
EN LA INSTITUCIÓN Educativa Francisco Luis Hernández estudian la mayoría de niños y adolescentes que tienen algún tipo de discapacidad. Para que todos los matriculados puedan llegar a ella, la Secretaría de Educación destinó un transporte especial gratuito.
Es el único transporte escolar de la ciudad donde no hay bulla. Todos los niños que se montan, cuando cruzan la puerta que se mueve por el comando que el conductor da, alzan el pulgar, como quien dice: todo bien.
Hay quienes sueltan algunos sonidos inteligibles de vez en vez. Si necesitan hablar con alguien no lo llaman, lo tocan. Todos son estudiantes de la Institución Educativa Francisco Luis Hernández, conocida como el Ciesor, Colegio de Ciegos y Sordos.
La ruta escolar empieza en San Juan con Palacé. Un bus que todavía huele a nuevo, que en la cabrilla, como si se tratara de un buen augurio, dice Marcopolo, es el vehículo que los lleva a estudiar. En el parabrisas el bus tiene un letrero que dice Secretaría de Educación, para dejar en claro que ese servicio lo presta directamente la Alcaldía de Medellín.
El primer niño se sube en el barrio Buenos Aires. Es sordo y, como lo harán el resto, se sube y saluda con su pulgar. Allí también se sube una guía que es sordomuda y habla con el conductor a través de señas. Le dice con la palma de la mano estirada hacia dónde debe seguir, cuál es la ruta que los llevará hasta al hogar de una niña que además de no poder hablar ni escuchar, tiene limitaciones de movilidad.
El bus, que tiene capacidad para más o menos 40 personas, es un templo del silencio. Ni la radio suena. Dos niños hacen la coreografía que se hace en la novela El man es Germán . Por señas, el uno le dice al otro que no la sabe hacer, se pasa la mano por la cabeza como diciéndole despistado. Se ríen. Se ríen sin risa.
Entre los casi 13 niños que se recogieron en la ruta está Daniela. Se hace aparte de todos. Atrás. Cuando subió fue la única que rompió el silencio, "buenos días", dijo. Se sentó, sacó un radio del bolso y se puso los audífonos, de esos grandes de diadema.
- ¿Qué escuchas?
- Reguetón.
- ¿Hace cuánto estudias en el Ciesor?
- Hace mucho.
- ¿Y qué materias te gustan más?
- Artística sobre todo.
- ¿Y cuáles poco?
- Matemáticas. Es que yo tengo dificultades de aprendizaje.
John Alexánder Rivera, el conductor, cuenta, y en sus ojos se advierte que está a punto de llorar, que los niños lo aprenden a conocer, los que son ciegos le tocan la cara, le dicen el cejón "y así van reconociendo a la gente".
También, los estudiantes invidentes, cuando los niños salen de clase y van hasta el parqueadero para volver a casa, identifican el bus de su ruta por el sonido del motor.
John, además de emocionarse, también asevera con cierto protocolo que los estudiantes de la I.E. Francisco Luis Hernández son más juiciosos que otros que transporta, "porque son tan atentos, tan responsables".
En poco tiempo él ha aprendido a hablar con ciertas señas, lo que le permite mantener, por lo menos, un contacto ceremonial con los niños: "Hola. Adiós. Permiso. Perdón. Cuidado. No haga eso. Haga esto", y así, aprendiendo él también, sortea los días.
El recorrido termina, los trece estudiantes se bajan, repiten el saludo, funciona para despedirse también.
Ya en el parqueadero un grupo más nutrido, casi silente, espera para volver a casa en la ruta más callada que hay en la ciudad.
En Medellín, según cifras de la Secretaría de Educación, hay 4.000 estudiantes con algún tipo de discapacidad, gran parte de ellos concentrado en la I.E. Francisco Luis Hernández. Y según una encuesta que hizo la Secretaría de Salud el año pasado, en 47 mil familias estudiadas, se evidenció que por cada 100 habitantes hay 2 personas, aproximadamente, en situación de discapacidad.
Para atender a esta población que logra matricularse en los colegios, pues en ocasiones hay prevenciones por parte de las familias, no solo está el servicio de transporte escolar, se ha gestado un equipo de 82 profesionales de diferentes disciplinas, que velan por la buena educación de los niños con algún tipo de discapacidad.
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felicitaciones a los sordos con interés de superación. Es espectacular trabajar con ellos. después de hacer su primaria ellos pasan generalmente a la institución educativa Concejo de Medellin. bien por esa. Principio de inclusion.
La sociedad y los dirigentes políticos, tienen una gran deuda con la discapacidad, desde su reconocimiento hasta la visibilidad y puesto que se merece en sociedad. La incapacidad de reconocernos nos tiene hoy día en tiempos de oscurantismo. Se ha avanzado sí, pero faltan más. Vamos a ver sí la nueva administración se ánima y la sociedad se implica en la visibilidad de las personas con la falta de reconocimiento social. Bien por Ciesor.


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