
En la twittercrónica recorrimos el centro y encontramos que el cariño por este diario reposa en cuadros que adornan los sitios más tradicionales.
Los locales comerciales emblemáticos del centro y EL COLOMBIANO tienen una particularidad: cuentan la historia de Medellín.
Y los salones Versalles, Astor y Málaga, por partida doble, porque desde la entrada se ven las páginas de este diario enmarcadas en las paredes. Lo vimos ayer en la mañana en el recorrido de la twittercrónica.
El argentino Leonardo Nieto, propietario de Versalles, considera que el periódico y su negocio han sido “primos hermanos. Cuando llegué a Medellín en 1960, Juan Zuleta Ferrer, exdirector de EL COLOMBIANO, fue mi consejero”.
Por su parte, Estela Alzate, administradora del Astor, confiesa que los coleccionistas “se babean por la publicidad” de este local que publicó EL COLOMBIANO en la década de 1930.
Mientras Gustavo Arteaga, dueño del Málaga, dice que a sus clientes les gusta sentarse y compartir el periódico. Eso sí, confiesa que el rediseño los ha afectado porque ya no lo pueden desarmar.
Sin embargo, William Tobón, visitante fiel de este salón de música antigua, indica que de a poco se ha venido adaptando al tabloide europeo.
Entre el olor a té y pasteles en unos, y mecida por el tango, pasillo y bambuco en el otro, la clientela conversa y, como los diarios, con palabras les toma el pulso al tiempo y a los acontecimientos.
Cubrimos esta ruta de historias y a nuestros seguidores en Twitter y Facebook les preguntamos qué guardan de la información que publicamos en estos 100 años.

@elcolombiano Yo tengo muchísimos recortes de patinaje, el deporte de mi familia. Berburi (q.e.p.d.) nos apoyaba mucho #twittercrónica.

@elcolombiano Yo tuve cuadernos con las canciones y bíos que sacaba Veracruz Stereo los viernes #twittercrónica.

@zonac_ @elcolombiano Guardaba muchos. Creo que me quedan muy pocas por aquello de “organizar el cuarto”.

“En mi trabajo está enmarcada una plancha de una publicación sobre la inauguración del metro de Medellín. Salió el 30 de noviembre de 1995 y explicó que el de Viena era gratuito y el de Chile había tenido una remodelación en esa época”.

Aún conservo recortes de una bella caricatura de Memo Ánjel, llamada Adolfo, el pájaro poeta. Cuando era adolescente, EL COLOMBIANO tenía una sección de música y los viernes publicaba traducciones de canciones.

Cuando me fui a vivir solo, mi mamá reunió varios papeles en un fólder. Lo que más me llamó la atención fue que mi mamá guardó el recorte de los resultados con los que pasé a la Universidad de Antioquia, algo emocionante para ella.
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