El editorial "La feria de las vanidades" parecería firmado por Fernando Gómez Martínez, que ejerció siempre de bombero en los incendios políticos de su época.
¡Qué suave frescor se experimenta al constatar que la sabiduría de una mujer sale a pacificar los ánimos exaltados de los ilustres varones! La señora directora de El Colombiano, en su brillante editorial, ha sintonizado con José Martí, cuando escribió: "El lenguaje se hizo para expresar las ideas, no para ensuciarlas". Y el apóstol Santiago enseña: "Un poco de fuego basta para quemar todo un gran bosque. También la lengua es un fuego". La editorialista llama la atención de los colombianos contra las vanidades (orgullo, arrogancia o impulso de superioridad) que amenazan lanzarnos "a un abismo de polarizaciones y odios".
Erasmo de Rotterdam, en su "Elogio de la locura" , previene contra ese gran tirano que es la ira, "en oposición al poder solitario de la razón". En nuestras polarizaciones, la vanidad pretende imponer su tiranía, avivando nuestras discordias domésticas.
Los romanos recomendaban la "elegancia del derecho". Hay que salir a defender la elegancia de la prensa como una trinchera, "defenderla del caos y de las pesadillas", como dijera Mario Benedetti sobre la alegría. Defenderla como su primer atributo contra la ordinariez endémica y contra los exaltados. "El pueblo merece mejor dirigencia" y una prensa, en el ejercicio del bombero y no del incendiario.
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