• Medellín, 22 de febrero de 2012
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La infamia de los niños robados para la guerra
Juan Carlos Monroy Giraldo | Cinco años de dolor e incertidumbre sin conocer el paradero de Luz Aída e Isnarda llegaron a su fin hace 15 días, cuando los familiares recibieron los restos óseos de las muchachas reclutadas a la fuerza por las Farc en Nariño (Antioquia). Ambas murieron en 2006 en un combate con el Ejército. María, la madre de Luz Aída, de 13 años, solo creyó que era su hija cuando pudo tocarla.

La infamia de los niños robados para la guerra

MILES DE MENORES han sido víctimas del reclutamiento forzado de los grupos armados ilegales. Muchos murieron y yacen en cementerios como N.N., en regiones como el Oriente antioqueño. Estas son algunas de sus historias.

Juan Carlos Monroy Giraldo | MedellínPublicación de fotos y nombres de los menores fue autorizada por padres para ayudar a encontrarlos | Publicado el 13 de noviembre de 2011

Frente a los dos ataúdes se reúne expectante la familia mientras un antropólogo forense les informa que los cuerpos de las dos jóvenes los encontraron sepultados como N.N. (sin identificar) en un cementerio y que los reconocieron por el ADN. "Murieron de impactos de fusil en un combate".

Pero María no puede creer que los restos óseos de su hija Luz Aída estén en ese pequeño cofre color marrón que el sacerdote roció con agua bendita. Los rumores callejeros de que podrían entregarles los huesos o cenizas de cualquier otra persona muerta la atormentan en la ceremonia en el búnker de la Fiscalía General de la Nación, en Medellín.

Por eso decide abrir el féretro y pasa su mano por el cráneo al que no le quita la mirada. Lo revisa y se esfuerza para contener las lágrimas. "Es mi hija, ese dientecito salido y la cabeza pequeña me dicen que es ella".

El alivio que siente en su corazón de madre es suficiente para sonreír, porque al fin tiene a su hija otra vez junto a ella. Aunque sean sus restos. "Ahora podremos darles una sepultura digna y visitarlas. Es muy doloroso recibir estos restos, pero descansamos después de tantos años", confiesa María al final de la misa.

Pero no está sola en su dolor. A su lado se encuentra el ataúd con los restos de Isnarda Ramos, tía de Luz Aída. Para María Delfa, la madre, es un doble dolor. Tiene frente a ella a su hija y su nieta muertas. La atormenta pensar el sufrimiento de sus niñas cuando murieron en un combate con tropas del Ejército, en 2006.

"¿Tienen solo heridas de bala o algo más?", le pregunta a los forenses. El antropólogo responde sosteniendo el cráneo de Isnarda en sus manos. "Los análisis indican que fue rápido y no sufrieron. Luz Aída recibió un disparo en la cabeza e Isnarda murió por varios impactos de bala, uno en su pierna que la causó un trauma vascular severo".

La explicación alivia los rostros tristes y humedecidos por las lágrimas de una docena de familiares. Tras la misa, el cortejo parte al cementerio San Pedro. Los ataúdes llegan en los brazos de los padres de ambas víctimas.

"Qué ironía... juntas murieron y juntas quedaron en su última morada", es la frase que sale del alma adolorida y los labios de Dúber Ávila, padre de la niña Luz Aída, mientras observa los féretros deslizarse en las bóvedas.

Él sabía ese destino final de ambas jovencitas desde hace cinco años, tan solo un mes después de que su hija de apenas 13 años desapareció en el camino a la escuela en la vereda San Andrés, de Nariño (Antioquia).

La niña salió caminando de su casa, en la vereda El Cóndor, al comenzar la tarde del 24 de junio de 2006. Iba para la clase de Catecismo. Estaba ilusionada con su Confirmación, pero nunca llegó a su destino.

Al ver que no aparecía, sus padres salieron a buscarla, sin hallarla en la vereda. Al día siguiente -relata Dúber- unos campesinos les contaron lo que vieron horas antes. "Nos dijeron que unos guerrilleros se llevaron a la niña amarrada de manos y llorando".

