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Homenaje a los burócratas

  • Samuel Arango M. | Samuel Arango M.
    Samuel Arango M. | Samuel Arango M.
07 de noviembre de 2010
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Burócrata y funcionario sin sinónimos. No tengo nada contra ellos, siempre me han parecido dignos de admiración porque entre otras cosas son capaces de multiplicarse sin la intervención del sexo. Una amiga me asegura que su esposo funcionario es maravilloso porque no llega cansado a la casa y además ya se ha leído el periódico y mirado el correo electrónico. Lo que sí me molesta un poco es que a algunos funcionarios les pasa lo mismo que a los libros de las bibliotecas, y es que los más inútiles están casi siempre más arriba y son inabordables. El funcionario es capaz de trabajar sólo dos días a la semana, eso sí, bien repartiditos en los cinco días que va a la oficina. Además, están siempre ocupados, no les falta el trabajo, ya que los funcionarios se dan trabajo los unos a los otros y además se echan la culpa los unos a los otros, lo que los hace muy solidarios.

Todos los burócratas tienen vocación de jefes aunque se comporten como subordinados. De todas maneras un jefe es una persona cualquiera con la ventaja de que él tampoco sabe nada. El jefe es el que llega temprano cuando los empleados llegan tarde y llega tarde cuando los empleados llegan temprano. El que siempre aparece sólo cuando los empleados montan los pies en el escritorio o empiezan a hacer el crucigrama del periódico. Lo difícil para los burócratas es soportar al jefe cuando a éste le da por hacer cambios, pero lo interesante es que ellos se encargan de que todo siga tal como estaba. El burócrata tiene muy clara la creencia de que el jefe siempre tiene la razón, especialmente cuando no la tiene.

Hay jefes con éxito y sin éxito, de todas maneras el éxito es de ellos y el fracaso de sus empleados. Para ser jefe es importante estar en el lugar adecuado, a la hora adecuada y decir la frase adecuada delante de la gente adecuada. Olafo dice que para ser jefe hay que tener persistencia, ingenuidad y mala suerte. La vida es tan paradójica que muchos burócratas que caen, lo hacen ascendiendo a jefes aunque lo más probable es que así lleguen al pedestal de su propio ridículo o incompetencia. El mejor amigo del burócrata es el celular, pero también es amigo y experto en comités, en los que lo importante se dice en cinco minutos y las otras dos horas son simplemente para compartir la burocracia y actualizarse en los chismes de alcoba. Un burócrata (o burrócrata, como decía un amigo gringo) que trabaja mucho hay que despedirlo porque desentona con el resto del personal y hace que las cosas que nos gastan días se resuelvan en minutos.

Un comité es un sitio interesante porque es donde cada uno opina lo que cree que es lo más inteligente mientras los demás dibujan piernas bonitas. Los mejores empleados son los que van al comité y no modulan, escuchan el orden del día, escuchan al jefe, escuchan al que juega a ser inteligente y escuchan el acta anterior sin comentarios. Por ellos funcionan los comités, porque hacen quórum.

Las épocas más deliciosas de las oficinas públicas son las de las vacaciones, porque no hay quien cometa errores. Burócrata, cómoda manera de ganarse el sueldo con el sentadero.

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