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Evelio Rosero en un juego de historia
Juan Fernando Cano, Enviado Especial, Cartagena | Evelio Rosero tiene varias novelas para grandes y para niños. En sus últimos años se ha dedicado a escribir para los primeros, aunque espera hacerlo próximamente para los chicos. En La carroza de Bolívar, Rosero pone en jaque la historia del Libertador, mientras reivindica a otros personajes, como el indio Agualongo y el historiador José Rafael Sañudo.

Evelio Rosero en un juego de historia

EL ESCRITOR BOGOTANO, y también pastuso, presentó ayer su libro La carroza de Bolívar, en una charla con Gustavo Tatis, en el Hay Festival. Un relato que le da otra mirada al Libertador, opuesta a la del común.

Mónica Quintero Restrepo | Enviada especial, Cartagena | Publicado el 29 de enero de 2012

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Evelio se quitó el José. Se quitó ese José bíblico con el que a estas alturas ya no está tan de acuerdo. No le había interesado definir su nombre como escritor. Se llama Evelio José Rosero Diago y a veces firmaba Evelio José Rosero, Evelio Rosero, Evelio J. Rosero, a veces completo. Hacía todas las combinaciones posibles de sus cuatro palabras.

"Eso fue un juego conmigo mismo", aunque los editores le decían que era mejor mantener un nombre uniforme, para que el lector lo encontrara. "De veras era un capricho, el momento anímico en el que me encontrara". Ya, después de muchos libros y muchos años, se quedó con el primero del nombre y el primero del apellido. Ya le complace. Ya es un escritor de un nombre.

Evelio Rosero no es ahora tan extraño como antes de Los Ejércitos y el premio Tusquets. La agenda la tiene llena de entrevistas, pese a que él preferiría por correo. Se ríe. Le preocupa que termine repitiendo. Es tímido. Además amable. Muy observador.

Usted ha dicho que cada obra tiene su historia. ¿Cuál es el de La carroza de Bolívar?
"Tiene que ver sobre todo con mi memoria. En Pasto, donde viví parte de mi infancia, yo nací en Bogotá, pero soy de ascendencia nariñense, en algunas ocasiones escuché a mis padres, con tíos y con amigos, que cuando se referían a la historia de la independencia, al paso de Bolívar por el sur de Colombia, no lo hacían en buenos términos y eso a mí, que era niño, me causaba bastante controversia, porque en el colegio, uno escucha otra semblanza de Bolívar: es el héroe, una persona magnánima. El adalid intachable, infalible, y en estas conversaciones escuchaba todo lo contrario y esa fue mi primera curiosidad, no definitiva. Con el tiempo, en la universidad, leyendo a otros autores, comencé a verificar que tal vez que esa imagen que conocía a través de los libros estaba más de acuerdo con lo que hablaban mis padres, sobre todo cuando leía a José Rafael Sañudo".

Que es el referente histórico de la novela?
"Lo que no quiere decir que yo no haya consultado otras obras e historias sobre Bolívar, muchas de ellas que encomiaban su trabajo y justificaban todos sus actos y sus malas actuaciones, no solo con Nariño, sino con diferentes pueblos, su interés por el poder, su ambición, todo esto desconocido por la mayoría de historiadores que yo indagué. Sin embargo también encontré otras voces y creo que Sañudo es un escritor muy documentado, muy veraz y por eso en su obra basé toda la información histórica de mi novela".

¿Reivindica a Sañudo y a Pasto?
"Creo que es un homenaje a Sañudo que, insisto, no era un escritor antibolivariano, simplemente era un escritor veraz, pero es muy objetivo, dice las cosas como son, reconoce la gran energía de Bolívar en muchos aspectos, pero en los más importantes pone los puntos sobre las íes".

Eso también lo quiere hacer usted con la novela
"Pues sí, porque yo creo que no ha sido todavía reconocido qué posición tenía Pasto con la Independencia. Yo no creo que haya sido en realidad un baluarte realista.

Ellos sencillamente tuvieron que defender sus saberes, no solamente sus tierras, sino su vida de los libertadores, entre comillas, porque los libertadores llegaron fue a matar a diestra y siniestra.

Todo esto venía del rencor de Bolívar por haber perdido la batalla de Bomboná, donde fue derrotado por nariñenses y un ejército conformado no sólo por hombres, sino por mujeres y niños armados de palo, que lo obligaron a retroceder. La historia oficial dice que Bolívar ganó en Bomboná y eso es mentira, eso es falso. Esa espina jamás se la pudo quitar Bolívar y por eso considero su rencor hacia Pasto y los pastusos".

¿Es, de cierta manera, un 'des-homenaje' a Bolívar?
"Creo que más bien busca una reflexión sobre nuestro pasado. Yo no pretendo crear polémica ni resquemores. Es mi posición, mi opinión y con todo el respeto escucharía la opinión contraria de cualquier historiador o estudioso de Bolívar. Cuando hablo de la historia no hago ficción, me acojo a lo que ocurrió realmente en el departamento de Nariño, a esa primera masacre de la historia de la República, que fue la Navidad Negra, en 1822, cuando 400 pastusos, hombres, mujeres, niños, amanecieron muertos. Ya la ciudad estaba indefensa, Agualongo había salido de Pasto, de manera que no había por qué matar y entrar a matar de esa manera, como ocurrió en la Navidad".