La madre, desesperada, quiso salir a buscarla a uno de los campamentos del frente 47 de las Farc en la zona. Su esposo no la dejó. Temía que la mataran por reclamarles a su hija.

Un mes después, por los mismos días en que el ruido estrepitoso de los combates los angustiaba por el riesgo para su hija reclutada a la fuerza por la guerrilla, llegó un mensaje que confirmó sus temores.

Era una carta escrita a mano y firmada por alias "Karina", la temida jefe del frente 47 de las Farc. "Decía que 'Tatiana' y 'Vanesa' habían muerto en un combate y que los cuerpos estaban enterrados en un cementerio en Caldas", recuerda Dúber.

La carta devastó a dos familias, pues la mala noticia no solo informaba la muerte de Luz Aída, sino de Isnarda (tía de la menor), a quien se llevaron a la fuerza las Farc nueve años antes.

Por eso sabían que a ella le habían cambiado su nombre por el de "Tatiana". A Luz Aída le decían "Vanesa".

"Me voy a morir aquí"
La tragedia para la familia comenzó en 1997. Isnarda también tenía 13 años cuando un día llegó de la escuela a su casa en la vereda San Andrés, en Nariño. Cursaba sexto de bachillerato. Sus hermanos recuerdan que estaba nerviosa y hablaba poco en esos días.

La versión de la familia fue que salió con una muda de ropa y en el sitio La Arenosa se encontró con dos guerrilleros que la citaron. Se fue con ellos sin avisarle a nadie.

Los padres no se resignaron y caminaron hasta un campamento. A pesar de las súplicas, no les entregaron a la menor. "De aquí nadie se va, el que sale es con los pies pa'delante", fue la dura respuesta de un guerrillero.

Un par de años después, Yurledy, una hermana, supo que un grupo de guerrilleros estaba cerca a la vereda y que allí estaba Isnarda. Le envió un mensaje para encontrarse.

La imagen de ese triste día no la olvida: "nos vimos en el monte, llegó con dos guerrilleros que la vigilaban, estaba con ese uniforme camuflado y un arma. Me dio tanto dolor verla así que le dije: ¿mamita, qué hacemos para que se vuele y vuelva a la casa?".

Isnarda le respondió, en voz baja, que la advertencia era que si se escapan, mataban a los padres. Luego sentenció: "Sé que me voy a morir aquí".

El grito de un subversivo "Tatiana, nos vamos ya, no dieron mucho tiempo" interrumpió el encuentro que no pasó de 10 minutos.

"Me dijo que en ese momento era la ranchera (cocinera). La vi hasta que se perdió entre el monte. Tenía solo 13 años cuando se la llevaron, le gustaba tanto estudiar, tenía un cabello largo, ojos tan negros y pestañas largas, esa dulzura al hablar... era la niña más hermosa de esa vereda", cuenta Yurledy.

Meses después, la carta de alias "Karina" acabó con toda esperanza de recuperar con vida a Luz Aída y a Isnarda.

Pero la presencia atemorizante de las Farc en Nariño amedrentó a las familias y por eso no denunciaron el reclutamiento forzado y luego sus muertes.

La familia de Luz Aída no solo perdió a su niña cuando la guerrilla la plagió para sus filas. Meses después fue desplazada bajo amenazas, porque cerca a su finca las tropas abatieron a dos guerrilleros. Alias "Moncholo", uno de los jefes del frente 47, ordenó que los asesinaran, tras culparlos de alertar a las tropas. Luego minaron la finca.

A finales del año pasado, un militar les indicó a los padres que las niñas reclutadas estaban sepultadas en el cementerio de Pensilvania (Caldas) sin identificar. La familia informó a la Fiscalía y un equipo del Grupo de Identificación de N.N. y Desaparecidos del CTI viajó para exhumar los restos e identificarlos.

A pesar de que fueron sepultadas como N.N., cuatro años atrás, el sepulturero sabía dónde reposaban los cadáveres. "Lo sé bien porque eran muy jóvenes y bonitas", les dijo a los técnicos judiciales.

