No hay un dolor de cabeza más grande que tener unos malos vecinos. Quién se aguanta a aquellos bullosos del segundo piso o de al lado que les da por ponerle música a todos los de la cuadra. El sonido, con unos decibeles bien altos se hace insoportable, da ganas de salir corriendo.
Todo, en forma moderada, es mucho más aceptable. La música y sus géneros, son buenos y tienen sus seguidores, pero no tenemos porque obligar a la gente a escuchar y ser partícipes, sin quererlo, de la irresponsabilidad de los demás.
Cómo si fuera poco, no interesa el tiempo, si es puente, prepárese para dos días seguidos de rumba. El sueño déjelo para otro día. Es hora de ser más conscientes y pensar en los demás. Hacer más amena la convivencia y para eso prima un concepto: respeto por las personas.
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