
UN TOTAL DE 27 personas, habitantes del sector El Cortado del barrio París, de Bello, amanecieron ayer junto a las cenizas de sus casas y enseres. Soportaron la emergencia con valor, pero enfrentan el drama de no tener nada.
Cuando se disipó el humo apareció a la distancia la ciudad silente, tal como estaba antes del incendio. Pero ya no se veía por la pequeña ventana entre las tablas de la casa levantada por Adrián Alfonso Callejas sino desde un peladero de chatarra y cenizas entre los tizones que antes sostenían el techo y ahora apuntaban al cielo.
Solo Adrián, su compañera y algunos vecinos de El Cortado, un sector de invasión en el barrio París, de Bello, saben de qué manera se conformaban hace dos días en un reducido pedazo de tierra asomado desde la montaña, nueve casas, un taller de muebles, un negocio y un expendio de gas. El fuego lo consumió todo a pesar del valor que esta gente humilde puso a prueba para evitar una tragedia mayor.
Al pesar por lo perdido en el incendio, que inició con la explosión de varias pipetas de gas, Adrián, de 22 años, suma la frustración por no haber alcanzado a salvar algo de sus pertenencias y el cansancio alojado en el cuerpo.
-Qué dolor de piernas, hermano -se queja sentado en el suelo-. Es que casi me ahogo cuando subí corriendo por esta loma para ver si alcanzaba a hacer algo.
Su recuerdo del incendio no está marcado por las explosiones como el de sus vecinos sino por la visión lejana del fuego. -Yo estaba en el montallantas, en la terminal de buses de París donde a veces me dan trabajo. Cuando me recosté un momento vi el humero y salí a correr. Cuando llegué todo eran cenizas.
La carrera de Adrián no fue suficiente para evitar perder lo que él y su compañera tenían en la casa: un televisor, una nevera, un par de sillas, la cama, las cobijas, ropa y sus documentos.
-Nos tocó a todos ponernos a sacar pipetas para abajo. Quemándonos, porque estaban calientes y algunas dejando salir gas -recuerda. Sin ese valor que los unió, la tragedia sin duda hubiera sido peor.
Junto a la casa de Adrián consumida por completo, la de Carlos Enrique David, todavía quedó en pie, a pesar de las marcas que dejó el fuego en una de las paredes. Carlos, que reconstruye en su mente la composición del sitio, lamenta la muerte de su vecina, María del Carmen Cadavid, pero también el hecho de haberse quedado sin el trabajo con el que mantenía a su esposa y sus dos hijos.
Con el índice señala entre pedazos de carbón las casas y el taller donde trabajaba. Varios perros se disputan los restos de unos chorizos que también se quemaron.
-Aquí estaba el taller, aquí trabajaba -señala.
Sentado sobre una piedra, vestido de overol y botas, a la vista de todos y mirando esa ciudad lejana el propietario de aquella sencilla ebanistería desayuna a eso de las once de la mañana, ya resignado a que no hay nada más que se pueda salvar.
En medio de esa escena de desolación, parece mentira que allí vivieran 27 personas que hasta el jueves eran pobres y ahora amanecen sin nada.
1. Las familias afectadas recibieron en principio, de la Alcaldía de Bello, un mercado básico, cobijas, elementos de aseo y de cocina.
2. Inicialmente, las personas que quedaron sin vivienda han sido ubicadas de manera transitoria en casas de sus vecinos del barrio.
3. El secretario de Gobierno de Bello, Alexander Osorio, dijo que el expendio incendiado no estaba autorizado por estar en zona de invasión.
4. La Alcaldía de Bello señaló que emprenderá a partir de la próxima semana un trabajo sicosocial con las personas afectadas.
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