En los laboratorios en Medellín se cotejaron las muestras de ADN de esos restos con las de los padres y así se confirmó la identificación. Cinco años después habían encontrado a Luz Aída y a Isnarda. El pasado 28 de octubre fueron entregadas a sus familias.

El año pasado, en versiones libres ante la Fiscalía como desmovilizada, Elda Neyis Mosquera, alias "Karina", declaró sobre el caso. Los familiares de Luz Aída e Isnarda no quisieron asistir. La rabia y el dolor no se los permitieron.

Luego se enteraron de que la exjefe guerrillera confesó que en julio de 2006 el campamento en el que estaba fue bombardeado. Escapó con una cuadrilla con ambas menores, que fueron reunidas semanas antes. Pero ocho días después, el 29 de julio, el grupo fue ubicado y se produjo el combate con las tropas.

Luz Aída, de 13 años, e Isnarda, que ya tenía 22, y después de nueve años de vida usurpados en una guerra que nunca pidió luchar y que la despojó de su juventud y hasta de su nombre, cayeron muertas en el enfrentamiento.

Sobrina y tía murieron juntas. Ese trágico final aún aflige a Dúber, el padre de Luz Aída: "Se la llevaron apenas un mes antes de ese combate... ella qué iba a saber coger un arma si lloraba de día y de noche".

Eso le narraron unos campesinos, que la vieron varias veces sollozar cuando se bañaba en una quebrada.

Fusilados y desaparecidos
De nada sirvieron las súplicas de la madre a la jefe guerrillera las dos veces que se adentró en las montañas de Argelia decidida a rescatar del mismo campamento a su hija plagiada el 16 enero de 200o. "No insista más compañera, ya le dije que no se la voy a entregar... ella ya es de la revolución", le respondió, a secas "Karina".

Celina había caminado sola durante siete horas para llegar hasta ese campamento alejado en las montañas. Pero volvió a su casa sin Flor Daney, de 14 años recién cumplidos. No puede olvidar esa larga y amarga caminata: "fue un día entero de ida y regreso para llegar con las manos vacías a llorar y a sufrir por mi hijita".

Tampoco puede borrar esa imagen de su memoria cuando tres guerrilleros irrumpieron en su humilde casa a borde de carretera y dijeron "vinimos por ella", como si fuera de su propiedad.

La niña interrumpió su juego en el corredor de la casa y se escondió tras la madre que intentó defenderla. Cuando vieron que se resistía, recurrieron a otro método -recuerda Celina-. "Le pusieron un arma en la cabeza y le dijeron que si no se iba con ellos la mataban ahí... la niña se fue llorando y yo detrás de ellos rogándoles con mis lágrimas".

Solo las amenazas de muerte detuvieron a la madre. No se rindió y al día siguiente fue hasta el campamento que las Farc tenían en la vereda La Quiebra. Celina palideció al ver a su hija sentada en un rastrojo. Estaba amarrada de manos y cabizbaja.

Pidió hablar con "Karina" y sin vacilación confrontó a la temida comandante para recuperar a su hija. La respuesta la dejó sin aliento: "ella no se va porque me debe un castigo, váyase o la dejamos a usted aquí".

Meses después una desmovilizada le informó que la pequeña Flor Daney había sido fusilada y enterrada, tras ser acusada de "ser una infiltrada de los paramilitares". Las autodefensas habían llegado en esa época al Oriente antioqueño a confrontar a las guerrillas.

"Cómo que mi niña era una 'paraca', si era buena estudiante, muy juiciosa y su sueño era ser profesora", reclama todavía su madre, quien clama ayuda para encontrar sus restos.

Eran los tiempos en que los frentes 47 y 9 de las Farc se apoderaron del Oriente antioqueño a sangre y fuego. Las tomas guerrilleras a pueblos se repetían una tras otra, secuestros y las "pescas milagrosas" en las carreteras sembraban el terror en la población. La Fuerza Pública tenía escasa presencia y pueblos como Argelia no tenían ni un policía.

