El lector Manuel O. Gómez dice: "...leo todos los días varios diarios, entre ellos EL COLOMBIANO, y encuentro diferencias en los puntos de vista sobre la realidad nacional. Como lector creo que eso está dentro de los parámetros de la prensa libre que afortunadamente disfrutamos en Colombia. Lo que veo con frecuencia es la utilización de fuentes ocultas que crean confusión y sospecha. Pregunto, señor defensor. ¿qué opina de esta situación? ¿No cree que afecta la credibilidad de la prensa colombiana?...".
Estoy de acuerdo con la diversidad de enfoques de los medios de comunicación. ¡Qué tal que fueran unísonos! Considero que la diversidad que exhiben animan y enriquecen el debate de los asuntos públicos y de mayor interés ciudadano.
Esa diversidad es más relevante en los temas de opinión. La visión de cada editorial y de cada columnista ayuda a construir el juicio del lector, a la postre del ciudadano.
Una vez informada, la audiencia desea auscultar los puntos de vista, como lo realiza el lector Manuel O. Gómez, para formarse su propia opinión y en consecuencia actuar en la sociedad, a favor o en contra de algo, si lo considera pertinente y oportuno.
Cada medio de comunicación cultiva su identidad y fija los hitos dentro de los cuales se mueve, conforme a su filosofía y a los principios éticos y periodísticos que profesa. Con los años se llega a tejer una sólida identidad de intereses entre el periódico y sus lectores.
En el caso de un diario que tiene la influencia mayor en una comunidad es evidente que no todos los lectores comulgan con sus ideales y por ende discrepan de sus posiciones editoriales y de opinión. No obstante, sus lectores son conscientes de estas circunstancias que diferencian a un medio de comunicación de otro.
El segundo tema planteado por el lector no es fácil de resolver. Debe ser analizado en cada caso: cuándo poner fuentes anónimas en las informaciones periodísticas, qué consecuencias conlleva el hecho de ocultarlas. Casi siempre surge un dilema ético que el periodista lo deberá resolver conjuntamente con su editor o director, porque en realidad puede afectar la credibilidad del periodista, como parece haberle ocurrido al lector.
La norma general que establece el periódico es que la fuente de información siempre debe aparecer. Sólo, por excepción se dejan en el anonimato.
La práctica periodística nos lleva a consultar distintas fuentes de información con el fin de acercarnos a la realidad de los hechos con una mayor solvencia, sin deudas ni dudas que vayan en contravía del principio de veracidad.
O sea que vale la pena mantener el anonimato de las fuentes cuando evaluamos los riesgos y las consecuencias, en especial cuando se constituye en el sigilo profesional que garantiza la búsqueda de la verdad y en segunda opción, cuando se trata de proteger a quien nos suministra la información.
Este tema complejo amerita más reflexiones, para no dejar que por cuenta de las "fuentes bien informadas" se desmejore el mayor patrimonio del periodista y del medio: la credibilidad.
*Defensor del lector de EL COLOMBIANO
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