El Muro de Berlín queda en Colombia. Fue derribado allá hace veinte años y trasladado minuciosamente a este trópico. Por eso la capital alemana es hoy un sitio de esplendor donde los muchachos no piensan en el lucro sino en la libertad, y donde la creación es el signo callejero.
Lo otro, el encono, la fragmentación, la guerra fría cada vez más tibia, eso se vino para las ciudades colombianas. Hoy tenemos aquí muros de Berlín que desarticulan las circunvoluciones cerebrales de cada ciudadano y paredes que hostigan a los unos contra los otros.
Aquel 9 de noviembre del 89 Berlín y el mundo bailaron encima de los ladrillos y ayudaron con los puños a deshacer la ignominia. Quién iba a pensar que hoy, dos décadas más tarde, los ciudadanos de una república insensata irían a agitar sus brazos pidiendo guerra entre vecinos y más guerra entre compatriotas.
La pared se desplazó, de modo que Pink Floyd bien podría hoy aturdir con sus acordes los tímpanos de este pueblo segregado, que suprime en el comedor el diálogo familiar para no llevar la partición al núcleo de donde debería manar el acuerdo.
Hay una diferencia entre el derribamiento del muro allá y la elevación del muro acá. El cercado de Berlín se cayó solo, empujado por la indignación anónima y florida de la juventud. La tapia de aquí ha sido escrupulosamente levantada por golosos del poder, mediante procedimientos que se aprovechan del hambre campeante.
Hay que celebrar el aniversario redondo del colapso del Muro de Berlín, pero al mismo tiempo hay que considerar la gravedad del nuestro. Los alemanes necesitaron dos hecatombes y un holocausto, para arribar a su actual estado de niños inocentes. A Colombia se le ha puesto a escoger entre la hecatombe y el holocausto.
La historia europea ha sido tanto y más sanguinaria que la nuestra. Su siglo XX fue el paroxismo de la sangre y la brutalidad. Sin embargo, los mismos que batallaron son hoy una unidad que busca adicionales unidades. En medio siglo compusieron sus almas.
Colombia, por el contrario, se encuentra en plenos estertores. Un parto de puercoespines la desgarra. Uno de sus ojos mira el revés de lo que ve el otro. Y un muro berlinés ocluye la concordia.
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JavierPaisa
Comentario realizado el 4 de noviembre de 2009 - 11:45
Buenos días, la publicidad del gobierno no esta tachada por la manipulación abrupta que se dice, los hechos son el mejor mensaje al respaldo de nuestro presidente, que trabaja más allá de cualquier inclinación política, que sigue en firme con la guerra que hay que librar contra los narco terroristas, que está inclinando a nuestro país a ser productivo, cosa que se había perdido, y para aquellos que piensen que no es el mejor país pues ahí está Venezuela, Ecuador, Nicaragua, Cuba y Bolivia, para que hagan patria allá y tengan la oportunidad de comparar, y si se quieren quedar acá, háganlo porque en este gran país se respeta la libertad de expresión aunque sea injustificada y el derecho a opinar así sea escondido tras columnas solapadas y gente que solo critica para no aportar.
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viborax
Comentario realizado el 4 de noviembre de 2009 - 11:04
El actuar de la presidencia no demuestra lo que su publicidad dispara. Es real la inequidad, la falta de oportunidades, el desarraigo, el aumento en la concentración de la riqueza. La cosa no es de presidente, es de la gente nuestra que es ciega a la hecatombe que nosotros mismos estamos armando. Facil habla el que muelle esta. Las cifras, la situacion real, muestra otra cosa bien distinta a la publicidad estatal. Todos los colombianos somos culpables del caos en que vivimos. Pagamos mal, somos avivatos, los mas altos representantes hacen trampa y ni delatandolos se inmutan. Con esos ejemplos sociales tan dignos, Colombia va de nalgas. Si el pais fuese etico, justo, digno y culto, otro sería nuestro presente. El comentarista esta en lo cierto. Vivir a fondo en Colombia me da el derecho a decir: ESTOY MAMAO!!!!!
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JavierPaisa
Comentario realizado el 4 de noviembre de 2009 - 08:46
Buenos días, en ésta columna se demuestra como con palabras estructuradas, se puede esconder el verdadero fin que las hizo aparecer en el papel, es inaudito que la libertad de expresión se limite a acariciar con exceso y obnubilar con justificaciones hechos que son solo aproximaciones a una verdad que no se ajusta ala realidad. La filosofía, la justificación de una lucha de clases y de un gobierno democrático escondido bajo el manto de la utopía del socialismo, doctrina que fracaso, es inviable en nuestro país, por eso con más fuerza prefiero evitar comparar el muro de Berlín con el gobierno del mejor presidente que hemos tenido, ese es el verdadero fin de su columna, para incautos son palabras dirigida a otro actor, pero para los que leemos a fondo, vemos el veneno con que hace su comparación con palabras claves, adelante presidente evítenos una hecatombe.