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Rodrigo Martínez
Con profesores voluntarios, el hogar cuenta con talleres de pequeñas empresas donde las madres aprenden a trabajar. Una vez capacitadas, muchas salen al mercado laboral. otras estudian bachillerato para seguir una carrera.
Hogar San Rafael, un oasis de amor

 Esta obra funciona en el barrio santa Mónica II de Medellín.


Por
Rodrigo Alberto Martínez Arango
Medellín

De la sala cuna del segundo piso del Hogar San Rafael, donde jugaban con otros niños, salen corriendo sonrientes, Alejandra y los mellizos Santiago y Sebastián. Tanta euforia se debe a la presencia en el sitio de la madre Rosalía Taborda, a quien abrazan con cariño.

Alejandra y los mellizos, todos de cuatro años, son los hijos de madres solteras que encontraron su casa en este hogar, una entidad sin ánimo de lucro que no recibe aportes del Estado y solo subsiste de la caridad de algunas empresas, la Fundación Saciar y familias voluntarias.

En un salón del segundo piso, un grupo de mamás y futuras madres están en clase de pequeñas empresas. Con la colaboración de una profesora voluntaria elaboran adornos de comedor.

Yuliet Paola Silgado Martínez, es una de esas jóvenes. Llegó con su madre, empleada del servicio, procedente de Montería.

Quedó en embarazo y consideró que estar en la casa de los patrones no era lo mejor. "Entonces la patrona me recomendó el Hogar. Ya estoy a punto de tener mi bebé. Aquí me distraigo, nos brindan cariño y amistad. Soy bachiller y el año entrante espero estudiar Hotelería y Turismo y aquí me apoyan esa idea", indicó Tatiana.

Celia Crespo es la madre de los mellizos, trabaja en confecciones en el Centro y llega al hogar pasadas las seis de la tarde. "Esta es mi casa. Vivo en ella hace 4 años y aquí tuve a los niños y me capacité. Los mellizos están bien cuidados y por eso salgo tranquila", destacó la madre antes de entrar a su cuarto.

El Hogar San Rafael es una obra de la comunidad católica francesa Hijas del Corazón Misericordioso de María, a la cual la madre Rosalía pertenece hace 32 años. Funciona, desde hace 38 años, en un lote del barrio Santa Mónica II, en el occidente de Medellín y por él han pasado más de 2.500 madres, muchas de ellas hoy con un hogar estable y otras profesionales.

Su ambiente es campestre y tranquilo, parece un oasis verde en medio de los edificios y casas de Santa Mónica. Consta de una guardería, una capilla, salas de televisión, dos cocinas, habitaciones para sus madres y sus niños y amplias zonas verdes.

También prestan sus servicios sin ningún costo, un abogado, un médico general, un ginecobstetra, una pediatra y el capellán, padre Miguel Ángel González.

Dolor de cabeza
En 2001, varias familias francesas, que conocieron la obra, hicieron aportes para construir una guardería con el fin de iniciar la capacitación de los niños. Dentro del lote se levantó el local y empezó a funcionar con cuatro profesoras.

Para pagarles a las docentes, cancelar servicios públicos y sostener a los pequeños del hogar con sus útiles y uniformes, abrieron matrículas para niños del vecindario con una módica cuota. "Estábamos exentos del predial, pero por la guardería, nos empezaron a cobrar. En seis años acumulamos una deuda de 82 millones de pesos, que ya negociamos con el Municipio, pero no podemos seguir pagándolo, vamos a tener qué cerrar la guardería", advirtió la madre.

La Administración
John Jairo González, líder del programa Jurídico de la Secretaría de Hacienda, indicó que la comunidad se dejó atrasar en el pago del predial, que llegó a $82 millones. "Hicimos un arreglo y tomamos una parte del lote que nos cedieron para una vía. Le reconocimos 92 millones de pesos y así quedaron a paz y salvo. El hogar estaba exento del impuesto por ser una entidad sin ánimo de lucro. Cuando abrieron la guardería, el Municipio, por ley, le tuvo que cobrar el predial, pero sólo por la guardería, que es un 30 por ciento del lote. Pero vamos a reestudiar el caso".

Con un equipo de Rentas de Contabilidad dijo que se analizarán los estados contables y con Catastro en qué están destinadas esas áreas. "Si cumplen los requisitos de ley se les da el beneficio", dijo el funcionario.



Ayuda al lector

La opinión
“Llegué de Istmina Chocó, hace siete años. En el parto perdí al bebé, pero me amañé y me quedé. Estoy encargada de la cocina y quiero estudiar gastronomía”.
Marta Cruz Martínez Murillo. Este año termina bachillerato

“Soy vecina del Hogar. Vengo todas las tardes a cuidar a los bebés. Les cambio pañales. Son como mis hijos, ya he ayudado a criar a muchos, es una alegría muy grande venir aquí”
Ligia Garcés Agudelo, voluntaria de la obra


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