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ESPERANDO A UN BÁRBARO
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ESPERANDO A UN BÁRBARO

Por ARTURO GUERRERO | Publicado el 3 de abril de 2013

La semana entrante estará Coetzee entre nosotros. No necesita nombres de pila, le bastan dos iniciales, J. M. Con semejante apellido enraizado en Neerlandia y con su pinta a lo Clint Eastwood, el Nobel sudafricano afincado en Australia es inconfundible. Replegado sobre sí mismo, aplicado a sus letras por encima de la celebridad, es milagro que venga a Colombia.

Se purgó de la melosería desde adolescente porque supo arrimarse a excelente árbol, el poeta Eliot, cuya frase lo derribó: "la poesía no es un dejar libre la emoción, sino una huida de la emoción". "Le horroriza derramar mera emoción en la página -comentó a propósito Coetzee en su novela autobiográfica "Juventud"-. Una vez ha empezado a derramarse, no sabe cómo detenerla. La prosa, afortunadamente, no requiere emoción: eso puede decirse en su favor".

Anclado en esta proclamación diríase matemática -él es matemático- de la literatura, el novelista afrikáner erige una obra quirúrgica en que se expone a sí mismo, a su país y a la civilización occidental, con fiereza espartana. Seguramente por eso mantiene mirada aguileña, delgadez felina, ceño al acecho.

En "Diario de un mal año", rara fusión de ensayo y narrativa, formula una profesión ética consonante: "todavía he de averiguar cómo se las arregla la gente para sobresalir en actividades atléticas y, al mismo tiempo, no ser moralmente excepcional. Es decir, pese a toda una vida de aprendizaje en la escuela del escepticismo, todavía parezco creer que la excelencia, areté, es indivisible".

Lee sin problema en español a César Vallejo, Nicolás Guillén y Pablo Neruda; frecuenta en su original a los más altos poetas ingleses y alemanes; no puede con el idioma francés, que se le resiste; deplora que "de todas las naciones, la holandesa es la más apagada, la más antipoética".

En medio de la veleidad romántica de sus años universitarios, aclara una ruta: "ha pensado en un pacto -escribe de sí mismo- que está dispuesto a ofrecerles a las mujeres de su vida: si le tratan como a un misterio, las tratará como a un libro cerrado. Solo y exclusivamente sobre esta base se podrá comerciar".

He aquí al hombre cuya visita de algún modo secreto hemos merecido en esta hora de conflictos que quieren cesar y no cesan. No será coincidencia que entre sus primeras novelas figure "Esperando a los bárbaros", parábola conmovedora sobre bandoleros que amenazan el poder de un imperio.

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