Ya son 34 los futbolistas profesionales que, amparados en la Ley de Acoso Laboral, le pusieron tatequieto a las estrategias que usan algunos clubes para castigarlos por un presunto bajo rendimiento, hacerlos aburrir y precipitar su renuncia.
El reporte es de Carlos González Puche, presidente de la Asociación Colombiana de Futbolistas Profesionales, que tiene afiliados a 1.228 jugadores, equivalentes al 98 por ciento de estos deportistas. A los afectados los separaron en su momento del resto del club. Los pusieron a entrenar aparte y sin preparador físico. Les impidieron usar el bus del club. A varios no les dieron uniforme para el entrenamiento. Y no faltó al que le cambiaron el horario de trabajo y lo pasaron de la cancha a una oficina.
Los denunciantes han sido: Ricardo Manuel Ciciliano, Giovanny García, Jorge López Caballero, José Mera, Felipe Arce, Óscar Díaz, Carlos Arias, Yonni Hinestroza, Iván Trujillo, Juan M. Perillo (argentino), Juan Diego González, Juan David Restrepo, Ramiro Sánchez, Pablo González, Juan Sergio Guzmán, Eliécer Díaz Maturana, Luis E. Carmona, Alexander Lozada, Jhon Edwin García, Jaider Rodríguez, Jamison Hurtado, Daniel Briceño, Carlos González (paraguayo), Erwin Maturana, Gilberto García, Francisco Primera, Carlos Angulo, David Montoya, Arnaldo Alonso (paraguayo), Manuel Galarcio, Ricardo Álvarez, León Darío Muñoz, Jhon Jairo Charria y José Benjamín Cáceres Burgos (paraguayo).
La buena noticia es que en todos los casos se retiraron las demandas porque las partes conciliaron. González Puche afirma que los clubes saben que con la sola acta que levanta el inspector del trabajo al constatar los hechos denunciados, un jugador puede avalar su decisión de cancelar el contrato por causa justa y quedar como dueño de sus derechos deportivos. Eso, por supuesto, es más grave, patrimonialmente hablando, que las bajas multas contempladas en la Ley de Acoso Laboral.
El ex gerente deportivo de un club profesional confirma que estas denuncias han ayudado a replantear prácticas sancionatorias que son tan viejas como el mismo fútbol, o sea más de 60 años.
El problema, dice, es que las normas protegen hoy más a los jugadores que a los clubes y eso complica el manejo del bajo rendimiento o la falta de espíritu competitivo. Por eso la Fifa analiza con lupa los reglamentos.