UNA ENFERMEDAD TERMINAL acabó con la vida de Alma Restrepo, una líder comunitaria de la que dependían 160 muchachos discapacitados. Ni los violentos la detuvieron en sus luchas.
Doña Olga, preguntaba un vecino de cuando en cuando. ¿No tendrá usted forma de amarrar a su hermana Alma a la pata de la cama, para que se quede quieta?
La misma Alma, medio furiosa y disimulando esa enfermedad que la socavaba por dentro, salía al paso y decía que ella no iba a dejar de velar por los 160 muchachos discapacitados, a quienes hace ocho años encontró en estado de abandono. Ni riesgos.
'Muchachos' era un decir, porque más que beneficiarios de la fundación Alma y Vida, eran para ella 'hijos' y de eso hay testigos. La inquietud por la discapacidad le llegó a esta mujer el día que quedó embarazada de Carlos Andrés, quien nació con meningitis y murió a los 17 años de edad.
Ni con las quimioterapias de una dolencia superada, ni con las diálisis de una actual insuficiencia renal, Alma dejó de asistir los sábados a las reuniones con aquellos que hoy se declaran huérfanos.
Alma del Socorro Restrepo detuvo su respiración a las 7:30 de la mañana del viernes pasado, tras un segundo paro cardiaco, dejando un hueco grande en la memoria de estos jóvenes que, si no fuera por esa mamá que se encontraron en las calles del barrio Villa Laura de la Comuna 13, hoy estarían rumiando la postración.
Yobanna Montoya, la mayor de los tres hijos de Alma, dice que a lo mejor muchos de esos pelaos decidan no regresar a la institución, por simple pena moral.
Cómo no va a dar tristeza que se muera alguien a quien, en el día de su sepelio, recuerdan consiguiendo plata, siendo niña, para dar limosnas a los que no tenían nada. "En Armenia Mantequilla cada ocho días pedía una cuota, con la que después compraba mercado a los viejitos. Y eso que tenía 12 añitos", recuerda Olga Restrepo, hermana de Alma.
"Era preferible que en la casa de nosotros no hubiera carne, a que le descuadraran los mercados que ella repartía", dice Diana, otra hermana.
Lo de Alma va más allá de lo heroico. Ingresó después de vieja a la Universidad de Antioquia a una licenciatura en Educación Especial y lo hizo teniendo como compañera de estudios nada menos que a Yovanna, su hija.
Ambas se graduaron en 2007 y ahí comenzaron el pregrado en Artes Plásticas. Iban en el quinto semestre. Por si fuera poco, Alma hacía parte de la red cultural Expresarte y había sido elegida recientemente, como una de las mejores recreacionistas del país.
Era, además, integrante esencial de la Junta de Acción Comunal de la 13, donde trabajó en la formulación de planes de desarrollo. Ahora se entiende por qué el vecino preguntaba lo que preguntaba.
Giovanny Tabares, líder del sector, recuerda que incluso los violentos intentaron boicotear el trabajo de Alma. "Ella se tuvo que ir del barrio con todo y familia, durante tres años. Cuando las cosas se calmaron volvió, incluso con más ganas", dice.
Alma fue despedida el sábado por una multitud en la Iglesia Santa Catalina de Belencito Corazón. El adiós se dio ocho días antes de que comenzaran las Olimpiadas de la Discapacidad de la Comuna 13. Un evento al que Alma juró sacar adelante y al que estaba segura asistiría. "Como era de tenaz, allá seguro va a estar", dijo Diana.
Contexto
La vida de una heroína anónima
Alma del Socorro Restrepo, a los 50 años, era madre de cuatro hijos. Uno de ellos padeció meningitis y falleció cuando tenía 17 años de edad.
Esta mujer fue fundadora de Alma y Vida, organización que asiste a discapacitados de la Comuna 13, a través de subsidios, complementos alimentarios y recreación.
Las corporaciones Corapas, Full Producciones, la Junta de Acción Comunal de Villa Laura, y demás organizaciones de la Comuna 13, lamentaron la muerte de esta líder, a la que más de 200 personas acompañaron en su último adiós. Paz en la tumba de Alma.
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Un centenar de niños y adultos discapacitados acompañaron a Alma del Socorro en su último adiós. Sus restos fueron cremados y posteriormente entregados a sus seres queridos. Alma falleció a los 50 años de edad.
Cortesía
Alma del Socorro Restrepo sufrió de diabetes toda la vida, enfermedad que al final se le complicó y degeneró en su muerte, dijo su hijo Juan C. Montoya.