Ha dicho que la imaginación es parte de su escritura, pero aquí los datos históricos eran importantes. ¿Ese fue el gran reto, unir historia y ficción?
"Más bien entrelazarlas. Fue un reto para mí como escritor. No vuelvo a escribir una novela histórica jamás, ya fue una suficiente experiencia. Estuve cuatro años de cabeza entre los libros de historia, que son muy áridos, pero que por supuesto, en este caso, eran necesarios que yo conociera para adelantar mi trabajo novelístico. Fue algo muy distinto, por eso mismo también me sentí atraído al principio, para ver si era posible escribir una novela histórica, pero manteniendo mi trabajo literario, mi elaboración estilística, formal de las novelas. Espero haberlo logrado".

Se ha ganado muchos premios, pero es con Los Ejércitos que su nombre empieza a ganar fuerza, después del premio Tusquets. ¿Qué cambió?
"Esa pregunta también me la hago yo. Cuando tenía 16 años gané, fui finalista del premio de Anagrama, el premio Herralde de novela, con Juliana los mira , que es el amor de dos niñas de 10 años y que se publicó y fue traducida a los idiomas escandinavos de inmediato, tuvo mucha resonancia internacional en su momento, estoy hablando de 1986.

Sin embargo en Colombia no pasó, nadie dijo nada y eso fue desconcertante para mí.

Luego publiqué otros libros, novelas sobre todo, y me sentí siempre rodeado de silencio. Creo que hay algo de azar en esto, con el premio Tusquets ocurrió todo lo contrario para mi sorpresa y después de Los Ejércitos y con el premio de Inglaterra, The Independence, luego vino otro muy importante para mí, el de Aloa de Dinamarca, que es un premio concedido por editores y escritores a la mejor obra traducida al Danés. Ese premio fue para mí muy significativo. Entonces empezaron a dar resonancia internacional a mi obra. Tusquets publicó después Los almuerzos , que se publicó en Medellín hace diez años y también silencio alrededor, desconcertante y ni siquiera una breve reseña y para mí es una novelita que me gustaba mucho y, sin embargo, ahora la que la publicó Tusquets se tradujo al inglés, se va a traducir al japonés.

Entonces a mí esta resonancia internacional me conforta, porque refrenda mi trabajo, pero sí me desconcierta que hace diez años, también en Colombia, pero yo creo que ocurre con todos los escritores colombianos, nadie haya dicho nada. Yo no escribo para ganar concursos, también insisto en ello, trabajo mi obra y si no tengo un editor y sobre todo no tengo medios económicos, recurría a los concursos. El escritor con eso tiene la oportunidad de tener una bolsa de trabajo o de publicar su obra. Entonces fue por eso que recurrí a varios concursos y tuve la suerte de ganar la mayoría de ellos".

Uno siente que los premios fueron esa posibilidad que encontró de ser reconocido?
"Por lo menos yo pensaba que a través de ellos las editoriales se interesarían en mi trabajo. No soy muy elocuente en los cocteles, tampoco asisto a ellos, sé que allí es donde uno puede hacer contacto con los editores, pero yo pensaba que era la calidad de la obra la que finalmente podría imponerse y así perseveré durante años y creo que gracias también al trabajo de Tusquets la obra ya se está dando a conocer".

¿Por qué se lee por ahí que Evelio no se divierte escribiendo?
"Para mí la literatura es una necesidad vital. Yo no me explico la vida sin escribir, pero yo admiro y envidio a los escritores que se divierten escribiendo, que se ríen. En mi caso, siento que padezco más la creación literaria y todos esos días que me impongo de rigor, yo escribo, cuando estoy escribiendo una novela, mañana, tarde y noche. De manera casi que compulsiva, procuro elaborar y reelaborar seis, doce veces, catorce veces el mismo párrafo y por eso creo que no disfruto con alegría la elaboración literaria. Si hay retribuciones para mí, pero no es precisamente la de la felicidad. Más bien siento felicidad leyendo, ese sí es un placer".

Ha sobrevivido de la literatura, hasta tocó flauta en París?
"Sigo sobreviviendo, ahora ya más cómodamente, por supuesto, pero antes tenía que recurrir a talleres, a conferencias, para poder pagar un arrendamiento. En fin".

En la cinta del libro se lee una frase que publicó Time Out New York: 'Rosero parece destinado a suceder a García Márquez como el novelista más importante de Colombia'. Uno se queda perplejo. "Igual, perplejo (risas). Yo no estoy pretendiendo suceder a García Márquez y mucho menos. Lo dice este periodista y me siento halagado, pero no creo que nadie pueda suceder a García Márquez ni en Colombia ni en el mundo. Para mí es el único clásico vivo y el último, acaso. Admiro mucho su obra, discrepo de su planteamiento histórico en El general en su laberinto , pero aparte de eso, me parece un escritor grande".


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