Parece increíble que hace 40 años Calixto haya descrito su forma de morir: "Y en mi noche postrera, solitaria y oscura, emprenderé un camino que nunca soñé; y en el hondo silencio del bosque, en la espesura, hundido en una fuente, en Dios descansaré".
Quizá Calixto nunca más releyó este poema premonitorio, pero tenemos la certeza de que en sus momentos finales brotó de su inconsciente para darle sentido a lo que consideramos un absurdo, desde una óptica puramente humana.
¡Cómo sentimos su ausencia! pero, a la vez, cómo lo llevamos dentro y lo convertimos en brújula quienes aún caminamos los senderos de la vida en la Tierra.
Calixto murió lleno de sueños: reforzar la comunicación del Evangelio en los nuevos medios; sacar un libro y un cd con cantos modernos que hablan al alma de los jóvenes de hoy; fortalecer la comunidad de desplazados de Altos de Oriente; acompañar a los enfermos para ayudarles a enfrentar su muerte; ser guía de los jóvenes en su opción de vida; ser amigo de sus amigos; hacer camino al andar...
Sin embargo sus sueños no murieron cuando él entregó su alma a Dios en una fuente, en la espesura de un bosque del Oriente cercano. Un grupo de sus familiares, compañeros de comunidad y amigos se ha repartido las tareas inconclusas de Calixto y les sigue dando aliento.
Ayer 6, aniversario de su extravío y hoy 7, de su muerte, ha habido encuentros y en ellos cada grupo ha hecho un balance de la continuación de los sueños de Calixto.
Es bueno constatar que sus sueños siguen vivos y cada vez son más realidad. Es bueno reencontrarse y percibir que la muerte de Calixto ha sido el inicio de una nueva comunidad que lo siente en su alma y ha encontrado un fuerte lazo de unión.
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