.
Un dulce aroma
A unos metros de la concurrida pantalla de agua, huele a dulce, a crispetas, solteritas, raspados de hielo y otros productos que se venden siempre donde quiera que hay niños.
Nadie mejor para medir la concurrencia en el parque que 'Caramelo', sobrenombre con que se hace llamar Jesús Quintero, vendedor de crispetas que ha trabajado en este lugar casi a diario desde su inauguración en julio de 2010. Tras su grito convocando a los niños para que se antojen con el olor que sale de su carrito, confiesa que por aquel tiempo "no cabía un alma" cada tarde en el parque.
Según afirma, al principio hubo algunos brotes de inseguridad y los visitantes se sentían intimidados por el consumo de marihuana y licor en los lugares donde no llegaba la luz y hubo quien se ofendiera por las caricias de algunos amantes sobre la hierba.
"Hubo atracos por el puente peatonal y abajo era muy oscuro. Pero ahora está controlado, los carabineros vienen seguido a dar ronda y hay un CAI aquí nomás".
Caramelo piensa que si no ha venido más gente es porque no siempre se enciende la pantalla, el mayor atractivo del parque. "Mucha gente que viene a ver la pantalla y a mojarse se decepciona y se va", revela.
Agrega que "los días que más gente viene son los domingos y festivos entre la 1:00 p.m. y 7:00 de la noche".
Lluvias para todos
Montar en patineta, en bicicleta o sacar a pasear mascotas también son motivos para confluir en el parque. Daniela pedalea con sus largas piernas impulsando una bicicleta clásica de grandes ruedas con guardafangos y parrilla. Ha venido con su novio Felipe, con quien comparte una faceta artística como miembros del grupo Puñetazo Clown. Los acompaña además su cuñada Lorena y su perra Luna.
Las primeras gotas que provienen de los nubarrones caen ya no en los niños sino sobre sus padres, quienes no han venido a mojarse, y provocan otra dinámica: la de convencer con gritos a los chicos para que no jueguen más con agua y emprendan el regreso a casa para no terminar también los adultos empapados por la lluvia copiosa y corriente, sin formas, colores ni gracia.
Mientras el temporal se desprende del cielo negro iluminado por relámpagos, entre madres que corren llamando a los niños, sobre aquella bicicleta anacrónica pasan Daniela y Felipe ensayando un nuevo número con una sombrilla que corta la catarata multicolor y los corazones que descienden por ella.
Por aceras como las de la calle Caracas y la carrera 38, tras extensas lonas verdes, todavía caen a pedazos las viviendas que existieron a lo largo de cinco décadas.
La adquisición de predios, que ha demorado la ejecución total del proyecto sigue latente alrededor del renovado Parque Bicentenario.
En el sitio aún está pendiente la construcción del museo Casa de la Memoria, un lugar concebido para dignificar a las víctimas de la violencia en Medellín. El espacio, contemplado en la segunda parte del proyecto fue uno de los compromisos de la Administración Municipal, adquirido antes de comenzar las obras.
Recientemente la gerente de la EDU, María Eugenia Ramos, ha anunciado que en diciembre se entregará parte de la obra y quedará pendiente su terminación durante 2012.
La construcción del ala sur, la primera que será entregada está prevista para inciar este mes y demandará una inversión de 16 mil millones de pesos. Tendrá un auditorio para 250 personas, dos aulas talleres, una sala de exposición permanente y un centro de documentación.
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