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Pepe y su destino

21 de noviembre de 2009
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No puedo decir a ciencia cierta desde cuándo se volvió parte de mi vida. Todas las mañanas cuando salgo de mi casa y paso junto al balcón donde vive, grita una y otra vez: ¡Qué rico! ¡Qué rico! Sus gritos se escuchan por la cuadra, de esquina a esquina. Si hace sol, grita ¡qué rico! Si llueve y hace frío, también.

Qué bueno empezar el día con tanta alegría, pienso al escucharlo: con lluvia o con sol, con la mañana tibia o fría, con el cielo nublado o azul. A veces, cuando regreso por la tarde, todavía está entusiasmado. Su algarabía me quita el cansancio y me da coraje para recibir la noche. "Qué hubo, corazón", le digo saludándolo en silencio desde la acera.

Se llama Pepe, como mi perro, pero es una lora de plumas verdes y amarillas. Descubrieron que era hembra cuando lo llevaron a purgar al zoológico de Pereira y el zootecnista lo examinó. Sin embargo, decidieron dejarle el mismo nombre porque ella ya estaba acostumbrada a que la llamaran así.

Pepe vive en Medellín hace nueve años y lleva la vida de un loro corriente. Se pasea por la casa como un hijo más. Sube a su jaula cuando quiere. Duerme en la cocina para resguardarse del frío porque no le gusta que lo tapen, ni usar cobijas, ni almohada como uno de sus antepasados. No sabe volar, aunque tiene las alas intactas. Cada semana lo bañan con agua tibia y le echan perfume de mujer. Recibe visitas con mucha frecuencia, sobre todo de los niños del vecindario, que pasan felices jugando con él cuando vuelven del colegio.

Por las mañanas acompaña a la señora de la casa a rezar. Por las tardes se asoma al balcón a ver pasar la gente. Come semillas, pero también le gustan la carne, el arroz, los huevos de gallina, las salchichas. De vez en cuando se toma un sorbito de ron. Cuando los de la casa salen a pasear se lo llevan con ellos. Pepe se pone muy feliz y grita por la ventanilla del auto, a pleno pulmón: ¡Qué rico! Cuando se queda solo en la casa, le gusta escuchar la radio. Se divierte con los programas donde la gente llama y conversa por teléfono con los locutores.

Pepe es un personaje célebre en el barrio. Cuando no sale al balcón, los vecinos tocamos la puerta de su casa y preguntamos qué le pasa. A lo largo de su vida, Pepe sólo se ha perdido una vez. Una noche se cayó del balcón. Su familia lo buscó por todo el vecindario y hasta puso un aviso en Radio Cristal. Esa misma semana, una vecina lo rescató en el patio de su casa.

La única manía extraña de Pepe es que le gustan los computadores. Todos los días habla con su amiga de infancia, la hija menor de la familia, usando Skype, un programa de video-llamadas con cámara y micrófono. Ella vive en Puerto Rico y ahora tiene 27 años. Pepe llegó a la casa cuando ella tenía diez.

Pero parece que ninguna felicidad es completa ni perdurable: esta semana recibí una noticia que me dejó acongojado. Me dijeron que unos policías fueron por Pepe. Tenían la intención de decomisarlo. No pudieron entrar porque los dueños no estaban en su casa.

Sin embargo, dejaron un papel en el que dice que van a recluirlo en un centro de atención y valoración de fauna silvestre del Área Metropolitana.

Allí los animales capturados -tortugas, iguanas, tigrillos, monos, pájaros, guacamayas, loros- son cuidados y reentrenados hasta que puedan volver a su hábitat natural.

Preocupado por la suerte de Pepe llamé al Área y les conté la historia. Me dijeron que lo que buscan con este centro es evitar el tráfico de especies nativas que son sacadas de los bosques. Pepe, según ellos, es considerado una especie nativa sacada del bosque. No sé si con él se ha enriquecido algún traficante.

El Área conminó a sus dueños a entregarlo en forma voluntaria. A cambio les ofrecieron ayuda psicológica para sobreponerse a la pérdida del animal.

No sé si esa ayuda también va a ser para los amigos de Pepe, como yo, que estoy muy triste por su destino.

Porque desde que los policías dejaron el papel me pregunto todos los días: ¿Un Estado como el nuestro, que no es capaz de cuidar a sus niños, a sus ancianos, ni a sus enfermos, es capaz de cuidar a Pepe?

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