
Si su papá no le quiso dar amor, en otra parte sí habrían de quererla y respetarla. Por eso, desde cuando llegó al Hogar Juvenil Judith Jaramillo, de Bello, la vida cambió para Susana (*).
Cuando tenía diez años, a esta niña no le quedó más remedio que salir de casa con su hermanita menor a buscar un refugio donde la quisieran. Y así llegó al hogar Judith, donde además de suplirle sus necesidades básicas, le han enseñado cosas que antes ni conocía.
"Sobre todo valores, respeto, amor, tolerancia, que es difícil", reconoce la niña, ahora de 12 años y estudiante de grado 5. Ya no sufre el maltrato al que su padre la había acostumbrado.
La situación por la que llegó a este refugio de amor es similar a la de otras 86 niñas con las que convive y comparte cada día.
Para todas ellas, ayer hubo una jornada especial. Les hicieron fiesta, les llevaron regalos, kits escolares y ropa, y y hasta cantaron y les arreglaron el cabello y las uñas.
La fiesta la llevó la Fundación Internacional María Luisa Moreno, que realiza una labor social y educativa en comunidades marginadas de Colombia y el mundo.
Esta vez eligió para su actividad al Hogar Judith Jaramillo porque es el refugio de muchas niñas y jóvenes que en el Valle de Aburrá son víctimas de desplazamiento, violencia en sus distintas formas y maltrato.
"Conocimos el hogar y vimos la gran labor que se hace con las niñas acá", explicó Adriana Londoño, coordinadora en Antioquia de la Fundación María Luisa.
Quieren ser médicas
Cindy (*), una jovencita de 17 años y natural de una población de Urabá, manifiesta que se siente feliz desde que llegó al Judith, pues antes tenía que luchar mucho para mantenerse.
"Mis papás viven en una vereda y no tenían para darme estudio ni nada, entonces me vine a buscar mi oportunidad, desde niña me ha tocado trabajar en muchas cosas, me gusta luchar", comentó mientras una estilista le alisaba el cabello.
En el momento cursa grado 7, pues los problemas familiares le atrasaron un poco su desarrollo académico. Pero ya va decidida a terminar el bachillerato y estudiar una carrera.
"Quiero ser doctora, estudiar medicina", dijo.
El Hogar Judith le está dando el apoyo: alimentación, estudio, ropa y enseñanza en valores. Vive feliz.
La hermana María Yolanda Rojas recuerda que el hogar existe hace 70 años.
"Lo fundó la madre Margarita Fonseca, en Bogotá, durante la 'Guerra de los Mil Días', para acoger a las hijas y viudas de los padres que morían en la batalla".
Luego se expandió y hoy hay hogares en muchas ciudades del país. Tienen una filosofía similar: "ayudar a las niñas que estén en situación de riesgo", añade la religiosa.
Ayer todo fue risas, baile y felicidad. Dos entidades cargadas de humanismo se unieron para darles alegría a 87 niñas que a sus cortas edades han sabido lo que es el maltrato y el abandono y que ahora avizoran un futuro mejor. Como les pasa a Susana y a Cindy, que alimentan en sus mentes el sueño de ser doctoras.
(*) Nombres cambiados para proteger a las menores
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Que buena obra estan realizando, en verdad que es de admirar el vaor y las ganas de salir adelante de todas estas jovencitas, Dios les de mucha saluda para que puedan cumplir sus sueños.


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