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El cuento aquel de los valores
LOS HIJOS VAN detrás de los padres, absorbiendo todo lo que hacen y llenando su vida con ello. Los valores se aprenden en casa y el ejemplo tiene mucho que ver.
Mónica Quintero Restrepo  - Medellín  | Publicado el 4 de noviembre de 2009
No espere que sus hijos hagan lo que usted no hace. Si dice mentiras, ellos también. Si no tiene paciencia, ellos tampoco.

Los hijos van detrás, casi como 'garrapaticas'.

Los padres, ineludible e indiscutible, son los primeros responsables de la educación de sus hijos. Después vendrá la escuela y la sociedad, pero "la primera y principal fuente es el hogar", enfatiza Ángela Marulanda, directora académica del jardín infantil Los delfines.

En ese aprendizaje los valores son fundamentales. "Los papás educan básicamente con su manera de decir, de aconsejar, de estar presentes, de corregir. Los hijos lo copian todo", señala María Mercedes Villegas, directora general y de familia del preescolar Carrizales.

Así, si usted es de los que le dice a su hijo que diga que no está en el teléfono, no espere que su hijo no le niegue después que, por ejemplo, sacó una A en matemáticas y no una E, como le gustaría.

"No tiene ningún sentido -añade María Mercedes - que les digamos que sean tolerantes con el otro, cuando la pareja no se tolera entre sí".

Es una cuestión de práctica, porque en los pequeños, eso de que las palabras se las lleva el viento, tiene mucho sentido.

"Un niño que en su casa recibe comportamientos agresivos o descorteses, así empezará a relacionarse con los demás", explica Ángela.

Aprendiendo con ellos
Los primeros años son la edad ideal para enseñar valores, en tanto se interiorizan con más facilidad y eso hace que el valor, convertido en hábito, sea parte de la vida y de la forma de ser de la persona, tanto así que no le cuesta esfuerzo realizarlo.

La directora del jardín Los delfines cuenta que la enseñanza debe iniciar desde que el niño nace y "empieza a recibir afecto y cuidado de la familia".

Ahora bien, hay periodos sensitivos, según lo expresa María Mercedes.

Para el orden la edad ideal son los tres primeros años; para la obediencia, del uno al seis; la amistad, de los 12 a los 15 años, y así en sucesiva.

"Podemos decir que a los 18 años hay un ser humano muy estructurado, es decir, un desarrollo de lo que es y lo que va a ser", indica la directora de familia.

Eso va de la mano con el hecho de que los valores no se aprenden todos al tiempo. "Una medida muy sana es ver qué le cuesta a mi hijo más -dice María Mercedes- y hacemos un plan de acción concreto para abarcarlo".

Eso implica unas metas, uno objetivos y, fundamental, la motivación. No es solo decir recoge, sino hacerlo jugando y explicando los beneficios. Ser ordenado, por ejemplo, hace que no se pierdan las fichas del rompecabezas.

Cuando se logre ese valor, se piensa en que deje las pataletas. "Es una cuestión de ir superando metas", insiste.

Y lo que no puede faltar, el acompañamiento, el dedicar tiempo de calidad a los pequeños. Vuelve el ejemplo de los padres: mostrar el valor del interés por el otro, léase su hijo. Usted es el que va adelante en la fila, que no se le olvide.

Análisis
Matrimonio: "¿la peor forma de suicidio?"
Dora Cecilia Suárez Isaza
Médica de familia


Como institución quizás no haya ninguna tan ridiculizada en los chistes populares, ni tan cuestionada como el matrimonio. Sin embargo?

No hace falta ser demasiado observador para darse cuenta de que: vínculo religioso, civil o simple convivencia, vida en comunidad religiosa o laica, relaciones entre hermanos, compañeros de trabajo, en fin, cualquier grupo humano que viva bajo el mismo techo al fin de cuentas tiene dificultades en su trato cotidiano.

Convivir es un arte mayor que nunca terminamos de aprender. No es sino preguntarles, por ejemplo, a los monjes acerca de sus relaciones con sus compañeros de ruta espiritual. Encontraríamos "bellezas"?

Resulta muy sencillo decir que el matrimonio es "la peor forma de suicidio" y posiblemente para algunos lo sea.

¿Será entonces por el tipo de vínculo?

¿A cuántos nos orientaron en la adecuada selección de pareja antes de estar enamorados en ese, delicioso pero peligroso, período de locura a dúo, para entonces decirnos: ese muchacho no le conviene o intentar por medios coercitivos llevarnos a recuperar el sano juicio, cuando? ya no había nada que hacer?

¿A cuántos nos enseñaron acerca del ciclo vital de la familia y cómo afrontar las crisis que generan los cambios en sus distintas etapas?

¿A cuántos nos dieron instrucción acerca de comunicación asertiva para manejar adecuadamente las relaciones humanas?

Aprendimos de modelos que venían de un mundo en el cual todo se iba dando, por inercia. Una inercia dañina y peligrosa por cuanto quita responsabilidad e impide crecer.

La evolución biológica ha ido generando formas adaptativas más eficaces para la supervivencia del género humano, sin embargo, la evolución en desarrollo humano parece estancada en modelos arcaicos.

¿Será entonces que el matrimonio es la peor forma de convivencia, o será que no nos prepararon para asumirlo con madurez y criterio y con menos culto al ego?

¿Será que no aprendimos a ser felices con nosotros mismos y esperamos que la pareja venga a llenar nuestras carencias afectivas, espirituales, económicas??

¿Serán quienes nos educaron los "culpables" de esa ignorancia?

¿Por qué si hacemos cursos para aprender a conducir, a nadar, a hablar inglés, a cocinar? casi nadie se motiva a aprender a construir una familia funcional?

¿Por qué le dejamos al azar el aprendizaje para formar unos hijos responsables, exitosos, saludables y en cambio los inscribimos en cuanto curso extracurricular hay, usurpándoles un tiempo valioso de familia y juego?

¿Será que al no casarnos nos protegemos realmente de las dificultades de la convivencia?

¿Será verdad como lo creen algunos que el vínculo religioso es el causante de los problemas de pareja y que tener la libertad de separarse minimiza los riesgos del fracaso en la relación?

Son algunas reflexiones sobre un tema complejo, pero vital en la construcción de un país mejor.

Contexto

1. El ejemplo es fundamental. Si quiere que sus hijos sean respetuosos, respételos a ellos y respete a los demás.

2. Los valores deben interiorizarse, lo que hace más fácil aplicarlos. Para lograrlo, motive a sus hijos. Explíqueles los beneficios.

3. El juego y los cuentos son una manera para que sus hijos vuelva hábitos los valores. Así como escucharlos, hablar con ellos y tratarlos bien.

4. La práctica es indispensable. Los juegos de rol le ayudan a mostrarle cómo comportarse y dejan ver, también, cómo es su familia.



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Los valores se aprenden en casa. La edad ideal son los primeros años, incluso hasta los 18, cuando se llega a la mayoría de edad y se espera que sean personas con buenos hábitos. No significa que alguien a los 20 o 30 no pueda cambiar, pero de seguro le será un poco más difícil.



 
 
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