Los niños eran sacados de sus casas, asediados en las escuelas o seducidos con ofertas de dinero para robar su inocencia con la promesa del poder impuesto por las armas.

No hay certeza de cuántos niños han sido reclutados en Colombia. Pero son millares. Según los estudios de organismos como Unicef o la ONG Human Rights Watch, se calcula que fueron entre 8.000 y 11.000 y que uno de cada cuatro combatientes de los grupos armados en Colombia es menor de 18 años. La edad promedio de reclutamiento forzado es entre 12 y 14 años.

Eso lo vio con sus propios ojos Yurledy, la hermana de Luz Aída, la niña plagiada en Nariño. "Uno veía pasar la guerrilla en esa época por decenas y veía esa cantidad de pelados, sobretodo niñas, tan lindas, con esas maletas tan pesadas a la espalda y esas armas. Le decían a uno que no querían estar ahí y que no las dejaban ver a los padres".

Las cifras del Programa de Atención al Desmovilizado del Ministerio de Defensa reflejan la tragedia de miles de niños reclutados por las guerrillas y las autodefensas.

Entre 2002 y agosto de 2011 se registraron 24.070 entregas voluntarias de integrantes de estos grupos ilegales. De éstos, 3.220 eran menores de edad. A ellos se suman otros 2.345 que se desmovilizaron colectivamente con los bloques de las Auc.

Las confesiones de "Karina"
Las confesiones de guerrilleros desmovilizados han demostrado, según la Fiscalía, que el reclutamiento de menores fue una práctica sistemática del frente 47 en el Oriente antioqueño. Solo "Karina" reconoció ante un fiscal de Justicia y Paz el reclutamiento de 108 niños, entre 1998 y 2006.

Muchos de esos menores están muertos porque fueron fusilados o murieron en combates. La exjefe subversiva reconoció 80 fusilamientos, muchos de ellos de menores. Las causas que adujo fueron "desobediencia", por ser "infiltrados" o "desmoralización".

Esta barbarie sucedía a pesar de que en 1999, frente al representante del secretario general de Naciones Unidas, Olara Otunu, el tercer jefe de las Farc, "Raúl Reyes", firmó un compromiso de no reclutar menores de edad. Un año antes lo suscribió el Eln durante los diálogos de paz con el Gobierno en Mainz (Alemania).

Era una apuesta para salvar vidas inocentes de niños que nunca se cumplió. Eso lo vivió en carne propia Luz Dary Rendón el 28 de marzo de 2002, cuando le raptaron a su hija Sandra Marcela. Era un día de mercado y madre e hija salieron al parque de Argelia a comprar verduras. La plaza estaba llena de gente, pero la guerrilla actuaba a su antojo sobre una población indefensa y por eso dos milicianos en una moto se detuvieron y a la fuerza se llevaron a la niña.

Días después la madre se armó de valor y se fue al campamento decidida a rescatar a su pequeña de apenas 14 años. No iba a dejar que le arrebataran sin luchar a la "niña juiciosa" que estaba en cuarto de primaria, que le gustaba jugar basquetbol, ayudar con los oficios de la casa y a quien llamaban en el pueblo "Cuquita".

Pero al llegar a la zona de Río Verde, donde estaba el grupo de guerrilleros, la escondieron. "Les rogué que me la entregaran, que era una niña y que tenía un piecito más largo que el otro y eso le impedía caminar bien como para estar en el monte", relata Luz Dary sin poder ocultar la tristeza que la invade al recordarla.

Otra vez salió a relucir la indolencia de esos hombres con un fusil. "No pregunte más por ella, que aquí está muy bien... lo de los pies no es problema, así hay mucha gente aquí... y no vuelva que esos paseos le pueden salir caros".

No se volvió a saber de la adolescente hasta ocho días después, cuando se escuchó un rumor en el pueblo: "mataron a Cuquita". Tres jóvenes intentaron fugarse, pero los guerrilleros los atraparon. La orden fue fusilarlos.

El triste final de los tres niños se los confirmó un campesino que vio cómo los llevaban amarrados a un sitio montañoso. Luego se escucharon disparos. Al revisar la zona, él descubrió tierra removida.

