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Lo que pasó con otros actores de la película
 
Donaldo Zuluaga
Se creció la negrita, dirán muchos al ver a Diana Murillo convertida en toda una madre. Es la niña que con sus huequitos y su naturalidad conquistó corazones en La vendedora de rosas, donde hizo el rol de La Cachetona.
Diana, La Cachetona, sigue vendiendo rosas en la calle

 Ella quiere seguir siendo actriz, pero admite que es un camino muy difícil.
 Es madre de tres hijos y le tocó ver asesinar a su esposo en pleno embarazo.
 Diana Murillo, la actriz negra de La vendedora de rosas, ahora tiene 24 años.


Por
Gustavo Ospina Zapata
Medellín

Han pasado nueve años desde su aparición en La vendedora de rosas y la vida de Diana Murillo, la negrita del filme de Víctor Gaviria, sigue siendo un rollo, pero este es real y uno no sabría decir si es más duro o mejor que el que vivió en la cinta.

En todo caso, Diana, que en la película la llamaban La Cachetona, hoy se ve más cachetona y !claro!, mucho más mujer, pues ya es toda una madre de 24 años, con tres hijos, viuda y un nuevo compañero.

Sentada en un sofá de la casa de su madre en el barrio Blanquizal, al occidente de Medellín, Diana evoca esos años de las grabaciones y los posteriores, cuando llegaron los premios y reconocimientos y la cinta dio de qué hablar en Colombia y el mundo.

Al hacerlo ríe y lo hace con esa amplitud propia de los de su raza, pero se pone trascendental cuando evoca a sus compañeros muertos, la para ella poco cambiante situación social de la ciudad y las vicisitudes que ha pasado por ser pobre, negra e hija de una familia desplazada del Chocó.

"Cuando me escogieron para la película yo estaba internada en la Fundación La Colina Amigó, de Caldas, con mis compañeras. Tenía quince años y llegamos ahí porque a la fundación fueron a hacer un casting, participaron cien niñas, todas internadas por problemas, y quedamos las cinco protagonistas", recuerda Diana, que aún conserva en su cara esos huequitos graciosos que la hacían una de las niñas más simpáticas de la película, que en su momento fue un retrato social de los dramas que vivían los niños y jóvenes de las calles y pandillas de Medellín.

En ese entonces, ella era una niña que luego de huir de su casa cayó a las calles y fue a parar al internado, de donde salió a convertirse en actriz de cine por unos meses. Una gloria efímera, más de imagen que de dinero, porque ni ella ni los demás miembros del elenco consiguieron plata, a pesar de los premios que el filme ganó en Colombia y el exterior.

"La película me trajo cosas buenas y cosas malas. Las buenas, que me conocieron y que me gané un respeto. Antes, en este barrio nos trataban muy mal porque éramos la única familia negra por aquí, con decirle que no nos vendían en las tiendas y a mi mamá una señora hasta le tiraba orines cuando le veía", relata Diana rodeada del abrazo de sus hijas Luisa Isabel y Laura Dayanna, de siete y cinco años, respectivamente.

Lo malo, lo duro
Pero lo malo, dice, fue que todos empezaron a creerla rica. También, que ha visto morir a varios de sus compañeros del filme y que en lo personal sigue viviendo mil dificultades económicas para salir adelante con sus dos hijas y su hijo.

"A mi esposo, Luis Gildardo Orlas, lo mataron en el barrio Olaya delante de mí porque no quiso entregar la moto, yo tenía nueve meses de embarazo y no les importó", narra Diana y añade que en el rancho que habita, en el barrio Blanquizal, se le metió la humedad y le ha sido difícil encontrar una oportunidad laboral en artes dramáticas, que se volvió su pasión luego de "La vendedora...".

"Estudio actuación, pero en Medellín no valoran eso. En Bogotá viví un tiempo, actué en 'Pandillas, guerra y paz', pero no ganaba mucho y sostenerme fue duro, tuve que volver a Medellín", relata Diana, a la que todos recuerdan por su frescura al hablar y porque su padre la rescata de las calles y la lleva de nuevo a casa.

Explica que el señor que va por ella no era su papá sino un actor, "nunca lo volví a ver, pero a los otros sí, a veces voy a la cárcel a visitar a Lady y hablo con Víctor Gaviria, hace poco él me dio techos para mi casa, es el único que ayuda, porque todo lo que prometieron nunca llegó, aún espero la casa que me prometió el presidente Pastrana".

A pesar de todo, no carga amarguras ni rencores. Y se pone triste cuando cuenta los finales trágicos de varios de sus compañeros (ver recuadro).

Por eso sigue luchando por su familia, trabajando con los niños afrocolombianos de Blanquizal y haciendo lo mismo que las hizo querer a ella y a sus amiguitas a través de la película: vendiendo rosas de bar en bar, "con eso me sostengo y veo por mis hijas", puntualiza.

Lo que pasó con otros actores de la película
Esta imagen muestra a Diana en el sepelio de Jennifer Arteaga (01 de agosto de 2000), hija de uno de los protagonistas muerta de forma violenta. También han fallecido Giovanni Quiroz, El Zarco; Don Héctor, asesinado de 40 puñaladas; Murdoc, ultimado de 40 puñaladas; Alex Bedoya (Milton en el filme), de cáncer; y La Chinga, el niño sacolero que en la cinta dice la frase “para qué zapatos si no hay casa”, arrollado por un carro. Mileydir Gil (la gaga Andrea) trabaja en Bogotá, Marta Correa (Judy) está en Bogotá, y Lady Tabares, la protagonista, paga una condena de 26 años de prisión.




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