• Medellín, 22 de agosto de 2014
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Dos árboles de ilustre abolengo
Iván Alzate Gómez, jardinero, cuida del único descendiente del Árbol Raro de Rionegro. FOTO JULIO CÉSAR HERRERA
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Dos árboles de ilustre abolengo

Algunos ejemplares del reino vegetal tienen una historia reconocida. Son símbolos de pueblos, como el cabuyo de San Rafael y el Árbol Raro de Rionegro.

Por JOHN SALDARRIAGA | Publicado el 2 de enero de 2013

Que quede claro: los únicos árboles de prestigio en el mundo no han sido el del Conocimiento del Bien y del Mal y el de la Vida. De los frutos del primero, dice el Génesis, Dios prohibió comer a Adán y a Eva y, cuando comieron, los expulsó para que no se atrevieran a consumir los del segundo. No, no son los únicos ilustres. Y nada más oportuno que ahora, en diciembre, cuando hacemos del árbol una métáfora de los deseos de prosperidad, para lo cual se atiborra un abeto artificial con frutos también artificiales de una diversidad imposible: rojos, amarillos, verdes, grandes, chicos, brillantes, opacos, demasiado esféricos, para hablar de dos árboles célebres en Antioquia.

Uno, es el cabuyo de San Rafael. Situado en el centro del parque principal de ese municipio del Oriente. No crean que es un árbol cualquiera: es el único testigo que queda vivo, ¡el único…, del traslado del pueblo, sucedido hace más de cien años. Y para colmo, en su historia hay una hierofanía, es decir, una manifestiación de lo divino.

Contemos primero que mineros de Santa Rosa de Osos, aturdidos por una fiebre del oro que no podían ya calmar en ese suelo del Norte porque el metal escaseaba, se traladaron a finales del siglo XIX a una cuchilla cercana a lo que hoy es San Rafael donde hallaron vetas y fueron formando un caserío. Sin embargo, el cura José de Jesús Correa se dio cuenta de que ese territorio tan escarpado no permitía el crecimiento de un pueblo y entendió que era necesario trasladarlo. Y salió con una cuadrilla de hombres a buscar un sitio más plano y grande para ello. Anduvo sin prisa, léase por varios años, por una selva en la que, según cuenta uno de quienes hoy se sienta a la sombra del cabuyo cuando no atiende una tienda frente al parque, José Nicolás Gómez, se destacaban palmas de cera. Un día, junto al cabuyo que era entonces un arbusto, le cayó parte de un árbol que talaban y lo hirió en la cabeza. Derramó mucha sangre. Según los autores de dos monografías de San Rafael, Belisario Giraldo y Francy Esther Del Valle, el cura y su cuadrilla recibieron el hecho como una señal divina del sitio alrededor del cual debía erigirse el nuevo pueblo.

—El árbol era mucho más alto que hoy —cuenta Octavio Quintana, otro sanrafaelita que goza de su sombra—. Le quitaron ramas del copo porque está enfermo de comején y los botánicos creían que podría caerse a pedazos.

Nadie en ese municipio tiene miedo de sentarse bajo el cabuyo, del que algunas lenguas afirman que "está coco por dentro". —Pero después de la poda quedó más verdecito. Hay un buho que tiene su casita en él; llega cada noche a quedarse ahí —revela Eliana, una chica que se sienta a ver el árbol y a una multitud de niños que, guiados por adolescentes catequistas, cantan a la Navidad.

No pocas personas se detienen bajo el célebre ejemplar vegetal a ver a Rafael Ceballos tejer una mochila de cabuya, típica de este pueblo, con la ayuda de cinco agujas largas. Y comentan que fue la gente la que se opuso a la tala del árbol simbólico hace cosa de siete años, cuando autoridades ambientales repartieron copias de un comunicado en el que hablaban de la enfermedad del cabuyo y la conveniencia de su tala. Nadie aceptó la eutanasia.

Árbol Raro
Otro vegetal insigne es el Árbol Raro de Rionegro. Quien ve este árbol, de aspecto tan sencillo, con sus ramas curvadas como formando entre todas una copa, sin letrero alguno que lo identifique o dé cuenta de su ilustre vida, no creería que tenga más de trescientos años. O más de quinientos, como sostienen otros. Y menos, que sea considerado como único en el mundo. Sí, único en su especie. Desde tiempos muy viejos han llevado muestras del ejemplar a herbarios y centros científicos del mundo y no han encontrado a ningún familiar del Raro.

Y no se crea que no es preocupante. Han intentando ayudarle a que tenga descendencia, poniendo a germinar algunas de sus semillas que surgen con apariencia de mangos cada cuatro años, pero sin suerte.

Sin embargo, la suerte del raro parece cambiar. Iván Alzate Gómez, uno de los jardineros del centro recreativo Comfama de Tutucán quien ha luchado por veintinueve años y medio, logró que una de esas semillas germinara y creciera. La sembró hace cinco años y el nuevo arbolito ya tiene un metro de altura.

—Al principio, trabajaba con Miguel Ángel Ortiz, un supervisor, que en paz descanse. Sembrábamos semillas en bolsas para trasplantarlas después. Una vez decidimos sembrar una en la sede de La Ceja. Todas germinan, sí, pero la planta que más dura no pasa de tres años. Aunque ahora creo que sí prendió.

El Licania Salicifolia Cuatrecasas, llamado así por quien patentó el ejemplar en 1951, José Cuatrecasas, sirvió de sombra al escritor Juan José Botero, el autor de Lejos del nido, en tertulias con amigos. No sabemos si el rionegrero escribiría algún poema o cuento dedicado a ese viejo verde que adorna la entrada principal del parquedero de ese centro recreativo.

—Había un letrero en el que se contaban los nombres y la historia del árbol, pero no sé adónde habrá ido a parar —dice Iván—, mírelo cómo está de vital y no le echo nada sobrenatural; solo el mismo abono que a las demás plantas.

Consciente de que, como decimos, este no es un árbol más en el mundo, Iván aspira a que en un futuro, cuando sus pasos no hollen más la Tierra, de él pueda decirse: "murió Iván Alzate, cuyo mayor logro fue haber sembrado un Árbol Raro".

EN DEFINITIVA

El cabuyo de San Rafael fue testigo del traslado del municipio, hace más de cien años, mientras que el Árbol Raro de Rionegro es único en el mundo y tiene cientos de años.

PARA SABER MÁS

SÍMBOLOS DE VIDA Y DE PROSPERIDAD

Los pueblos se identifican con sus árboles, especialmente con los centrales, porque han sido testigos de la historia, del esfuerzos y de los logros de varias generaciones.

En Antioquia, son célebres, entre otros, los samanes de Hispania; las ceibas de Andes y Envigado.

En escudos de varios municipios se ven algunos representantes vegetales, como el de este departamento que tiene platanera y palma. Y la palma de cera es uno de los símbolos de Colombia.

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3 Comentarios - 22 de agosto de 2014
  • emperador3 Comentario realizado el 3/5/2014 10:42:35 AM

    He encontrado varios arboles de esta misma especie en muy buen estado.

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  • JEALBO Comentario realizado el 1/2/2013 6:12:13 AM

    Que bien por don Iván Alzate, un hombre que ha entendido plenamente el sentido de las vida.

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  • jimy0718 Comentario realizado el 1/2/2013 3:57:35 AM

    Me encantan estas historias !!!!

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