Hace dos años la Fiscalía encontró allí tres restos óseos de personas. Luz Dary espera la identificación y que se confirme la identidad de los cuerpos y para eso ya entregó muestras de ADN. Vive con la esperanza de que llegue el día de esa entrega de restos para reencontrarse con su hija.

Pero no fue el único hijo que perdió por la violencia. Tres años antes, el 10 de mayo de 1999, Rigoberto, de 17 años, desapareció cuando viajaba en una chiva para ir a "jornalear" a una finca. La versión que les dieron en esa zona fue que la guerrilla detuvo el vehículo y se llevó a varias personas. "A él también lo mataron y aún no lo encontramos".

No había compasión
Los crímenes y abusos contra los niños atrapados en el conflicto tienen testigos porque algunos, como Álex (nombre cambiado), sobrevivieron al reclutamiento. En 1999 hombres armados lo sacaron de su casa en Argelia mientras jugaba con tres amigos. Tenían entre 12 y 14 años.

"Me mandaron al frente 47, a andar por veredas de Argelia y Nariño y a ellos a otros frentes. Nunca los volví a ver. Estuve 11 meses, me dieron un arma. Un día de guardia me volé, corrí por horas y agarré una mula en el camino. Llegué al pueblo y me le entregué a un soldado", relata.

En esos 11 meses en la guerrilla presenció los maltratos. También cómo eran asesinados varios menores que intentaron fugarse. Recuerda que los insurgentes los perseguían por las trochas y los traían amarrados y luego se los llevaban a algún paraje fuera del campamento. "Cuando los cogían llegaban llorando, suplicaban que no los mataran, pero allá no había compasión. Los que ajusticiaban volvían solos y decían que eso les pasaba a los que se fugaban. Los enterraban o tiraban a los ríos".

La justicia avanza con lentitud y dificultades. Así lo reconoce el fiscal Mauricio García, que desde junio procesa a "Karina" y unos 60 guerrilleros desmovilizados. "Es una prioridad pendiente porque es un crimen de guerra reclutar niños. Hay atrasos porque antes solo había dos fiscales (ahora son 10) asignados a los casos de guerrilla y así era imposible progresar en las audiencias".

La búsqueda de cientos o quizás miles de niños víctimas del reclutamiento forzado, que murieron fusilados por la misma guerrilla o en combates y cuyo paradero se desconoce, es una de las tareas más complejas para la Fiscalía (ver recuadro).

Contra el terreno agreste, el clima inhóspito y los hostigamientos de los violentos, luchan a diario los equipos de exhumaciones que rescatan los restos en fosas. El duro trabajo de identificación sigue en los laboratorios.

Entre esos miles de cuerpos enterrados están los niños perdidos en la guerra.

» Sigue búsqueda de los desaparecidos y no cesa el reclutamiento

En los cementerios y fosas está la verdad
La Fiscalía realiza un proceso de identificación de las víctimas de desaparición forzada cuyos restos han sido hallados en fosas comunes en el país. Las muestras de ADN se cotejan con las entregadas por los familiares. Esa labor se complementa ahora con la identificación de los cuerpos sepultados, sin identificar, en los cementerios del país.

Mercedes Palacio, coordinadora del Grupo de Identificación de N.N y Desaparecidos del CTI de la Fiscalía, indica que muchos niños reclutados que murieron están en los camposantos. "La magnitud del reclutamiento forzado se conocerá cuando se identifique a los N.N. en los cementerios del país. Necesitamos que la gente colabore", dice.

Solo en el Oriente antioqueño, una de las regiones más golpeadas por la desaparición forzada y el reclutamiento, se calcula que existen unos 2.000 restos sin identificar.

La Fiscalía ha exhumado 4.703 restos de víctimas de los grupos armados ilegales desde 2007 en todo el país, de los cuales han sido entregados a sus familias 1.374.

Antioquia es una de las regiones con mayor cantidad de restos hallados, 744 a la fecha. De éstos han sido entregadas a sus familiares 320 osamentas. Otros 838 restos permanecen en los laboratorios, en estudio.

