Latinoamérica está de moda y el primero en haber anticipado la pujanza de la región fue el propio Deng Xiaoping hace casi un cuarto de siglo.
"Dicen con frecuencia que el siglo XXI será el siglo del Pacífico, pero yo creo que podría ser también el siglo de América Latina". Y China, bajo su égida, comenzó a dar pasos lentos y firmes para su inserción en la prometedora región. Hoy los chinos ya han recogido algunos frutos de su acercamiento al área, pero han conseguido, además, que los socios tradicionales y naturales, Latinoamérica, Estados Unidos y Europa, comiencen a prestarle atención al preocupante desplazamiento a favor del líder asiático de la influencia que uno y otro tradicionalmente han tenido en la dinámica de este subcontinente.
Muy diciente fue la ausencia de la mitad de los 22 países invitados la semana pasada a la reunión Cumbre Iberoamericana celebrada en Paraguay.
España ha sido hasta esta hora un importante pivote para el crecimiento de unos cuantos países del área por las inversiones y el comercio mutuo, pero la conclusión no escrita del fallido encuentro de mandatarios es que, en este cuarto de hora, China es quien genera la mayor atención.
Para razonarlo no hay que elaborar demasiado: el consumo de las grandes potencias, particularmente Estados Unidos y la Unión Europea, se va a descalabrar como consecuencia de la crisis económica que ambas regiones atraviesan. Si de algún actor hay que colgarse es del único que aún puede sostener la demanda de los bienes que han generado expansión en nuestro continente en medio de las turbulencias desatadas desde el 2008 a esta parte: petróleo, productos básicos, materias primas y alimentos.
Y el interés es mutuo. China está observando con deleite como en franca contravía de la contracción experimentada por las grandes naciones debido a la volatilidad financiera global, en esta orilla del Pacífico el crecimiento económico de 2011 se mantendrá en 4,4% y el de 2012 superará los 4 puntos.
Así pues, no se equivocaba Deng cuando anunciaba hace más de 20 años que había que apostarles a las economías de los países latinoamericanos.
Desde inicio de este siglo, el dinamismo en las relaciones comerciales y de inversión entre China y algunos países líderes de nuestra región es notoriamente incremental. Su fuerza es tal que las estimaciones de Cepal indican que en apenas cuatro años China será nuestro segundo socio comercial, habiendo desplazado para ese momento a la Unión Europea.
Solo que ni Estados Unidos ni Europa estarán dispuestos a ser sustituidos por los chinos en su gravitación latinoamericana sin dar una decisiva batalla. La presencia de EE.UU. en la región sigue siendo la más importante desde hace muchas décadas.
La Europea -y la española en particular- se ha ido consolidando en la medida en que Latinoamérica se ha podido sustraer relativamente a los vaivenes económicos mundiales. Más que nunca esta es la hora de mantener inversiones y comercio con una región que poco a poco ha ido sustrayendo a las clases marginales de la pobreza, convirtiéndolos en consumidores, que además cuenta con ingentes cantidades de materias primas a ser explotadas y con generación de capitales para acompañar a la inversión foránea, además de estabilidad política.
China tiene ya un pie adentro y está pisando fuerte.
Pero sus predecesores no se la van a dejar fácil.
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