Con la globalización y el crecimiento de la población mundial, la urgente demanda de alimentos y de recursos naturales estratégicos tales como minerales e hidrocarburos, ha puesto en la mira de gobiernos e inversionistas privados las últimas fronteras naturales del planeta. Los procesos de desarrollo avanzan silenciosos sobre estos espacios naturales caracterizados por su gran riqueza ecosistémica y una muy baja densidad poblacional representada por lo general por aborígenes y otros grupos humanos que han logrado adaptar sus economías a las particulares condiciones ambientales de esos territorios. En Colombia una de esas últimas fronteras está localizada en la Orinoquia.
Es por esta misma razón que adquiere especial importancia el reciente estudio, que por encargo de Corporinoquia, ha realizado el departamento de administración de la Universidad de los Andes, el cual aporta valiosos elementos para la sostenibilidad ambiental del desarrollo en la Orinoquia colombiana. El estudio fue presentado y debatido la semana pasada en Yopal, capital del departamento del Casanare, en un foro al cual asistieron todas las fuerzas vivas de la región.
En él se hace una juiciosa caracterización de las condiciones ambientales de esa extensa región que cubre una quinta parte del área continental del país y la cual está compartida por los departamentos de Arauca, Cundinamarca, Boyacá, Casanare, Meta, Vichada y Norte de Santander. Además, Colombia comparte en un 35% la cuenca del Orinoco con la hermana República Bolivariana de Venezuela, lo cual la hace aún más estratégica.
La macrorregión alberga 156 tipos de ecosistemas, tiene una de las mayores riquezas de especies de peces de agua dulce del mundo y es una de las regiones con mayor diversidad de aves. (Recordemos que Colombia es número uno a nivel mundial en avifauna). Considerada por los especialistas como una de las últimas "áreas silvestres" o "regiones vírgenes del planeta", su diversidad cultural está representada por grupos U'wa, Sicuani, Piapoco, Puinave, Piaroa, Kurripaco y Guahivo, y sus 95 resguardos cubren cerca del 20% del territorio.
Uno de los hallazgos del estudio es la relación determinante que tiene el clima en las dinámicas sociales y ecológicas de la región y cómo el agua se constituye en el elemento "formador de ecosistemas y territorios". Y es que no es para menos, con dos estaciones muy marcadas, una seca y otra húmeda, la Orinoquia colombiana contiene el 32,4% de las existencias de agua dulce del país y en su territorio está el 31.7% de las áreas inundables a nivel nacional. Además se reconoce a la Orinoquia como una región de alta fragilidad.
El estudio analiza las diferentes formas de ver la Orinoquia dependiendo de los intereses de los diversos actores. Desde el gobierno la región se observa como un espacio en formación, lleno de oportunidades para el sector privado. Recordemos el debate sobre Carimagua en el que el ex ministro Arias, el mismo que promovió el ya famoso programa Agro, Ingreso Seguro, quiso entregar esas tierras destinadas a los desplazados a los grandes empresarios. Es así que hoy existe una gran especulación con el precio de las tierras. En esta visión no hay cabida para los actores locales y regionales. Es una visión impuesta desde afuera donde el capital privado es el conductor del desarrollo. Y como es obvio, no hay consideraciones ambientales. De otro lado están las visiones de sectores como el palmero, el arrocero, el ganadero, el petrolero, el minero y la de los conservacionistas, cada uno con su aproximación no siempre coincidente y en muchos casos antagónicas.
El foro, al cual asistieron numerosos parlamentarios, dejó en claro que las diferentes fuerzas sociales y políticas de la Orinoquia -quienes avalaron los resultados y recomendaciones del estudio de Los Andes-, deben ser actores determinantes en la toma de decisiones para la región. Finalmente, lo que se busca es generar un debate constructivo que permita que las intervenciones de los distintos actores encuentren formas equitativas y ambientalmente sostenibles para el desarrollo.
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