Para suministrar información sobre desaparecidos. Tel: 4446677, ext.1152. Correo: ctinnmed-fiscalia@gov.co

Un crimen de guerra que continúa en Colombia
El reclutamiento forzado de menores es uno de los principales males ocasionados por el conflicto en Colombia.

Según fuentes militares y organismos como la Defensoría del Pueblo, los niños son usados por las guerrillas y bandas criminales no solo como combatientes, sino como "carritos", informantes o campaneros, para el transporte de armas e, incluso, para la fabricación de minas antipersonal. Las niñas son víctimas de abusos sexuales. También son sometidas a abortos.

El Sistema de Alertas Tempranas de la Defensoría del Pueblo ha reportado desde 2008 158 situaciones de riesgo de reclutamiento forzado de menores de edad en 178 municipios de 20 departamentos.

Los departamentos con más denuncias recibidas son Cauca, Meta, Guaviare, Antioquia, Tolima, Huila, Caquetá, Nariño, Arauca, Norte de Santander y Chocó.

Las Farc son responsabilizadas de 127 de las 158 situaciones de riesgo denunciadas, mientras que Eln aparece en 50 casos. Las bacrim también son denunciadas.

El Derecho Internacional Humanitario prohibe a grupos armados reclutar a menores de 15 años o permitirles su participación en las hostilidades. El estatuto de Roma considera "crimen de guerra" el reclutamiento. En Justicia y Paz, los excomandantes de las Auc Freddy Rendón Herrera, "el Alemán", y Ramiro Vanoy fueron acusados de reclutar a 692 menores.


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La infamia de los niños robados para la guerra

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29 Comentarios - 22 de febrero de 2012
  • Selena Comentario realizado el 15 de noviembre de 2011 - 17:20

    Es increíble que justo en el momento en que deberían empuñar un lápiz, un juguete o un instrumento musical, miles de niños y niñas sean obligados a empuñar las armas. Las cifras de menores vinculados al conflicto armado en nuestro país son realmente inconcebibles, no sólo son reclutados a la fuerza o con miles de mentiras... aún más triste es ese imaginario de guerra con el que nuestros pequeños están creciendo, convencidos de que un arma les va a dar poder y dinero... Todo gracias a la falta de oportunidades.

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  • lucy suarez .r Comentario realizado el 14 de noviembre de 2011 - 21:59

    Senor presidente y fiscalia no se den infulas de que visitamos a este u otro pais para conseguir nueva tecnologia para Colombia hagan algo mas fructifero por nuestro pais que se esta desangrando en medio de la corrupcion o sino llamen al tan famoso papa haber si es capas de ir a la selva a implorarles a esos delincuentes que no abusen de los ninos y a pedir por la paz.............manos a la obra gobierno

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  • hotmail Comentario realizado el 14 de noviembre de 2011 - 10:16

    asi como le arrancan del calor de hogar a muchos niños a esos buitres les gustaria que tanbien hisieran eso con sus familias ..

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  • Esperanza Comentario realizado el 14 de noviembre de 2011 - 07:19

    Renegar sirve para desahogarnos, pero debemos ir MUCHO más allá. Entre todos podemos hacer en el futuro de Colombia una ¡NACIÓN EN PAZ, una PATRIA GRANDE! para conseguirlo cada uno de nosotros debe escribir, EN EL PRESENTE, la parte de la historia que le corresponde. Por favor no se limite a dejar pasar su tiempo. Con sus actos, con su ejemplo en la cotidianeidad escriba con orgullo y dedicación la parte del presente que le corresponde, ¡FORME PARA EL FUTURO!. En la ética encontrará el valor, el amor y la claridad mental que tanto necesitamos para conseguir la paz. Acuda a la razón y Actúe correctamente. La violencia NUNCA será el camino.

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  • Juan José Comentario realizado el 14 de noviembre de 2011 - 00:07

    Por el don que se me ha dado, envío estas pobres almas al cielo, y estas palabras que plasmo, serán cumplidas en cielo y tierra. Así es y así sera...Amen

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