MONSEÑOR JUAN VICENTE Córdoba, secretario General de la Conferencia Episcopal, asegura que, pese a las amenazas y los homicidios de sacerdotes, la Iglesia Católica ha tenido la protección del Estado colombiano.
La defensa de la vida, la dignidad humana y la justicia social, misiones de primer orden de la Iglesia Católica, tienen a los sacerdotes y demás miembros de la comunidad religiosa en la mira de los violentos.
Asesinatos, desapariciones, secuestros, profanación de templos y otros hechos de violencia se suceden con alguna frecuencia en uno y otro lugar del país en contra de las comunidades eclesiásticas.
En la última década fueron asesinados 50 miembros de la Iglesia Católica, entre obispos, sacerdotes, seminaristas y religiosas. Desde 1984 el drama es igual de desconcertante, toda vez que la cifra se eleva a 91 víctimas. Sobre estos hechos, que preocupan a la Iglesia Católica y sus jerarcas, conversamos con monseñor Juan Vicente Córdoba, secretario General de la Conferencia Episcopal en Colombia.
Monseñor, ¿qué representa para la Iglesia Católica predicar el Evangelio y ayudar a los necesitados en zonas caracterizadas por la difíciles situaciones sociales?
"Esta es la consecuencia de una opción de trabajar en la Iglesia al lado de un pueblo que es su rebaño. Esa consecuencia es inherente al Evangelio de que el pastor debe estar con sus ovejas. No puede huir ni salir corriendo ni evitar los problemas. Una cosa es ser prudente y otra cobarde y, en general, el pastor debe estar al lado de sus ovejas".
¿Por qué se les ataca, si los sacerdotes trabajan con neutralidad en zonas de conflicto?
"Los sacerdotes y obispos han tenido que levantar la voz para oponerse a una irregularidad o una injusticia. Otras veces levantan la voz para denunciar un acto negativo, un hecho que va en contra de los derechos humanos. Ahí se vuelve vulnerable quien se opone de alguna manera a quienes cometen la injusticia y la voz de un pastor se vuelve la voz del pueblo y es una voz que señala. Entonces eliminar a esta persona se les vuelve importante".
¿Los sacerdotes se sienten desprotegidos, deberían contar con una protección especial por estas denuncias?
"Hemos tenido diálogos con los comandantes de la Policía y del Ejército y hemos sentido una gran preocupación de ellos hacia nosotros por la protección de la Iglesia. Las autoridades brindan protección a varios obispos y sacerdotes porque han sido amenazados. A los que recién sufren la amenaza, inmediatamente llegan las autoridades, van al sitio, dialogan con el sacerdote implicado, hacen la protección de la vida.
No nos sentimos desprotegidos. Nos están ayudando, lo que pasa es que llega un momento en que son tantos sacerdotes y hay tantas parroquias que esto es un país tan grande que es difícil para ellos, pero están pendientes de nosotros y sería mentira decir otra cosa".
¿Los grupos armados o la delincuencia perdieron el respeto a lo que representa la investidura de un sacerdote?
"En términos generales le han perdido el respeto a todo. A las instituciones, a los niños, a la vida, a la dignidad del ser humano y ahí dentro, a la Iglesia. Hay grupos (armados) que están totalmente fuera de los valores, los principios y solo les interesan el poder, el dinero o sus intereses. Sí se ha perdido mucho el respeto a Dios y a la Iglesia. Pero tenemos que ser conscientes de que nosotros también tenemos errores y que hay miembros de la Iglesia con fallas graves, que no debe ser así, pero que ayudan a incrementar que algunos pierdan el respeto, lo cual no es razón para perder la consideración por la dignidad humana y por las instituciones serias".
¿La Iglesia Católica ha pensado en realizar acercamientos con los grupos armados para exigirles que respeten su labor social y pastoral?
"Ir a buscarlos para decirles eso, no, sino que levantamos la voz en nuestras instalaciones, en nuestros comunicados, en las cartas pastorales de los obispos que se leen en las parroquias, en los comunicados que se hacen a través de los medios de comunicación particulares y de la Iglesia como las emisoras. Siempre tratamos de mostrar nuestra neutralidad. Queremos que se den cuenta de que lo único que buscamos es el bien común, lo que pasa es que hay grupos que no quieren ese bien porque les daña sus intereses perversos entonces es cuando entra en conflicto la voz de un pastor de la Iglesia".
