Su nombre es indispensable en las letras colombianas. Por su naturalidad, por esa forma simple de contar las cosas y llamarla poesía, por su Golpe de Dados y por su voz necesaria, vamos a echar de menos a Mario Rivero.
El poeta de las cosas sencillas, el del pelo cano y la barba azabache, detuvo su corazón el domingo en Bogotá, lejos de su Envigado.
A Mario Rivero o Mario Cataño Restrepo, algunos lo recordarán como el hijo del mecánico de telares, el obrero de Rosellón, el que miraba a las mujeres desde el billar del pueblo... Y también estará en la memoria de muchos, como el hombre que supo decir las cosas con plenitud y sencillez, que entendió que la poesía acumulaba autenticidad y no había necesidad de adjetivar la realidad.
Por eso, no calificamos su muerte, la lamentamos. ¡Adiós, Mario!
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Terin Collado
Comentario realizado el 14 de abril de 2009 - 09:56
Mario Rivero era mucho màs que un simple cuentacosas. Pues claro que sì era sencillo, pero no el poeta de las cosas sencillas. Me parece que este comentario no le hace mucha justicia, aunque se le abona la buena voluntad.