¿Qué entendemos por objetividad?Por
Víctor León Zuluaga Salazar
Con frecuencia los lectores preguntan ¿por qué los periódicos informan de una manera diferente sobre un mismo acontecimiento? Por qué titulan distinto el resultado de un partido de fútbol? ¿Por qué a veces el título se distancia de lo que dice el texto de la información?
Y el lector Manuel José Botero, a quien me referí en la columna anterior, dice en otro párrafo de su carta lo siguiente: "¿Es posible que los periodistas informen objetivamente sobre lo que pasa en Colombia?".
Es difícil responder estos interrogantes planteados en forma abierta, entre otras razones porque hay latente una especie de mitificación del concepto de objetivad y porque la misma noción ha variado como tal con el transcurrir de los años.
Hoy se habla menos de objetividad como cualidad y requisito de la información y principio rector del periodismo. La objetividad, si se quiere insistir en ella, es concebida como un valor límite al que se busca llegar y no una meta cumplida.
Los principios del ejercicio periodístico se fundan en veracidad, independencia, responsabilidad social y defensa del interés general, según los define el Manual de estilo y redacción de EL COLOMBIANO, y en general los códigos de ética profesional.
Una actitud honesta, más que objetiva, es la que espera la ciudadanía de los periodistas.
Los diarios deben separar la información de la opinión. Los textos informativos ocupan la mayor parte de la edición. La opinión está reservada en el editorial, que es la voz oficial del periódico, y en los artículos de los columnistas.
Sin embargo, decir que la información es pura y objetiva es una ilusión. Cuando todas las mañanas se decide el contenido del periódico del día siguiente hay factores subjetivos que pesan sobre cada determinación.
Los hechos, las realidades de las que se ocupan los periodistas, llegan a la mesa de redacción, que es una mesa de decisiones, con enfoque particular. Cada medio sintoniza los hechos de acuerdo con su estilo, con su filosofía y con su capacidad de percepción, con su criterio.
Decide si un hecho es interesante e importante y en qué grado lo es. Lo pone en la agenda informativa y lo asigna para su desarrollo. El periodista lo asume y lo investiga siguiendo una metodología: consulta las fuentes de información pertinentes, las contrasta y a veces es testigo del acontecimiento. Lo redacta según sus competencias, sus habilidades y su estilo.
El periodista y los editores son actores subjetivos que piensan y actúan conforme a sus valores, a sus prejuicios, a sus culturas. En la construcción de las historias periodísticas influye hasta la agudeza de los sentidos para percibir las realidades sobre las que escriben. De ahí los enfoques diferentes y la variedad de titulares.
Al ahondar sobre el método de trabajo profesional del periodista nos damos cuenta de que la objetividad es un camino, si se quiere. El propósito debe ser, más bien, escribir un texto con equidad, dándole la voz a las distintas partes afectadas o involucradas. Informando con profundidad, es decir, poniendo los antecedentes y los contextos necesarios para que el lector pueda comprender y dimensionar los hechos. Además, plantear las consecuencias que pueden derivarse a partir de ellos.
Cuidarse de ser manipulado, de informar con parcialidad, de omitir datos, de eludir fuentes necesarias y de anteponer el interés particular, son señales que tienen que estar presentes a la hora de garantizar el derecho a la información que se merecen los lectores y todos los ciudadanos.
La objetividad puede ser entendida como una actitud defensiva del periodista y un canto a la bandera. Creo que es mejor superar ese ritual para situar el problema en los términos que buscar una información veraz, que corresponda a los hechos. Equilibrada, que muestre las distintas caras, es decir, que se base en varias fuentes de información. Responsable y que privilegie el bien común.
En suma, el propósito es de alcanzar un periodismo de calidad con los requisitos que exigen y esperan los lectores. Éstos, con sus opiniones y sugerencias tienen una gran oportunidad para mejorar las prácticas profesionales de los periodistas. El resultado será altamente beneficioso: una sociedad mejor informada será una sociedad más justa.
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