¿Con esos pronunciamientos se ha logrado un poco de respeto para los sacerdotes que se encuentran en las zonas de conflicto armado?
"Debemos reconocer que en muchos momentos hay en encuentros en las montañas cuando los obispos y sacerdotes están en las visitas pastorales. No son buscados, sino que se dan en el camino. De parte de los subversivos, de cualquiera de los grupos hay un respeto en general, y tratan con respeto a los obispos, incluso se acercan y conversan. Hay momentos en que rezan y piden un sacramento o piden una oración. No falta el grupo o la persona que trate mal a un pastor, pero en general hay buen trato".
¿La Iglesia Católica ha hecho pronunciamientos enérgicos sobre los asesinatos de los sacerdotes?
"Hemos hecho denuncias, pronunciamientos. Hemos hablado en los medios, enviado cartas pastorales desde las iglesias. Desde 1984 a 2011 han asesinado a 78 sacerdotes, 2 obispos, 5 religiosas, 3 religiosos y 3 seminaristas.
En este año ya llevamos 5. Ahí hay cosas muy serias, lógicamente hay unos que es por delincuencia común, otros por alguna razón que nunca se esclareció, otros por el robo de un celular como pasó con el padre Gustavo García Bohórquez, en Bogotá, pero muchos son por denuncias, porque en una homilía o en sus pronunciamientos han sido claros en denunciar una injusticia o una acción delictiva, una muerte, una masacre".
¿Cree que la justicia ha avanzado en su papel para esclarecer los asesinatos de los sacerdotes?
"Debemos ser agradecidos. No quisiera ponerlo como una denuncia de nuestra parte porque sabemos que ha habido esfuerzos y están pendientes de lo que nos sucede y hay preocupación. Sin embargo, en el país todavía queda mucha impunidad y hay que seguir luchando para que esta no reine".
Denuncias por crímenes de guerrillas, grupos de autodefensas, bandas delincuenciales e incluso hurtos son las causas, según las autoridades, de los 50 homicidios de religiosos desde 2011.
Monseñor Isaías Duarte Cancino
Isaías Duarte Cancino es el sacerdote católico de mayor jerarquía asesinado en Colombia en medio del conflicto interno. Fue muerto el sábado 16 de marzo de 2002, a la edad de 63 años, minutos después de oficiar, como arzobispo de Cali, una ceremonia religiosa de matrimonios colectivos en la Iglesia del Buen Pastor, en el Distrito de Aguablanca, en Cali. Dos sicarios le dispararon dentro de su vehículo.
Denunció la violencia de guerrillas y autodefensas y connivencia de sectores sociales y económicos. Fue ordenado sacerdote en 1963 y en 1988 se convirtió en el obispo de Diócesis de Apartadó. En 1995 recibió el premio Nacional de Paz.
Al padre Cesar Darío Peña lo mataron las Farc
El 17 de mayo de 2011, los restos óseos del padre César Darío Peña García fueron exhumados en la vereda Raudal Viejo, municipio de Valdivia, norte de Antioquia.
Nació el 12 de junio de 1961 en San Pedro de los Milagros. Entró al Seminario San Juan Eudes y en 1988 se ordenó sacerdote.
El padre Peña fue plagiado el 15 de marzo de 2004 por guerrilleros de las Farc en el corregimiento Puerto Raudal, donde era párroco. En julio de ese año se conoció que la guerrilla lo asesinó tras señalarlo de ser "colaborador", supuestamente, de grupos de autodefensa, lo cual rechazan sus familiares y feligreses.
Atribuyen crimen de cura en Rionegro a bandas
El 12 de febrero de este año, los habitantes de Rionegro se estremecieron con el asesinato del padre Luis Carlos Orozco Cardona, baleado por un adolescente en el atrio de la catedral de San Nicolás, en pleno parque principal.
El presbítero, quien era vicario de la Pastoral Social, tenía 26 años y había nacido en El Santuario.
Su homicida fue un menor de 17 años, quien fue detenido minutos después del asesinato. Según las autoridades, el homicidio sería una retaliación de bandas locales por las denuncias del padre y su trabajo con jóvenes drogadictos.
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