EL FRÍO NO impidió que la gente se gozara. En lo deportivo, mejor el segundo tiempo después del primero soso. En lo social, la gente que fue al estadio se compenetró con la causa de la Fundación Avon contra el cáncer de seno.
Noche fría, más de un bostezo en la tribuna, gritos, aplausos, insultos, tribunas a medio llenar, cánticos por ráfagas, confetis, fervor, angustia. Y en medio de todo esto, un extraño color, muy femenino de por sí y poco futbolero, sobresalió a lo largo y ancho del Atanasio Girardot: el rosado.
Sin ser el más adecuado para un partido de fútbol, sí fue el ideal para cumplir con la difusión de la campaña sobre el cáncer de seno ("un motivo más para unir voces, compromisos y hábitos, porque el cáncer de seno no distingue edad, raza, creencias, ni afición", como lo pregonó la Fundación Avon).
En la cancha, el primero en dejar ver el rosadito, por encima de su camiseta roja, fue Jackson. Al otro extremo, respondió de igual forma Giovanni Moreno, intentando calentar la fría noche, por fortuna no lluviosa, que Avon engalanó y le dio algo de qué hablar a los aficionados antes del arranque del clásico antioqueño.
En lo deportivo, la fiesta inicial la entregó Nacional. Hubo confetis y hasta tacos sonaron en la tribuna. La del Medellín, un poco más fría, quizás por aquello de ser "visitante" aunque algo ruidosa cuando empezó el juego.
Los verdes fueron más en las frías tribunas, donde sobresalieron las camisetas verdes y blancas. Y las banderas, claro.
Medellín llevó el ritmo inicial, pero la reacción del verde no se hizo esperar y allí se escucharon más gritos en la tribuna, donde los dueños de la taquilla hicieron valer la superioridad sobre la afición roja.
No faltaron los gritos insultantes contra el árbitro cada vez que caía Giovanni. Y más agudos cuando apareció en su mano una amarilla para el grandote Mendoza.
Esa fiesta teñida de rosado también tuvo como protagonista grandes pancartas de Une -una roja y la otra verde- que, incluso, se robó el show previo, con su apoyo con un copatrocinio a los equipos antioqueños.
Y como la idea era la de una fiesta, igual la vivimos en el entretiempo con un inusual partido de ultimate, el del platillito de frisbee, deporte que se viene haciendo fuerte en Antioquia y que deleitó a los presentes durante quince minutos, desde luego, con equipos vestidos de verde y rojo, haciéndole eco a lo que se vivía en un nuevo sábado de clásico por la noche.
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Los dos equipos de Antioquia se unieron a la causa de Avon. Ambos salieron a la cancha con las camisetas rosadas, color que identifica la campaña contra el cáncer de seno. La campaña caló entre los aficionados que fueron al estadio.