Este viernes el Hay Festival de Cartagena fue para los nóbeles de Literatura. Primero, Mario Vargas Llosa. Luego, para Herta Müller.
El Nobel peruano conversó con el ensayista colombiano Carlos Granés, después de que la ciudad le dio las llaves y lo hizo huésped de honor, y el departamento la orden Rafael Nuñez. Para empezar, entonces, Carlos dijo: “Creo que ahora sí podemos pasar a la literatura”.
Conversaron, primero, de La ciudad y los perros. Esa primera novela, “nada menos”, señaló Vargas Llosa, que el año pasado cumplió 50 años y que él escribió, añadió, en una época donde la “vocación literaria no tenía reconocimiento social”. Contó anécdotas: el Leoncio Prado al principio fue difícil, porque todos los jóvenes llegaban con sus miedos y sus ideas, y eso hacía un ambiente pesado, pero también le permitió escribir: fue la época donde más escribió. Escribía “novelitas pornográficas de una o dos páginas”, poemas que cambiaba por cigarrillos y cartas para los amigos.
“Tenía que leer las cartas que las enamoradas les enviaban y eso me divertía”.
También conversó de La civilización del espectáculo. “Lo que representaba la cultura hace 30 o 40 años, la ha ido reemplazando el entretenimiento, y ganando mucho público”. Una realidad que a él le preocupa, pero que, enfatiza, no es solo realidad, sino que tiene teóricos que lo defienden.
Herta Müller conversó con Philip Boehm, su traductor. Hablaron de cuando la Nobel rumana, de origen alemán, era pequeña, en un régimen comunista. Donde, por ejemplo, aprendió sobre el silencio. “En las dictaduras uno siempre tiene que ver con el silencio, con callarse. Uno no siempre puede decir lo que está pensando. No había con qué comer, pero sí con qué comprar micrófonos. El silencio tan bien es una buena forma de comunicación”. No solamente el silencio habla en la oralidad, sino también en las novelas.
Se devolvió a esos años en que las plantas eran sus amigas y las probaba. A cuando aprendió rumano porque “cada idioma se ve con ojos distintos. Por eso quería aprender rumano”. Un Müller muy humana, con una vida difícil, que escribe. “El rumano todavía me acompaña, aunque escribo en alemán. Es una mixtura”.
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