" Ante la violencia hay que "aguantar"... "quien prometa seguridad estará mintiendo". Frases del Presidente de Guatemala, Álvaro Colom.
No hay que ser adivino para saber que como Colombia está fumigando a los actores ilegales y narcotraficantes desde el sur y por el norte al fin un presidente mexicano se atrevió a hacer lo mismo, las alimañas buscarán refugio en Centroamérica.
Son muchos los factores que hacen a países centroamericanos y a Guatemala en particular, aptos para el refugio, instalación y prosperidad de narcotraficantes y las demás ramas delictivas que se asocian con ellos. Guatemala, un bello país de gente amable que quiere progresar y estudiar, de excelente trato con los visitantes, es también un país con un aparato institucional débil y más pequeño que su territorio. Estas características son propias de otros países de la región, pero las circunstancias particulares de este país hacen pensar que los efectos actuales y futuros que el fenómeno del narcotráfico está generando, están empujando nubes negras en el horizonte guatemalteco.
Como en muchos otros países, el imperio de la ley en Guatemala se ha visto deteriorado desde hace años por la corrupción de una parte de su clase política y judicial, pero el factor catalizador de este proceso parece ser la convicción de su actual presidente según la cual la seguridad no es la prioridad. El presidente Colom, que coquetea con el ALBA, parece una "buena persona" que se clasifica a sí mismo como un "social demócrata", como si viviera en Europa, pero en el ejercicio del poder es una mezcla de ingenuidad, para unas cosas, con las mismas mañas de los dañinos populistas baratos.
Empeñado en el asistencialismo como fórmula y no como herramienta coyuntural, al repartir mercados de puerta en puerta, pero con previa carnetización para tecnificar el clientelismo, está empeñando el futuro de su país con tal de asegurar la continuidad del apellido Colom en el poder a través de su esposa Sandra, que es quien da la cara en esta repartija de bolsas con comida. La clonación de la fórmula kirchneriana, que ojalá no le signifique en el futuro un infarto al actual presidente guatemalteco, de perpetuarse en el poder por medio de su cónyuge con dineros que estaban destinados para seguridad y para la policía, es un acto de miopía e irresponsabilidad descomunal.
La infiltración de actores ilegales en los tribunales, gobiernos locales y en la actividad política, como el caso de Manolito Castillo, es hoy preocupante, pero es solo la muestra de lo que se le puede venir a Guatemala si no le da prioridad al fortalecimiento de la justicia y de los aparatos de seguridad. La mezcla de debilidad institucional, ausencia de decisión gubernamental, distanciamiento entre la clase empresarial del país con su presidente, como es el caso de los recientes enfrentamientos entre la familia dueña de la famosa cadena "Pollo Campero" con el presidente Colom, la presencia de narcotraficantes mexicanos y colombianos de todos los pelambres, instituciones delincuenciales como las "maras", dispuestas a servir al mejor postor, son ingredientes de una situación potencialmente explosiva que puede ser la repetición de lo que ya en Colombia sufrimos por la indolencia de la clase política, empresarial y en general de la sociedad.
Las próximas elecciones en Guatemala, espero estar equivocado, estarán plagadas de dinero mal habido y si el estómago va a ser el órgano decisor y no el cerebro, veremos a Sandra Torres recibiendo la banda presidencial de manos de su esposo, al mejor estilo argentino, pero en un país destinado a un sufrimiento que no se merece.
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