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La información judicial

  • La información judicial
01 de enero de 1900
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La información judicialPor
Víctor León Zuluaga Salazar

Hace varias semanas el lector J. Adán Martínez envió una carta en la que se refiere a la información judicial o de orden público, como la llama él. Dice que "me preocupa que los niños y jóvenes de este país vean en el televisor las noticias escandalosas sobre crímenes y delitos atroces que se presentan en nuestra patria".

Y agrega más adelante, para preguntar lo siguiente: "... como defensor del lector de EL COLOMBIANO ¿qué opina usted?"... ¿Hay normas que impidan a los medios de comunicación la publicación escueta y escandalosa de los crímenes?..."

El lector advierte, finalmente, que su inquietud no hace referencia a la información que diariamente lee en EL COLOMBIANO. "Quiero saber si los periodistas manejan bien o mal esta clase de información."

Tiene razón el lector al plantear su preocupación por el manejo que con frecuencia los medios de comunicación le dan a los sucesos. Algunos periodistas pasan la frontera de la ética y la legalidad y convierten estos hechos delictuosos en narraciones "deportivas". Pisotean los derechos de las personas: la presunción de inocencia, la reserva del sumario, la protección de la identidad de los menores de edad, el derecho a la intimidad y al buen nombre, entre otros.

En ocasiones el sensacionalismo y el amarillismo se convierten en fórmulas mágicas para ganar audiencias. Con frecuencia se apoyan en métodos truculentos para obtener la información: uso de cámaras ocultas, suplantación de autoridades, hurto de documentos y aún sobornos. La filtración de información judicial es uno de los métodos más frecuentes para ahondar en detalles de un acto criminal.

Es lógico que los medios de comunicación informen sobre crímenes. Pero no es ético agregar crudeza a estos hechos. No es necesario poner en primer plano o un plano de detalle de un cadáver, con un plano general el televidente, o el lector, queda informado de lo que aconteció. Tampoco es ético usar un lenguaje vulgar, ramplón y de mal gusto para "mejorar el rating". Ni utilizar titulares escandalosos que engañan y distorsionan la verdad.

Es deber del periodista conocer la organización de la justicia. Deberá hacer un esfuerzo para usar los conceptos apropiados al referirse a un autor o presunto autor de un delito, y distinguir, por ejemplo, entre acusado, procesado y condenado.

El manejo de las fuentes de información es clave. Algunas veces hay precipitud de las autoridades para sindicar a personas que luego son dejadas en libertad porque no tuvieron que ver con los cargos imputados. El medio de comunicación le causa un mal irreparable a esa persona. El periodista debe ser prudente, indagar fuentes diversas, contrastantes, y en todo caso, consultar la opinión de las personas afectadas.

El Manual de Estilo y Redacción de EL COLOMBIANO, hace referencia a principios éticos que orientan el ejercicio profesional:

"3.3. La vida privada de las personas no es una noticia para EL COLOMBIANO, salvo que se trate de actitudes de personajes públicos que puedan afectar claramente los intereses de la sociedad. En estos casos la consideración de bien común prevalecerá sobre el interés privado.

3.4. EL COLOMBIANO tratará con máxima delicadeza y prudencia los casos de suicidio por consideración con la propia persona, para con los sentimientos de su familia y para con la sociedad, a la que se debe evitar el riesgo de que, por imitación, se ponga en peligro la vida de las personas.

3.5. EL COLOMBIANO rechaza toda forma de difamación.

3.6. EL COLOMBIANO rechaza toda forma de sensacionalismo porque es una deformación de los hechos y porque es un intento de manipulación al lector. En este periódico la sensación de las noticias no estará en su presentación sino en el fondo de la información".

Dice también que "en EL COLOMBIANO el error cometido en la primera página se rectificará en la misma primera página, de modo que la rectificación corresponda siempre a la gravedad del error".

Es cierto que la ley castiga estas prácticas sensacionalistas, y calumniadoras, pero primero debe estar la ética del periodista y del medio. La autorregulación es clave para mejorar la calidad del periodismo, para mantener su independencia y responsabilidad y, por ende, merecer la confianza del lector, oyente o televidente.

Los medios de comunicación y la sociedad suscriben un pacto de confianza para proteger el derecho a la información, que dista del afán por la curiosidad y el morbo.

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