Llegar a la línea de salida. Ese fue el primer reto que tuvieron ayer los 123 inscritos para la prueba del downhill del Clásico El Colombiano, en el municipio de Caldas.
Desde muy temprano los arriesgados gomosos de este deporte extremo recorrieron las calles de la localidad buscando los carros habilitados por la organización para su ascenso a la pista La Merced, ubicada en una de las veredas más empinadas de Caldas. Y es que para la práctica de esta disciplina es indispensable un escenario de esas características, que permita un descenso vertiginoso, de miedo.
Edilberto Cuervo, un experimentado ciclomontañista del municipio de Montebello alabó las bondades, tanto del evento como del terreno: “el ánimo es muy bueno. En este tipo de deporte el talento sobra en nuestro país, lo que falta es más patrocinio. La pista es excelente y la gente está muy entusiasmada con el evento”.
Entre bicicletas, cascos, pecheras, coderas, rodilleras y guantes, los participantes esperaron ansiosos que los jueces les dieran la orden de salida y llamó la atención la presencia femenina. Tres jóvenes chicas desafiaron el terreno y a los hombres para disfrutar al máximo del reto. Ellas fueron las únicas mujeres inscritas.
Melisa Gallego, de 22 años; Jennifer Zapata, de 26; y Adriana Arango, de 19, eran la novedad de la competencia y pedalazo a pedalazo, cumplieron con su objetivo. “Nos caímos un par de veces pero súper bacana la experiencia”, comentó Adriana aún con la voz entrecortada y la adrenalina al límite al finalizar su participación.
El trayecto de 1.2 kilómetros era similar a estar en una montaña rusa, pero en descenso y a toda velocidad. Y eso no era todo; había que esquivar piedras, rampas, pantanos y desniveles a velocidades superiores a los 30 kilómetros por hora en los novatos y hasta de 40 en los élites.
El objetivo era llegar en el menor tiempo posible a la meta, pero en realidad los competidores, más que un podio o un resultado, disfrutaron con la prueba y el paisaje que les ofrecía una vista maravillosa.
El promedio en la bajada fue entre 3 y 6 minutos. Mientras que algunos aficionados, que decidieron acompañar a los corredores caminando por las faldas de la montaña de forma paralela a la pista se tomaron unos 4o minutos, pero la ocasión ameritaba el ejercicio físico.
En una que otra caída que hubo, los organismos de socorro estuvieron prestos a atender a los “damnificados” que, en vez de renegar por su suerte y mientras eran vendados, reconocían que eso hacía parte de la sensación de peligro que transmite este deporte y que la gente joven sea la que más apetece practicarlo.
La tarde la cerraron los más experimentados que durante el evento estuvieron dándole claves a quienes recién empiezan en una goma que sigue tomando impulso