Si en los países tercermundistas algunos jefes de Estado tuvieran dignidad y respeto por sus gobernados, tomarían la misma decisión del presidente de Alemania, el señor Christian Wulff, quien renunció por acusaciones contra la ética en el ejercicio de su cargo.
Tuvo el valor de reconocer el presidente dimitente que "había perdido la confianza del pueblo alemán, lo que hacía imposible continuar en un rol que se supone debe servir como brújula moral de una nación".
Argumentó, con gran sindéresis, que "ya no era posible ejercer el cargo de Presidente en el país y en el exterior como es debido". Las sindicaciones que se le hicieron, por tráfico de influencias, lo condujeron a tomar tan dolorosa decisión.
¿Cuántos gobernantes de esta zona latinoamericana, por acusaciones más graves, aún permanecen y permanecieron irresponsablemente en sus cargos? Aquí en este país de contradicciones y perplejidades, ejemplos recientes de mandatarios que aceptaron en sus campañas electorales grandes sumas de dineros calientes para comprar la silla presidencial, son testimonios del caradurismo. ¿Y cuántos jefes de Estado de la región, que ahora están en escena, manipulando jugosas ruedas de la fortuna para enriquecer a sus prevalidos y familiares, amordazando la libre expresión, manipulando elecciones para reelegirse, siguen impávidos, al frente de sus gobiernos, sin ningún rubor?
¿Y cuántos, acallando con las bayonetas la función finalizadora de la oposición?
Es la diferencia de naciones en donde la democracia es plena, madura, respetable y ética, con las que la fragilidad de las instituciones republicanas, contribuye a ser manipulada por mandarines que aun pertenecen al sindicato de las llamadas repúblicas bananas.
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Con la advertencia aquella de que es más fácil ser historiador que profeta, en estos diez años del fracaso de los diálogos en el Caguán, las declaraciones del general Mora Rangela Yamid Amat están llenas de verdades que en su momento se ignoraron como advertencias de lo que sería otra crónica de una desilusión anunciada.
De lo que más golpeó al mando de las Fuerzas Militares en esos años de improvisación, buena fe y farándula fue el hecho de ver a todos los guerrilleros "paseándose por Europa, con vestidos nuevos y abrigos, recibidos por los gobiernos europeos y saber que esos eran los que nos estaban matando a los colombianos".
En este juego no cayó el Papa al negarse recibir en el Vaticano a Raúl Reyes , quien pretendía ganarse su bendición para santificar el mal sainete que tuvo como coprotagonistas a ingenuos funcionarios del Estado colombiano.
Se despide en el reportaje el recio general Mora repudiando la forma como hoy se les está tratando a las Fuerzas Armadas, en momentos en que el Gobierno retira de la discusión de la reforma a la justicia el artículo sobre el fuero militar.
A los soldados, dice Mora Rangel, "se les trata como héroes de la Patria, pero están desamparados jurídicamente" para ejercer a plenitud su labor.
Dura verdad que aun por sabida no se debe callar.
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