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Marcello Paternostro, Reuters-Palermo, Italia
Con la captura de Provenzano, se pudo ver de nuevo el rostro del jefe de jefes de la Cosa Nostra, la organización criminal más fuerte de Italia.
El capo invisible está en la cárcel

 Bernardo Provenzano fue detenido en Corleone, Italia.


Efe-Roma, Italia
Con la detención de Bernardo Provenzano se pone fin a 43 años de búsqueda del jefe mafioso más escurridizo de Italia, cuya cara era desconocida incluso para sus "soldados" y que es considerado la mente de la Cosa Nostra siciliana.

Zio Binu (Tío Bernardo) nació en 1933 en Corleone, la mítica localidad siciliana símbolo de la mafia y cuna de mafiosos de postín. Se le conoce también como U tratturi, el Tractor, debido a su fuerza y determinación para disparar, matar y lo que hiciera falta.

Su carrera mafiosa comenzó en la década de 1950, cuando junto a Salvatore Riina, alias Toto, y Calogero Bagarella se convirtió en el lugarteniente del gran jefe de la mafia corleonesa Luciano Liggio.

Su primer trabajo fue liquidar a Francesco Streva, del clan contrario de Michelle Navarra. Buscado por la policía, pasó a paradero desconocido.

Con el paso de los años y tras dejar un reguero de sangre en la guerra entre clanes de la década de 1980, Riina y Provenzano se hicieron con el control de Cosa Nostra, después de vencer a la poderosas mafia de Palermo. Bagarella ya había sido asesinado.

El clan de los Corleoneses dominó Sicilia y Riina se erigió en el máximo representante, mientras Provenzano pasó a un supuesto segundo plano.

De él llegó a decir Luciano Liggio que "dispara como un dios, pero ¡qué pena que tenga el cerebro de una gallina!"

Según los conocedores de los entresijos de la Cosa Nostra, la verdad es otra: Zio Binu manejó durante medio siglo los hilos del reciclaje de dinero negro, del control de los contratos y de las relaciones con los políticos.

Arrepentidos mafiosos como Toto Cancemi y Gioacchino Pennino aseguraron que U tratturi siempre mantuvo el control "político" mientras que Riina fue "el jefe militar".

Sus relaciones con Riina fueron, según sus biógrafos, de amor-odio y cuando el gran jefe entre los jefes de la Cosa Nostra fue detenido el 15 de enero de 1993, dijo que sabía que Zio Binu era de su pueblo, pero que nunca lo conoció.

La única foto que se conocía de Provenzano era de 1959, lo que le permitió incluso burlar a las autoridades italianas en 2005, cuando viajó a Francia para operarse de próstata en un hospital de Marsella. Lo grotesco del caso fue que el mafioso -por cuya captura se ofrecía una recompensa de 2,5 millones de euros- presentó un formulario de la sanidad siciliana para poder ser intervenido en el extranjero sin necesidad de pagar, y pasó a la Región de Sicilia la factura de la operación y de los siete días de hospitalización.

Apoyado en la omerta (pacto de silencio) que rige en la mafia, Provenzano pasó todo este tiempo en la isla. Nadie lo reconoció y su voz nunca fue interceptada o reconocida por teléfono. Y es que Zio Binu siempre se comunicó con sus lugartenientes mediante papelitos, los mismos que ayer le fueron encontrados en un bolsillo del pantalón.

Durante estos años también se disfrazó para pasar inadvertido. La jefa mafiosa Giusy Vitale aseguró que Zio Binu en una ocasión se vistió de obispo para asistir a una cumbre de la Cosa Nostra.

Ayer, con 74 años, fue detenido en una casa de campo en las afueras de Corleone. De inmediato reconoció que era el hombre más buscado de Italia.




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