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Díganoslo usted, maestro Fuentes

CARLOS FUENTES, EL invitado especial del Hay Festival, conversó con Juan Gabriel Vásquez y Santiago Gamboa, en una hora de literatura y recuerdos.

  • Díganoslo usted, maestro Fuentes | Juan Feranado Cano
    Díganoslo usted, maestro Fuentes | Juan Feranado Cano
27 de enero de 2012
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Carlos Fuentes llegó entre los dos. Juan Gabriel Vásquez se hizo a su izquierda y Santiago Gamboa a su derecha. Tomó el micrófono y empezó a hablar: dijo que esa conversación ya la habían comenzado los tres, en Europa, y que lo que iban a hacer ya, era continuarla, ahí, con todos.

La gente se rió. Iban, en todo caso, a hablar de literatura y aunque Fuentes hizo varias preguntas a los dos, ellos terminaron preguntando y Fuentes contando historias y devolviéndose en el tiempo y volviendo al ahora. Fue, de todas maneras, el que más habló. Al fin y al cabo, era lo que todos estaban esperando. Que hablara de esas cosas, del Boom Latinoamericano, por ejemplo, que cada vez se aleja más en el tiempo.

Hubo risas y hubo aplausos. Contó tantas cosas, que hasta trajo al escenario a Gabriel García Márquez. Han sido amigos desde hace mucho tiempo. Fuentes señaló, por ejemplo, que él es un hombre de muchos amigos, pero es selectivo. No todos lo son. Sin embargo, Gabo, a quién leyó primero que conocerlo y desde el principio le pareció maravilloso, será su amigo para siempre. Hasta comparten el mismo año de nacimiento: 1928.

Carlos Fuentes fue uno de los hombres que estuvo en esos primeros pasos del Hay Festival. Por eso regresar después de siete años era ya un espectáculo. Todos querían oír lo que tenía para decir. Fue una conversación de preguntas y respuestas, que de todas maneras se hizo amigable, aunque el de la mitad tuviera toda la atención y todas las risas. Muchas anécdotas y muchos momentos para celebrar. Y eso que la conversación empezó exacta y duró una hora, aunque pareció menos.

El teatro Adolfo Mejía (el Heredia) estaba sin sillas vacías. La última pregunta fue un consejo irrebatible. Santiago le preguntó que con tantos jóvenes oyéndolo, cuáles eran esas cinco novelas que no podían faltar en la lista. Y el mexicano no lo dudó: cinco veces repitió el Quijote. Y al Heredia no le cupo más silencio.

Al final las personas se pararon, emocionadas, y hubo bulla de alegría y más palmas haciendo ovaciones. Estaban felices por cada palabra. Fuentes se acercó, movió la mano, sonrió otro poco. Se despidió de sus compañeros de conversación, de la gente. Luego se fue con su pelo blanco y sus años.

Las frases quedaron retumbando en la cabeza.

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