En 1997, en una primavera que apenas despuntaba en el Magdalena, Luis Soriano montó algunos libros en el lomo de un burro y salió a recoger la vereda La Gloria, en el municipio de Nueva Granada.
"Fue como un 11 de abril. Por esos días estaban los árboles todos florecidos", recuerda Soriano, licenciado en Literatura, profesor consagrado a sus alumnos y gestor del biblioburro.
Hace tres años, bajo la dirección de Carlos Rendón, matemático estadístico y licenciado en Artes Plásticas, el Museo de Antioquia retomó su figura de barrios amigos y creó el Museo Itinerante.
"Llevamos toda esta estructura hacia afuera", explica Rendón.
Y, hace ya casi un año, un grupo de jóvenes en cabeza del antropólogo Juan Pablo Díez, convirtieron un motocarro auteco de motor 1.600 en la Moto Museo Itinerante.
"Desde junio está andando por las calles".
Estas experiencias tienen un denominador común: que salen a las calles polvorientas de los pueblos del Magdalena, a las lejanas de otros municipios antioqueños o a las empinadas del Valle de Aburrá, para llevar aquello que la gente espera... aunque no lo sepa. Llevan educación. Y su trabajo les ha demostrado que, pese a que es un trabajo que muchas veces se realiza con las uñas, la satisfacción llega de las formas más inesperadas.
¿La cultura debe ser itinerante?
"El motomuseo quiere romper con algunos paradigmas, entre ellos para qué están los museos. El segundo era que esto, la arqueología no le gusta a la gente. Pero ven el material y empiezan a recordar y a contar cosas. Además está el tema de la movilidad y demostrar que es un mito que los museos son para gente estrato cinco y seis, lo que faltan son recursos para ir a ver al arte".
¿Qué ha sido lo más gratificante de este trabajo?
"La respuesta de la gente. Es emocionante ver a la gente rodeando y persiguiendo la moto cuando llegamos. Que la gente nos pregunte qué tienen que hacer para tener esa moto en su colegio o en su barrio. Y la estrategia pedagógica de la moto que permite a la gente interactuar con las piezas".
¿Se ha sentido solo en este trabajo?
"Diría que mientras haya respuesta de alguien hay acompañamiento. Pero sí hay cosas que asombran, como la respuesta de la comunidad, pero la indiferencia del Estado, para hacerlos entender que esto es una gran oportunidad. Pero entre locos nos atraemos".
¿La cultura debe ser itinerante?
"Hay un tema que es la accesibilidad al arte. Se piensa que es para el más sollado, el más peludo, el más inteligente... y no. Entonces es necesario derribar esos muros y decirle a todos que somos parte de la cultura y la construimos entre todos".
¿Qué ha sido lo más gratificante de este trabajo?
"Este es un estilo de vida, trabajar para y con la comunidad. Saber que hay muchos locos o quijotes como nosotros en esto es muy satisfactorio. Saber que hay otros que nos dedicamos a la comunidad. Y está la sonrisa del niño y el comentario positivo del adulto mayor y eso salva la semana. Ese es el motor para seguir adelante".
¿Se ha sentido solo en esta tarea?
"Es agotadora la búsqueda del peso. Afortunadamente, desde el Museo de Antioquia, no buscamos patrocinadores, sino aliados estratégicos. Instituciones y empresas que tengan claro su compromiso social, que es una responsabilidad de ellos, que ponen en su balance social. Con ellos nos sentimos muy bien acompañados".
¿La cultura debe ser itinerante?
"El biblioburro nace porque hay un difícil acceso a las bibliotecas, a los libros. Era más fácil llevárselos a ellos.
¿Qué ha sido lo más gratificante de este trabajo?
"Cuando miras hacia atrás y ves que hay personas que ya no son usuarias, sino que mandan a otros para que sean usuarios del biblioburro. Que ya saben que tienen la obligación de ver el libro. Ya ahora ilustras a personas que saben leer, saber que estoy ayudando a construir ciudadanos. Ahora personas a las que enseñé a leer, ahora son maestros, son mis compañeros de trabajo".
¿Se ha sentido solo en esta tarea?
"No. Alguna vez sí. Cuando tenía apenas 70 libros y me gritaban que estaba loco. Pero ahora no. Sentí que necesitaba socios, pero nadie tenía inquietud de libros. Ahora tengo unos asociados que replican esto en diferentes lugares, entre los indígenas, fuera del país. Hay gente comprometida, padres de familia, empresas privadas (como la Caja de Compensación Familiar del Magdalena), que son como el hada madrina que me ayuda. Ahora tengo 4.800 libros".
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