Está claro: para los animales no se hizo la comunión, este sagrado sacramento fue instituido para los humanos.
Sin embargo, este domingo se ofició una misa campal en la que las mascotas fueron invitadas especiales, obvio, en compañía de sus amos, que fueron, en realidad, el objetivo de la ceremonia, que presidió el padre Jesús Rivera con el aval del arzobispo de Medellín, monseñor Alberto Giraldo, según consta en carta enviada por él a Tierragro, que organizó la misa.
Las personas oraron, comulgaron y elevaron plegarias a Dios, como en todas las misas. Pero al estar con sus mascotas, esto motivó nuestra presencia en el lugar.
Al final de una mañana calurosa, el padre les dio galletas a los perros para compensar su paciencia. Nunca pretendió darles comunión. Sólo que el periodista, en un juego alegórico en el marco de un hecho simpático, asimiló el acto al de la comunión, pero como algo simbólico.
La crónica mereció comentarios positivos porque exaltó un acto de amor y respeto por los animales en una sociedad donde muchos los ultrajan y maltratan. No se buscó ofender la fe católica, como pocos lo entendieron. Para éstos van las excusas.
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