En medio de la indignación de la comunidad, este lunes se cumplió el sepelio del iño de 9 años hallado muerto luego de ser raptado. La comunidad pidió justicia.
En la puerta de la morgue de Medicina Legal y escondiéndole el cuerpo al aguacero, Diana María Velásquez dice no ser capaz de volver a San Carlos.
Allá, a lo sumo, deberá enterrar hoy a su hijo Diego Andrés y de paso su recuerdo. "Apenas lleguemos será el sepelio y ahí será un nuevo comienzo, digo yo. Ya es una vida distinta porque él no va a estar", dice.
El lugar exacto de la vereda Vallejuelos donde fue raptado el niño, es un paso obligado para coger trocha arriba hacia la casa. "Yo quiero alejarme lo que más pueda. He pensado en la ciudad, en otra finca, menos San Carlos. Me trae demasiados recuerdos que yo quiero hacer a un lado".
No se vio que Diana derramara una sola lágrima durante las 96 horas de búsqueda. No se percibió que su ánimo declinara cuando llegaban los carabineros diciendo que la manigua estaba desierta de personas y que los perros no habían encontrado nada.
Y mucho menos que abandonara la certidumbre de encontrar a Diego Andrés revoloteando y excusándose al decir que simplemente se había perdido en un mal juego.
Pero ahora que está esperando a que los médicos forenses le entreguen el cuerpo del niño, tras minuciosos exámenes que determinarán la causa de la muerte, Diana explota y comienza a llorar.
Con la respiración entrecortada esta mujer todavía tiene la tozudez y la resistencia para recordar el momento justo cuando encontraron a su hijo, lo que echó por la borda esas desvaídas esperanzas.
Fue el sábado, a las 3:00 de la tarde. Javier Castaño se llama el hombre a quien Diana le debe algo de tranquilidad en medio del desánimo.
Fue él quien caminó por entre un caño hasta dar con el maletín de Diego Andrés, un bolsito de rayas rojas que flotaba en las aguas de la quebrada El Bosque.
Javier, campesino de toda la vida, comenzó a meterse dentro del agua y a escarbar por los huecos de las peñas. A ese mismo sitio ya se le había hecho registro e incluso estaba declarado como zona descartada.
Y la confirmación que nadie quería recibir, llegó. Dentro de una pequeña caverna, permanecía el cuerpo de Diego Andrés. Estaba debajo de varias piedras, lo que hace pensar a las autoridades que el asesino no quería que su evidencia flotara aguas abajo.
Fuentes judiciales indican también que el delincuente era un conocedor de la topografía de la zona y que, además, habría tomado todas las precauciones del caso para no dejar huellas.
Dentro de las hipótesis que han emergido, se sigue planteando una posible venganza e incluso, los investigadores no descartan que detrás de todo se esconda el perfil criminal de una persona satánica.
Sin embargo, esto último no está dentro del proceso y hace parte de los numerosos caminos en los que puede derivar la investigación. "En estos casos la única prueba son los exámenes de Medicina Legal y a eso nos vamos a apegar", dice alguien cercano al caso.
Diana deja de llorar y como sucedía mientras buscaba de vereda en vereda, ella misma se da alientos. "Ya por lo menos se que mi hijo no está sufriendo ni que me lo van a estar maltratando, ni que va a estar pidiendo limosna ni nada de esas cosas que a uno se le pasan por la cabeza", dice.
Enseguida formula una pregunta para explicar el llanto que la sobrecoge. "¿Se acuerda que yo le decía a usted que estaba preparada para esto? Pues mentiras. Supuestamente yo creí que iba a ser fuerte cuando me dijeran que mi niño estaba muerto. Pero a la hora de la verdad cuando me lo confirmaron no fui capaz", explica.
Luego de cinco días de dormir por lapsos de tres horas, de dos, a veces una, Diana asegura no sentirse cansada. "Vendré a descansar cuando lleve a mi hijo a una tumba, mientras tanto yo creo que no. Mientras el cuerpo de él esté por ahí, siempre se le vendrán a uno recuerdos".
Por eso se espera que el sepelio de Diego Andrés sea hoy, en San Carlos, temprano en la mañana. Diana no lo quiere postergar más, no quiere seguir alargando la angustia. Es ponerle un punto final y volver a empezar.
Contexto
Autoridades se la jugaron hasta el final
"Si algo tengo que agradecer es a la Policía por no haberme dejado sola ni un instante". Con esas palabras Diana María Velásquez envió un mensaje a las autoridades por el apoyo incondicional mientras buscaron a Diego Andrés. En los operativos participó el Escuadrón Móvil de Carabineros, perros entrenados para el rescate de personas, Gaula, Policía Comunitaria y de Infancia y Adolescencia, así como campesinos de la zona y soldados del Ejército Nacional. Según Diana, desde el mismo presidente Álvaro Uribe, pasando por el Gobernador de Antioquia, Luis Alfredo Ramos, hasta el alcalde de San Carlos, Francisco Javier Álvarez Sánchez, se portaron a la altura.
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Diana María Velásquez, de 29 años de edad, ya tomó la decisión, junto con su esposo, de abandonar San Carlos. Por delante, dice, está la crianza de dos hijos de 7 y 3 años de edad, a quienes se les trató de explicar lo sucedido.
Cortesía Policía
Este fue el lugar exacto donde fue encontrado el cadáver del niño.